Tema 5. LA INCREDULIDAD DE ISRAEL: 9,30-10,4

Sitio: SAN PABLO Campus
Curse: El Olivo amado de Dios
Libro: Tema 5. LA INCREDULIDAD DE ISRAEL: 9,30-10,4
Impreso por: Cuenta visitante
Fecha: Saturday, 26 de September de 2026, 11:54

Descripción

La incredulidad de Israel respecto al evangelio da como resultado su fracaso para obtener la justicia que viene de la fe. La razón del fracaso de Israel se explica en el pasaje de 9,30–10,21. El tema a desarrollar corresponde a los versículos de 9,30–10,4, según el siguiente esquema:

Introducción: continuación de Romanos 9,19-29

Sentido original del texto

Israel y su incredulidad frente al evangelio (9,30–10,4)

Pablo plantea la pregunta: ¿por qué Israel y los gentiles se encuentran en una situación inversa con respecto a lo esperado?

1. La ineficaz búsqueda de Israel (9,30–33)

2. La falta de conocimiento de Israel (10,1–4)

3. Porque el fin de la ley es Cristo (10,4)

1. Introducción: Continuación de Romanos 9,19-29

Pablo explica que Israel no ha disfrutado las bendiciones de la salvación mesiánica por haber ido tras una justicia basada en la ley. Por otra parte, los gentiles, llegan al reino en grandes números porque han abrazado una justicia basada en la fe. En esta sección Pablo hace una pausa para reflexionar en el desconcertante giro que se produce en la historia de la salvación y que ha descrito en 9,6–29: solo un remanente de judíos está siendo salvo, mientras que los gentiles, que en otro tiempo «no eran pueblo», son ahora llamados «hijos del Dios vivo».

Sentido original del texto. Exegesis

Rom 9,30–10,4

30 Entonces, ¿qué diremos? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han hallado la justicia —la justicia que nace de la fe; 31 mientras que Israel, que buscaba una ley que le proporcionara justicia, no llegó a cumplir la ley (cf. 3,31; 8,4). 32 ¿Por qué? Porque buscaba la justicia en las obras, no en la fe. Tropezaron contra la piedra de tropiezo ,33 como dice la Escritura: Voy a poner en Sión piedra de tropiezo y roca de escándalo; más el que crea en él, no quedará confundido. (Is 8,16; 28,16; 1Pe 2,6-8)

10,1 Hermanos, anhelo de todo corazón, y así se lo pido a Dios en la oración, que mis compatriotas se salven. 2 Puedo testificar en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento (Gal 1,14; Flp 3,6-9). 3 Pues, desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios (1,17). 4 Porque el fin de la ley es Cristo, de modo que todo el que crea sea justificado. (Gal 3,24; 3,22; 7,1-4). 5 En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: quien la cumple vivirá por ella.

 

En Rom 9,30–10,4 consideramos el comienzo del argumento de Pablo sobre la incredulidad de Israel, el rechazo del evangelio. Ampliando un poco el contexto de la composición de esta sección podemos observar que en Rom 9,30-10,21 se combinan varios tipos de estructura:

A = una introducción (9,30-10,3), en la que Pablo plantea la pregunta: ¿por qué Israel y los gentiles se encuentran en una situación inversa con respecto a lo esperado? ¿Por qué los israelitas han preferido su propio camino de justicia (la ley mosaica) al que Dios propone (la justificación en Jesucristo)?

B = la tesis (propositio, 10,4) y su explicación (probatio, 10,5-17) en las que se expone la clave para entender la situación: solo la fe en Cristo (o en el evangelio) es el camino de salvación para todos;

A' = el discurso (peroracio 10,18-21) marca un regreso a la situación Israel/gentiles: Israel, a quien se le ha revelado el evangelio, es responsable y desobediente.

Los paralelismos no impiden que el razonamiento paulino progrese: el fervor con que Israel se aferra a su propia justicia parece al principio ir de la mano con una ignorancia no culpable (A), pero al final se califica como desobediencia, como rebelión (A'). La parte central (B), que es asimismo la explicación (probatio), ensamblada entre A y A', en un primer momento hace que las dos justicias opuestas se presenten por sí mismas, luego subraya la importancia salvadora del acto de fe en Jesús en su más amplia extensión, para concluir con la descripción de su generación, desde el envío de los heraldos hasta la confesión, por parte de cada creyente, de que Jesús es el Señor.[1]

Esquema de Rom 9,30-10,4

El fracaso de Israel en alcanzar la justicia (9,30–10,4)

La situación presente de Israel y los gentiles (9,30–33)

Los gentiles han alcanzado la justicia (9,30)

Israel no ha alcanzado la meta de la ley (9,31)

La razón de esta situación (9,32–33)

La razón del fracaso de Israel (10,1–4)

Una intervención personal por parte de Pablo (10,1)

Falta de discernimiento (10,2)

Desapego por la justicia de Dios (10,3)

Ignorancia de la meta de la ley (10,4)



[1] J.N. Aletti, La lettera ai Romani: Chiavi di lettura, Roma: Borla, 2011, 97.

2. La ineficaz búsqueda de Israel (9,30–33)

Rom 9,30

“Entonces, ¿qué diremos? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han hallado la justicia —la justicia que nace de la fe” 

Con 9,30, llegamos a una importante división dentro del argumento de Pablo. A primera vista, podría parecer más lógico poner esta división en el inicio mismo del nuevo capítulo, donde Pablo dice «hermanos». Sin embargo, una mirada más detenida muestra que 9,30 es, sin duda, el lugar apropiado para establecer la división. Esto se ve, en primer lugar, en el planteamiento de la pregunta «¿qué concluiremos?», que en Romanos indica con frecuencia un cambio de argumento (Véase 4,1; 6,1; 7,7; 8,31; 9,14). Se confirma con un característico cambio de vocabulario. Comenzando en el v. 30, las palabras «justicia» y «fe»/«creer» se hacen dominantes. Estas palabras están en el centro del argumento de Pablo en 9,30–10,13.

Tres veces contrasta Pablo dos clases de justicia:

«Justicia que es por la fe», frente a «una ley que le diera justicia» (9,30–31)

«La justicia que proviene de Dios» frente a «la suya propia [justicia]» (10,3)

«La justicia que se basa en la fe» (10,6) frente a «la justicia basada en la ley» (10,5).

 

Estos contrastes son el eje de los tres párrafos en los que se divide esta sección: 9,30–33; 10,1–4; y 10,5–13. En cada uno de estos párrafos Pablo explica que Israel no ha disfrutado las bendiciones de la salvación mesiánica por haber ido tras una justicia basada en la ley. Por otra parte, los gentiles, llegan al reino en grandes números porque han abrazado una justicia basada en la fe.

Para aclarar lo que Pablo dice en Rom 9,30, es muy oportuno leer lo que dice en Rom 3,30-31: “tengamos en cuenta que solo hay un Dios, que justificara a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de la fe. Entonces, ¿elimina la fe el valor de la ley? ¡De ninguna manera!; más bien la consolidamos!”

Rom 9,31-33

 “Mientras que Israel, que buscaba una ley que le proporcionara justicia, no llegó a cumplir la ley (cf. 3,31; 8,4). 32 ¿Por qué? Porque buscaba la justicia en las obras, no en la fe. Tropezaron contra la piedra de tropiezo ,33 como dice la Escritura: Voy a poner en Sión piedra de tropiezo y roca de escándalo; más el que crea en él, no quedará confundido. (Is 8,16; 28,16; 1Pe 2,6-8)

La ineficaz búsqueda de Israel (9,30–33)

En 9,6–29, Pablo ha explicado la composición étnica del pueblo de Dios en aquel momento como consecuencia de la divina elección. Dios «llama» a su reino mesiánico a judíos y gentiles por igual. Ahora el apóstol explica esta misma circunstancia desde la óptica contraria: la decisión de creer que han de tomar los seres humanos. Los gentiles han podido disfrutar las bendiciones de Dios precisamente por esta razón. Ellos no se esforzaban por establecer su propia justicia; ignorantes de las promesas de Dios y excluidos de la alianza, no tenían idea de lo que significaba estar en una posición correcta ante Dios (conocer la justicia divina). Sin embargo, cuando Dios se la ofreció en su Gracia y por medio de la predicación del Evangelio, éstos respondieron en fe y la obtuvieron.

La situación de Israel contrasta, no obstante, con la de los gentiles (9,31). Pablo habla de Israel en general, puesto que la gran mayoría de los judíos se negaron a responder al Evangelio. Naturalmente, muchos lo han hecho, y Pablo subrayará este hecho en la siguiente etapa de su argumento (11,1–10). Sin embargo, el contraste entre las maravillosas promesas hechas a Israel y el reducido número del pueblo de Israel que han reconocido su cumplimiento en Cristo es tan grande que Pablo cree aceptable hablar del fracaso de «Israel» en su conjunto.

Los versículos anteriores han descrito un mundo puesto patas arriba: algunos gentiles están incluidos en el pueblo al que Dios ha llamado, y las palabras de Isaías que transmitían la devastación de Israel se han hecho realidad. La pregunta del v. 30 es inevitable: ¿Qué puede decir alguien ante este extraño estado de cosas? Como forma de explicación, Pablo recurre a un lenguaje adecuado para la arena atlética: correr (diōkein), ganar (katalambanein), alcanzar una meta (phthanein). Los gentiles ni siquiera están corriendo la carrera, sin embargo, llegan a la meta. Israel está corriendo, pero nunca llega a la meta. Los verbos son los que se usan en Fil 3,12–16, donde Pablo habla sinceramente de su propio esfuerzo, pero aquí se convierten en una parodia de una carrera atlética. [1]

Lo que los gentiles han logrado, especifica Pablo, es la justicia que proviene “de la fe” (v. 30). Como suele ocurrir en otros lugares, “fe” para Pablo es una forma abreviada de esa fe generada por Cristo en Jesucristo (por ejemplo, 1,5, 8; 3,28), la fe en Dios como aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos (por ejemplo, 4,24). Que Pablo se refiere a la fe en Cristo se vuelve explícito en 10,8–9. En contraste con estos gentiles, Israel estaba en búsqueda—búsqueda vana—de lo que Pablo aquí llama nomos dikaiosynēs (v. 31).

Este es el único lugar en cual Pablo usa esta frase, lo que probablemente explica por qué las traducciones plantean dificultades. En el contexto, la frase parece positiva, sugiriendo que Israel sigue la ley tal como se interpreta por la justicia o quizás la ley que produce lo que es correcto. Israel, en contraste con los gentiles, ha estado en la búsqueda de lo que es bueno, sin embargo, Israel no lo ha logrado. Lejos de condenar la postura de Israel, Pablo parece más bien aplaudirla. Nuevamente, Pablo se refiere a “Israel” aquí como una sola entidad, sin ningún indicio de la división implícita en 9,24 ni de la separación entre remanente y resto en 11,7.

v. 32 Una pregunta obvia:

¿Por qué? Porque buscaba la justicia en las obras, no en la fe. Tropezaron contra la piedra de tropiezo ,33 como dice la Escritura: Voy a poner en Sión piedra de tropiezo y roca de escándalo; más el que crea en él, no quedará confundido. (Is 8,16; 28,16; 1Pe 2,6-8)

El v. 32 plantea la pregunta obvia, que es cómo puede ser esto así, y responde con un elíptico “porque no de la fe sino de las obras”, traducido más arriba como “Porque la raza de Israel no era de la fe, sino como si la carrera pudiera correrse mediante acciones.” Esta expresión concisa no puede separarse de su contexto argumentativo ni generalizarse en una acusación sobre la “justicia por obras”. En cambio, aborda la pregunta específica de por qué Israel no reconoce a Jesús de Nazaret como su Señor, el Mesías de Dios. Leído de esta manera, “no de la fe” no se refiere a algún fracaso general de los judíos para confiar o depender de Dios, y mucho menos a una disposición al legalismo o a una confianza mal dirigida en los signos de la frontera nacional. Más bien, la fe que se presenta aquí es la confianza en Cristo expuesta a lo largo de la carta, como se hará evidente en la apertura del capítulo 10. Esta búsqueda de la justicia ha fracasado porque no es fe en Jesucristo. Es “de las obras”; es decir, se basa en su propia actividad, una noción excluida anteriormente, en 9,12 (“elección divina que no depende de las obras sino del que llama”).

La explicación de Pablo sobre esta raza invertida ya es extraña, pero con su explicación adicional al final del v. 32, las cosas se vuelven aún más extrañas: “Tropezaron con la piedra que causa tropiezo.” Cuando recurre a las Escrituras para explicar lo que podría significar esa afirmación, une dos pasajes de manera inaudita. Gran parte de la cita proviene de Isaías 28,16 LXX, que dice lo siguiente:

“Por tanto, esto dice el Señor Yahvé: «Voy a poner por fundamento en Sión una piedra selecta, angular, preciosa, que sirva de base: quien tenga fe no vacilará.”

En lugar de la imagen estable de “piedra angular” en la LXX, sin embargo, Pablo inserta “una piedra de tropiezo,” una frase que se encuentra en Isaías 8,14, junto con “roca,” allí descrita como “caída” en lugar de “roca que da ocasión de tropiezo.” En otras palabras, Pablo ha tomado un texto asociado en su contexto de Isaías con la construcción de algo sólido, con seguridad y estabilidad, y lo ha transformado en un truco que Dios está jugando con Israel, induciendo en realidad la caída de Israel. 1 Pedro 2,6 también se basa en Isaías 28,16 pero conserva el lenguaje de piedra angular y lo asocia con Jesús (y véase Mateo 21,42), lo que hace que la transformación de la afirmación por parte de Pablo sea aún más sorprendente, al menos para los lectores familiarizados con esos textos.



[1] Gaventa 2022, 289-290.

3. La falta de conocimiento de Israel (10,1–4)

Como lo hizo ya en 9,1–2, Pablo deja claro lo mal que se siente por el hecho de que Israel no abrazó la salvación que Dios ofrece en Jesús (10,1). El v. 2 explica por qué Pablo continúa orando por la salvación de Israel: ellos tienen celo por Dios, pero les falta conocimiento.

La idea de «celo» por el Señor encuentra un excepcional ejemplo del AT en Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que mató a un israelita Zimrí y era hijo de Salúy y a su amante pagana por desafiar ostentosamente las leyes de Dios (Num 25). Sin embargo, el celo se convirtió en una virtud especialmente sobresaliente e importante durante el periodo inter-testamentario, cuando la existencia misma de Israel se vio amenazada por la persecución.

Rom 10,1-4

10,1 Hermanos, anhelo de todo corazón, y así se lo pido a Dios en la oración, que mis compatriotas se salven. 2 Puedo testificar en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento (Gal 1,14; Flp 3,6-9). 3 Pues, desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios (1,17). 4 Porque el fin de la ley es Cristo, de modo que todo el que crea sea justificado. (Gal 3,24; 3,22; 7,1-4). 5 En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: quien la cumple vivirá por ella.

Una vez más, la angustia de Pablo se hace evidente, subrayando sus comentarios iniciales en 9,1–5. La introducción «hermanos y hermanas» (adelphoi, literalmente «hermanos») coloca a Pablo junto al auditorio (como en, por ejemplo, 7,1; 8,12; 11,25; 12,1), mientras él desentraña los comentarios elípticos (tácitos) de los versos anteriores. Israel tiene “celo” por Dios. No se expresa duda alguna sobre la sinceridad del celo de Israel, así como 9,31 insiste en que Israel ha estado persiguiendo la ley de la justicia. Aunque la palabra zēlos puede referirse negativamente a un celo partidista excesivo (13,13; 1 Cor 3,3), Pablo también la utiliza de manera positiva para el celo por el bien (2Cor 7,11; 9,2; 11,2).

El problema no es el celo en sí, sino el celo que es “sin reconocimiento”, un celo que es desinformado o engañado. El mismo sustantivo aparece en Rom 1,28 cuando Pablo caracteriza la negativa humana a reconocer a Dios como Dios (y véase 3,20). Como 10,3 explica este celo defectuoso, se desprende que el problema no es que Israel se niegue a reconocer a Dios (como en 1,28 respecto a los gentiles), sino que buscan establecer su propia justicia en lugar de someterse a la de Dios. Que “justicia” sea el término clave aquí se hace evidente en la repetición:

  • Ellos no conocen la justicia de Dios.
  • En cambio, buscan establecer su propia justicia.
  • No se someten a la justicia de Dios.
  • El fin de la ley es Cristo, quien trae la justicia a todos los que creen.

4. Porque el fin de la ley es Cristo:

Secuencia escalonada de los vv. 1-4: Los cuatro versículos de este párrafo se desarrollan en una secuencia escalonada, en la que Pablo justifica cada una de sus declaraciones en el versículo inmediatamente posterior. (Aunque no se aprecia en la traducción de nuestras biblias, cada uno de los versículos comienza con la partícula gar, partícula griega que introduce una razón «puesto que»).

10,1 Hermanos, anhelo de todo corazón, y así se lo pido a Dios en la oración, que mis compatriotas se salven.

 2 Puedo testificar en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.

 3 Pues, desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.

 4 Porque el fin de la ley es Cristo, de modo que todo el que crea sea justificado.

Si completamos las conexiones lógicas que Pablo deja implícitas, el argumento es más o menos el siguiente:

anhelo la salvación de Israel (v. 1);

y es mi obligación, porque tienen celo por Dios, pero les falta conocimiento (v. 2); (Pablo si lo tuvo, pleno conocimiento aventajando: Gal 1,14; Flp 3,6-9).

lo cual se ve en el hecho de que van en busca de su propia justicia e ignoran la de Dios (v. 3); (Véase Rom 1,17: “en Cristo se revela la justicia de Dios”)

 y buscar su propia justicia, por medio de la ley, es erróneo, puesto que Cristo es la culminación de la ley (v. 4)

Como en los demás párrafos de esta sección (9,30–33; 10,5–13) el elemento central de éste es un contraste entre dos clases de justicia: «la suya propia» y «la de Dios» (v. 3).

Rom 10,3: “Pues, desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios (1,17)” …

Pablo repite la acusación de ignorancia, explicándola al afirmar que "no se someten a la justicia de Dios". Esto es manifiestamente una acusación de resistencia a Dios (que volverá a aparecer en 10,21), pero también desafía cualquier noción de que la preocupación del apóstol se limite a un solo acto de fe o a un momento aislado. La actitud de “someterse” es reconocer y ser gobernado por el orden de Dios, reconocer que “Jesús es Señor”. Eso es una declaración de fe, pero es más significativamente un reconocimiento de la señoría.

Rom 10,4 “Porque el fin de la ley es Cristo, de modo que todo el que crea sea justificado.” (Gal 3,24; 3,22; 7,1-4).

Este marco permite contextualizar la declaración fuertemente debatida en el v. 4, de que Cristo es el “fin, culmen” (Gr. telos) de la ley. El debate gira en torno a las posibles implicaciones de telos, ya que puede connotar tanto el “fin” como terminación, o el “fin” en el sentido de cumplimiento o meta, de modo que Pablo podría estar diciendo que Cristo marca la terminación de la ley o que Cristo marca su cumplimiento, su meta. En Hebreos 7,3, por ejemplo, se dice que Melquisedec no tiene ni principio ni telos, fin de la vida, pero Santiago 5,11 se refiere al telos del Señor, que debe ser propósito o meta más que fin en el sentido de terminación.[1] Además de la ambigüedad de la palabra griega, la dificultad radica en que el debate con demasiada frecuencia asume por completo el peso de establecer la comprensión de Pablo de la ley mosaica.

Irónicamente, el contenido de Romanos 10 tiene muy poco que ver con la ley, aparte de la peculiar referencia mencionada con anterioridad a la “ley de la justicia” (9,31). En lugar de ser el centro de los comentarios de Pablo, la frase referida a Cristo como fin de la ley” (telos nomou), apunta hacia el final del versículo. Cristo es el telos (fin) de la ley en el sentido de que “Cristo está trayendo justicia a todos los que creen”. La referencia a la fe entonces sirve para introducir la discusión sobre la fe y la justificación que esta realiza, el argumento que sigue.

Aunque Pablo no está haciendo una declaración definitiva sobre la ley de Moisés, lo que sí dice merece atención. Para comenzar, Pablo tiene poco que decir sobre la ley en esta extensa sección de la carta que aborda los tratos de Dios con Israel, particularmente en el capítulo 11, que trata sobre el futuro de Israel. Si la ley no es el obstáculo de Israel (al menos no una vez que Pablo llega a 10,11, con su repetición de Isaías 28,16), tampoco es la ley un identificador de Israel.

En ningún momento del resto de este análisis complejo acerca de la manera como Dios se relaciona con Israel, Pablo vuelve a conectar a Israel con la ley. Sin embargo, es muy importante tener presente unos pasajes en los cuales Pablo explica la ley como un pedagogo, pero “una vez que ha llegado Cristo, a partir de aquí somos justificados por la fe” (Gal 3,24); Cristo por su sangre nos ha liberado independientemente de la ley (Rom 3,21-26); la ley que solo obliga a la persona mientras ella viva (Rom 7,1-4).[2]

La interpretación de las Escrituras que Pablo ofrece en 10,5–8 separa a Israel de la ley al conectar a Israel con Cristo. El capítulo 11 argumentará que Israel ahora está dividido, que Israel será salvo cuando venga el libertador. En ninguna parte de estos capítulos Pablo conecta el futuro de Israel con la ley, ni con su observancia ni con su fin. Esto en sí mismo es un movimiento radical, dado el bien conocido vínculo de Israel con la ley de Moisés.

Una vez más, la referencia a Cristo en el v. 4 subraya la observación de que toda la discusión en el capítulo 10 se malinterpreta cuando se lee como un análisis generalizado del celo de Israel por Dios o la falta de este. En cambio, se trata de una discusión sobre el rechazo actual de Israel a la afirmación del evangelio de que Jesús es el Señor. La justicia no es simplemente la equidad o la rectitud ante Dios; más bien, es la justicia de Dios en Jesús, como se hace explícito en los vv. 5-8.



[1] Santiago exhorta a que debemos confiar en Dios y mantener nuestra esperanza, incluso en los momentos más difíciles (Sant 5,11).

[2] Siguiendo a Gaventa 2022.

5. Resumen y pregunta

En resumen, en esta sección Pablo hace una pausa para reflexionar en el desconcertante giro que se produce en la historia de la salvación y que ha descrito en 9,6–29: solo un remanente de judíos está siendo salvo, mientras que los gentiles, que en otro tiempo «no eran pueblo», son ahora llamados «hijos del Dios vivo». El apóstol se sirve del núcleo esencial del Evangelio —la justicia por la fe— para explicar este giro de los acontecimientos. Toda la sección que cubre 9,30–10,21 es, entonces, una especie de excurso dentro del argumento de los capítulos 9–11.[1] El capítulo 10 no se debe interpretar como un análisis generalizado del celo de Israel por Dios. La referencia a Cristo como culmen de la ley (v. 4), remarca el tema sobre el rechazo actual de Israel a la afirmación del evangelio: Jesús es el Señor.

 

PREGUNTA:

¿Como explica Pablo el contraste entre las dos clases de “justicia” en su argumento de Romanos 9,30–10,13? ¿Cómo se entiende que Cristo es el fin de la ley?



[1] Moo, Romans.