El olivo amado de Dios Rom 9-11: 01 adicional

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קורס: El Olivo amado de Dios
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תאריך: Saturday, 26 September 2026, 11:54 AM

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ROM 9-11 en el contexto de la epístola

1. ROM 9-11 en el contexto de la epístola

ESTUDIO DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN SAN PABLO

1.1. Hermenéutica, interpretación, Pablo en sus propios términos

La Escritura es la base de la argumentación de Pablo, hay que observar que casi el 40 % del texto de Rom 9-11 procede de citas del Antiguo Testamento (AT). Estas equivalen a más del 50 % de las citas del AT en toda la epístola, y más del 30 % de las citas del AT en los escritos auténticos del apóstol.[1] Esta realidad demuestra la relevancia de la Escritura para el desarrollo del argumento de Pablo en Rom 9-11. En Romanos 1,1-2, Pablo presenta su carta como un anuncio, “el Evangelio de Dios, que había sido prometido por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras”. Por tanto, toda la carta funciona como la interpretación y explicación de lo que las Escrituras ya dicen sobre un tema específico: la justicia de Dios manifestada en su Hijo, Cristo Jesús, como dice el apóstol, “porque Cristo es la culminación de la ley, para que haya justicia para todos los que creen” (Rom 10,4). Esta es la base sobre la que los evangelios y el resto del NT fueron escritos y canonizados como el telos, es decir, el fin y el culmen de las Escrituras.

Pablo demarca un hilo temático que atraviesa las Escrituras y sirve de guía para su argumento, citando escritos de sus tres partes principales: la Ley, los Profetas y los Salmos -TaNaK. Recorriendo en texto de Rom 9-11 observamos que son mencionados sistemáticamente los tres representantes principales de las Escrituras: Moisés por la Ley (9,15; 10,5.19), Elías por los profetas (11,2) y David por los Salmos (11,9).

Por orden de aparición, Pablo menciona las siguientes figuras bíblicas como la clave para su argumento en Rom 9-11: Israel como una entidad colectiva; seguidamente aparecen, Abrahán, Isaac, Sara, Rebeca, Jacob y Esaú como los protagonistas de las historias bíblicas principales; luego el faraón, las naciones (el término “naciones” en castellano corresponde al ámbito semántico del término griego tà èthnê tanto pare el AT como para el NT).

La mención de Sodoma y Gomorra se hace para identificar a quienes ignoran el plan de Dios para la humanidad; y finalmente Benjamín, antepasado tribal de Pablo, junto con Baal, que encarna la causa principal de apostasía del AT: véase, Israel en 9,6.27.31; 10,19.21; 11,2.7.11.23.25.26; Abrahán en 9,7; 11,1; Isaac en 9,7.10; Sara en 9,9; Rebeca en 9,10; Jacob en 9,13; 11,26; Esaú en 9,13; el faraón en 9,17; los gentiles en 9,24.30; 10,19; 11,11.12.13; Sodoma y Gomorra en 9,29; Benjamín en 11,1 y, finalmente, Baal en 11,4.

Se comprende entonces el sentido que tiene este gran número de textos y nombres bíblicos presentes en Rom 9-11, no simplemente citados por Pablo. Sino que se puede observar que ¡toda la sección funciona como una interpretación magistral de las Escrituras y permanece incorporada a la lógica, terminología, fraseología del argumento de Pablo!

Existen muchos estudios sobre la epístola a los Romanos como así también sobre los demás escritos de Pablo que a veces trabajan con conceptos erróneos sobre Pablo. Buenos estudios sobre Romanos dan cuenta que Pablo siguió impulsado apasionadamente, hasta el final de su vida, por el deseo de demostrar que Dios no había abandonado a Israel y que la exposición de Pablo requiere una comprensión de la manera ¿cómo él leía e interpretaba los textos sagrados de Israel?

Si queremos llegar a una apreciación adecuadamente matizada de la postura teológica de Pablo hacia su propio pueblo y sus textos sagrados, buscaremos abordarlo en sus propios términos, siguiendo sus lecturas de los textos mediante los cuales escuchó la palabra de Dios.



[1] J.A. Fitzmyer, Romans: A New Translation with Introduction and Commentary. The Anchor Bible 33. New York, Doubleday, 1993, pp. 539ss.

1.2. Aproximaciones al estudio del AT en san Pablo en las últimas décadas

En las últimas décadas, el estudio del AT en san Pablo ha recibido una gran atención. Romano Penna, en un artículo de inicios de los años 80 señalaba cuatro posibles vías de investigación: (1) por qué usa san Pablo el AT (¿cómo simple prueba?, ¿cómo base de su teología?);

(2) cuáles son los libros y textos del AT más usados por Pablo;

(3) con qué Escritura de Israel (AT) contaba?

(4) comparación del uso de Pablo con la exégesis contemporánea al apóstol.[1]

Giuseppe Segalla (1984), resume las posibles posturas entre los exegetas acerca de las relaciones entre ambos testamentos: (1) la de quienes rechazan o relativizan el valor del AT en el NT (Bultmann como máximo exponente); (2) la de quienes afirman que el AT se completa en el NT, haciendo una lectura de la Biblia como historia de las tradiciones o, según otros, como historia de la salvación (visión predominante entre los estudiosos del AT); (3) la de aquellos que afirman que el AT se debe leer desde el NT (visión frecuente entre los especialistas en el NT); (4) la de quienes afirman una relación de dependencia entre ambos, ya sea del AT con respecto al NT o viceversa.[2] Segalla recalca la novedad cristológica del NT, manifestada en la libertad con que utiliza el AT, a su vez que forma parte del movimiento renovador de los profetas del AT respecto a la Ley.[3] Segalla concluye afirmando que: (1) existe una continuidad entre AT y NT, pero el AT viene reconsiderado desde el NT; (2) forma parte de esta reconsideración la importancia preponderante que da el NT a los profetas en menoscabo de la Ley; y (3) una teología cristiana del AT, la cual debe partir del NT.[4] Véase aquí el criterio hermenéutico sobre la Unidad de la Escritura, además de las reflexiones y síntesis de la Pontificia Comisión Bíblica del 2001, y la alocución del Papa Benedicto XVI del 23 de abril de 2009 ante la misma PCB.[5]

Massimo Grilli, unos treinta años después del estudio de Segalla, propone recobrar del valor intrínseco del AT y avala una relación dialógica entre los dos testamentos, bajo la “visión unitaria de que ambos dan testimonio del único Dios”.[6] La aportación de Grilli tiene el mérito de aclarar que el NT sería incomprensible sin el AT y, al mismo tiempo, subraya que el NT es una realización del AT.[7]

El valor en sí del AT ha sido reconocido en todos los ámbitos científicos, como lo describe el documento de la Pontificia Comisión Bíblica (PCB, Le peuple juif, n. 21-22). Lo que conviene evitar es la afirmación de una autonomía exagerada que impida establecer lazos entre AT y NT.

A. Yoel Ben Arye (2015), ofrece unas observaciones al Documento de la PCB, “El Pueblo Judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia Cristiana”, desde una perspectiva judía actual.[8] La obra del autor se enmarca dentro del dialogo judeo-cristiano.

Investigadores en este campo, como Richard B. Hays — Joel B. Green, sostienen la importancia de contar con una hipótesis de trabajo, lo cual no debe ser arbitraria, sino que debe tener como objetivo intentar manifestar la situación de los autores del NT, quienes escribían para transmitir un mensaje nuevo (la Buena Nueva de Cristo), sin embargo, su trabajo se basaba en la Escritura de Israel (AT). Hays y Green han sabido trasmitir esta situación de los primeros seguidores de Jesús, los cuales: (1) eran judíos y por tanto entendían su relación con Dios a través del texto sagrado; (2) vivían su propio tiempo con sentido profético, como cumplimiento de las promesas (novedad de Cristo); y (3) no podían contar una historia de salvación sino a través de las imágenes y conceptos recibidos del AT.[9]

Por otro lado, Richard B. Hays, en su célebre trabajo monográfico investiga las alusiones y ecos de la escritura en Pablo. Una pregunta fundamental que nos debe animar en este camino es la siguiente: ¿Cómo interpretaba Pablo las Escrituras de Israel? Hays propone que dicha pregunta hay que mantenerla en una perspectiva histórica adecuada, para lo cual se debe tener en cuenta algunos hechos importantes.[10]

1. En primer lugar, las cartas de Pablo son los escritos más antiguos del Nuevo Testamento. La disposición convencional del canon del NT ensombrece este hecho, las cartas fueron enviadas como comunicaciones pastorales a iglesias concretas mucho antes de que se compusieran los primeros evangelios canónicos. Pablo, como utiliza el término “Evangelio” refiriéndose al contenido de la predicación cristiana primitiva, y no como referencia a textos narrativos específicos.

2. Segundo: dado que Pablo escribió en una época en la que no existía el NT, como una colección de escritos cristianos reconocidos con autoridad, su Escritura era el conjunto de escritos que constituían el texto sagrado de Israel, que los cristianos más tarde llamaron Antiguo Testamento. El propio Pablo nunca se refirió a estos escritos de esa manera: las Escrituras que había conocido como fariseo siguieron siendo las Escrituras para él después de su llamada a proclamar el evangelio del Mesías crucificado, y no previó que se complementarían con otros escritos y formarían un NT. Por consiguiente, cuando utilizamos el término Escritura, aquí normalmente lo hacemos en el sentido en que lo utilizaba el propio Pablo, como referencia a la Biblia del pueblo judío (en la tradición cristiana, el Antiguo Testamento), sin incluir ningún escrito cristiano.

3. La Septuaginta (LXX), una traducción griega de la Biblia hebrea que data del siglo II o III a. C., era de uso común en las sinagogas helenísticas durante la vida de Pablo. Rara vez las citas de Pablo coinciden con el texto hebreo masorético (TM) frente a la LXX; incluso los pocos casos de aparente coincidencia con el hebreo pueden explicarse como prueba de variantes del texto de la LXX que han sido objeto de “revisiones hebraizantes”, una tendencia bien atestiguada en otras partes por las versiones griegas de Aquila, Símaco y Teodoción.

4. En nuestro estudio nos tomamos la tarea de interpretación no reconstruyendo la situación histórica en las iglesias a las que Pablo escribió, ni elaborando relatos hipotéticos de los oponentes contra los que Pablo discutía, sino leyendo las cartas como textos literarios moldeados por complejas relaciones de textos, método conocido como “intertextualidad” con las Escrituras. Este enfoque no excluye ni invalida otros enfoques que buscan describir el mundo social de las comunidades paulinas o las circunstancias históricas que rodean la producción de las cartas.

Las lecturas de Pablo que ofrece la intertextualidad lo sitúan firmemente en su contexto histórico, como un cristiano judío del siglo I que busca llegar a un acuerdo hermenéutico con su herencia judía. Esta interpretación de Pablo tiene sentido desde el punto de vista histórico; además, el enfoque intertextual de Pablo puede resultar teológicamente fructífero. Las preguntas sobre la relación entre el judaísmo y el cristianismo, la autoridad de las Escrituras, el papel de la iglesia como comunidad interpretativa y las libertades y restricciones que operan dentro de esa comunidad se ponen de relieve en las preguntas que nos iremos planteando aquí sobre Rom 9-11. Es de esperar que podamos contribuir a estimular la conversación sobre estos problemas, y así lograr uno de nuestros objetivos.

Una lectura atenta del texto prestando especial atención en ¿Cuáles son los ecos bíblicos que resuenan en nuestro pasaje de Romanos? No se trata de un estudio exhaustivo del uso que Pablo hace de las Escrituras ni de un ensayo sobre teoría literaria como tal, sino más bien de un intento de explorar los complejos significados de las reflexiones intertextuales de Pablo. Romanos se centra en el problema de la fidelidad de Dios hacia Israel: si ahora se acoge a los gentiles incircuncisos en el pueblo de Dios, ¿significa eso que Dios ha abandonado de forma injusta y arbitraria su relación especial de alianza prometida con Israel, que la palabra de Dios ha fallado? Pablo responde a estas preguntas con un argumento intrincadamente tejido a partir de las Escrituras, con una lógica y efectos que buscaremos de profundizar en el curso. Pablo utiliza las Escrituras a lo largo de Romanos, principalmente para defender una visión particular de la iglesia.



[1] Romano Penna, “Atteggiamenti di Paolo verso l’Antico Testamento”: RivBib 32 (1984), 175-210 (aquí 175-181).

[2] Giuseppe Segalla, “L’uso dell’ Antico Testamento nel Nuovo. Possibile base per una nuova teología biblica?”: RivBib 32 (1984) 161-174 (162-163).

[3] Ibid. 166-167.

[4] Segalla (1984), 173-174.

[5] Pontificia Comisión Bíblica (PCB), Le peuple juif et ses Saintes Ecritures dans la Bible chrétienne (24.5.2001) (Cittá del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2001) n. 11.

[6] Massimo Grilli, Quale rapporto tra i due Testamenti? Riflessione critica sui modelli ermeneutici concernenti l’unita delle Scritture (Bologna: Dehoniana, 2007) especialmente 185-198. Cf. también Massimo Grilli, “Il rapporto tra Antico e Nuovo Testamento”: Parola Spirito e Vita 2 (2008) 117-127.

[7] Grilli, “Il rapporto”, 123-124.

[8] A. Yoel Ben Arye, Hacia la nueva alianza. Proposiciones para el dialogo judeo-cristiano, Jerusalén, 2015, cap. V. pp.117-145. Del mismo autor, véase también: Dos caminos una redención, hacia el dialogo teológico judeo-cristiano. Editorial Dunken, 2013.

[9] Richard B. Hays — Joel B. Green, “The Use of the Old Testament by New Testament Writers”, en: Joel B. Green (ed.), Hearing the New Testament. Strategies for Interpretation (Grand Rapids: Eerdmans, 1995) 222-238 (222-223). Para una historia de la interpretación del AT en el NT, en particular en san Pablo, y para un panorama general de la historia de la interpretación del AT, véase una reciente investigación: La salvación escatológica de Israel, pp. 26-28.

[10] Richard B. Hays, Echoes of scripture in the letters of Paul, New Haven & London: Yale University Press, 1989.