Tres rebaños y tres tipos de ramas de olivo, por Marcelo Aptekmann
El próximo 21 de Abril, IV Domingo de Pascua, en las iglesias se leerá del Evangelio según San Juan (Jn 10:11-18). Elijo algunos fragmentos de este texto, para comentarlos desde una perspectiva que tiene en cuenta qué significaron esas palabras para quienes las dijeron y oyeron en aquel momento de la historia.
Esta manera de interpretar no es la única posible; y está claro que incluso a los judíos que estuvieron allí, conversando con Él, les resultó difícil entenderle. Jesús les habló por medio de esta alegoría, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. (Jn 10:6). Pero puede que a algún lector de hoy en día le interese lo que esta lectura pueda aportarle para entender qué era lo que les decía.
Juan 10:14 dice: Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Más adelante les dice a sus interlocutores (presumiblemente judíos): pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen (Jn 10: 26,27).
Jesús, en principio, parecería hablar de solamente dos grupos de “ovejas”: las suyas, que conoce y que le conocen, y otro grupo de ovejas, que no son del mismo redil, pero a las que también deber traer. Pero luego (en Jn 10:26) menciona un tercer grupo, el de los judíos que no creen en Él, a quienes les dice que no son de sus ovejas.
Según explica el Profesor Yoel Ben Arieh en "Dos Caminos, Una Redención", a ese tercer grupo podríamos entenderlo como un tercer grupo de ovejas (en la alegoría de Jesús). Sería el grupo de las ovejas que no son Suyas pero que no lo siguen a Jesús, a diferencia de los otros dos grupos de ovejas que sí le siguen (las que son de este redil, y las otras, las que no son de este redil).
Esta ampliación de la alegoría no contradice el sentido original. Además, pensar en tres grupos de ovejas en lugar de solamente dos grupos es coherente con otras partes de las sagradas escrituras, iluminando una nueva manera de entender el magisterio de Jesús, diferente de la usual en la tradición interpretativa cristiana.
No es la única vez que Él utiliza esta alegoría de los diferentes tipos de rebaños de ovejas para aclarar a quiénes va dirigido Su magisterio, como cuando Él dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la Casa de Israel (Mateo 15:24). A un lector de hoy en día, ajeno a la cultura, historia y cosmovisión judías, quizás no le resulte significativo que Jesús haya dicho: las ovejas perdidas de la Casa de Israel, en lugar de simplemente: las ovejas perdidas de Israel. Pero, al menos para la tradición interpretativa judía, cada palabra de las Sagradas Escrituras está allí por un motivo, para decirnos algo importante.
En la cosmovisión judía -que es la de Jesús y sus interlocutores- la Casa de Israel es la Casa Reinante del desaparecido reino de Israel, y por extensión también se refiere a los habitantes de aquel reino, es decir: las famosas diez tribus perdidas. Muchos siglos antes de Jesús, el reino unido de Israel, el de los reyes Saúl, David y Salomón, se escindió en dos reinos: el de Judá (en el Sur), regido por la Casa de David, y el de Israel (en el Norte), regido por la Casa de Israel. El reino del Norte fue luego arrasado por los Asirios y sus habitantes perdieron su identidad y se fusionaron con otros pueblos, de otras creencias.
Los habitantes del reino de Judá nunca olvidaron a sus desaparecidos hermanos del reino del Norte, y a pesar de los muchos siglos transcurridos, no perdieron la esperanza de que la Casa de Israel volviese -por gracia divina- al redil, es decir que las diez tribus perdidas regresasen (con amor fraterno) y volviesen a vivir según el núcleo espiritual de la Alianza del Sinaí (Ama a tu prójimo como…).
Cuando Jesús dice que no ha venido sino para las ovejas perdidas de la Casa de Israel, eso –en Su época- significaba que Su magisterio no era para los judíos, sino para los descendientes de las desaparecidas diez tribus del reino del Norte (Sus ovejas) y adicionalmente también para las gentes de otros pueblos que por amor uniesen su destino al de ese rebaño (en la alegoría de Juan 10 son las otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer).
Las ramas desgajadas, en esta alegoría de San Pablo, son los descendientes de las diez tribus perdidas. En Juan 10 ellas son las ovejas que son de este redil y que son de Jesús. Pero las que han sido desgajadas son solamente algunas de las ramas del olivo, porque hay otras que siguen unidas al tronco. Ellas representan a las tribus de Judá, Benjamín y Levi, que habitaban el reino del Sur y que, después del exilio babilonio, gradualmente se transformaron en el pueblo judío.
Que quien nos ha creado le bendiga con una semana feliz.