Noviembre

Domingo 20 - Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo

Domingo 20

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.

(S). Blanco.

Gloria. Credo. Prefacio propio. (Día de la soberanía nacional/ XXXVI Jornada Mundial de la Juventud).

La fiesta de Cristo Rey señala el fin del año litúrgico. Lo celebramos hoy como el único Señor de nuestra vida, el único que merece nuestra adoración y obediencia. Ninguna otra persona ni ningún otro poder pueden ocupar nuestro corazón por encima de él. Esta dignidad de Rey, Cristo nos la ha comunicado en el bautismo. Con él somos reyes y reinas, libres y responsables de cuidar de los demás.

Antífona de entrada                  Apoc 5, 12; 1, 6

El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder para siempre.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste restaurar todas las cosas por tu amado Hijo, Rey del universo, te pedimos que la creación entera, liberada de la esclavitud del pecado, te sirva y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo.

1ª lectura 2 Sam 5, 1-3

Lectura del segundo libro de Samuel.

Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: “¡Nosotros somos de tu misma sangre! Hace ya mucho tiempo cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: ‘Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel’”. Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón delante del Señor y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Palabra de Dios.

Comentario

David se transformó, a partir de este momento, en el rey por excelencia del pueblo judío. Unió a todas las tribus dispersas bajo un solo reinado, inauguró un tiempo de seguridad y preparó el camino para convertir su reino en algo grande y poderoso. Unificó las tradiciones dispersas, para encontrar una historia común a todas las tribus; unificó también las diversas expresiones religiosas, imponiendo el culto de Yahvé solamente. Todo esto hizo que David sea considerado el mejor rey de la historia de su pueblo; y con el tiempo, la esperanza en el rey-mesías tomaría en cuenta que el esperado sería de su descendencia y llevaría a plenitud lo comenzado en esta era de prosperidad.

Salmo Sal 121, 1-2. 4-5

R. ¡Vamos con alegría a la casa del Señor!

¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor!”. Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. R.

Allí suben las tribus, las tribus del Señor, según es norma en Israel, para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. R.

 

2ª lectura Col 1, 12-20

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

Hermanos: Demos gracias al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos. Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él. Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en él residiera toda la plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

Comentario

El himno nos ubica a nosotros, los hijos de Dios, junto a su Único Hijo, participando de su reinado. La celebración de Cristo Rey es, entonces, un reconocimiento de nuestra pertenencia a este Reino eterno. Ya no somos esclavos de nadie, porque pertenecemos al reino libre de Jesús. Nadie puede tener poder sobre nosotros, porque Dios es nuestro único soberano.

Aleluya Mc 11, 9-10

Aleluya. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! Aleluya.

 

Evangelio Lc 23, 35-43

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Después que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes burlándose decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”. También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. Sobre su cabeza había una inscripción: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Él le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Palabra del Señor.

Comentario

La realeza y el poder soberano de Jesús se muestran, en forma paradójica, desde una situación de opresión y muerte. Él ya no tiene libertad, sin embargo, le anuncia al ladrón arrepentido que estará ese día con él, en el paraíso. Desde el dolor, la pobreza, la cruz que lo aprisiona, Jesús se muestra poderoso, no claudica y hasta promete un triunfo. Así se manifiesta la fe de quien se sabe unido a Dios. Nada puede apartarlo de lo que ha creído desde el principio, nada puede hacerlo desdecir de lo que ha predicado. Ahora es cuando se manifiesta, con todo su poder, la fuerza de sus palabras.

 

Oración sobre las ofrendas

Te ofrecemos, Señor, el sacrificio de la reconciliación de los hombres, y te pedimos humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos los dones de la unidad y de la paz. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio

Cristo, Rey del universo

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno:

Porque has ungido con el óleo de la alegría a tu Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, como Sacerdote eterno y Rey del universo. Él, víctima inmaculada y pacífica, se ofreció en el altar de la cruz, realizando el misterio de la redención humana.

Así sometió a su poder a la creación entera, para entregarte, Padre santo, el reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales, proclamamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, santo, santo...

Antífona de comunión        Sal 28, 10-11

El Señor reinará eternamente, él bendecirá a su pueblo con la paz.

Oración después de la comunión

Después de recibir el alimento de la inmortalidad, te pedimos, Padre, que quienes nos alegramos de obedecer los mandamientos de Jesucristo, Rey del universo, podamos vivir eternamente con él en el Reino de los cielos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

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