Marcelo Aptekmann

Shalom. 
El próximo Domingo 22 de Setiembre, en las Iglesias se leerá un fragmento del Evangelio según San Marcos (9: 30-37) que comienza así 
Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 
Porque enseñaba a Sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. 
Pero ellos no entendían Su palabra, y tenían miedo de preguntarle. (Marcos 9: 30-32). 
Elijo reflexionar sobre este fragmento, porque comprendo que Sus discípulos no entendiesen que Él les estaba hablando de Su Pasión.
Hacía apenas unos pocos días que habían presenciado Su transfiguración, la primera señal que tuvieron de que Él era diferente de los demás seres humanos, pero todavía no habían vivenciado Pentecostés. No es la falta de entendimiento de Sus primeros discípulos la que me lleva a reflexión. Lo que quiero entender es cómo logró prevalecer entre los gentiles la interpretación de que Judas lo traicionó y de que, por extensión, los judíos somos el pueblo deicida, pese a que Jesús reitera que ya sabe lo que le espera cuando lleguen a Jerusalem.
Es la segunda vez Jesús predice -o profetiza- Su Pasión (antes lo hizo en Marcos 8:27-33). Recientemente leí -en un artículo del - que en ese momento histórico, cuando los libros del Nuevo Testamento todavía no habían sido escritos, las Sagradas Escrituras que conocían los apóstoles eran exclusivamente las del pueblo judío, luego reunidas en el canon del Antiguo Testamento.
Esas Sagradas Escrituras judías incluían (para los Fariseos) el libro de Isaías (escrito 8 siglos antes) a las que Jesús  -en Marcos 9:30-32) parece hacer alusión:

Fue oprimido y tratado con crueldad; sin embargo, no dijo ni una sola palabra. Como cordero fue llevado al matadero. Y como oveja, en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca.  Al ser condenado, injustamente, se lo llevaron. A nadie le importó que muriera sin descendientes ni que le quitaran la vida a mitad de camino. Pero lo hirieron de muerte por la rebelión de mi pueblo. Él no había hecho nada malo, y jamás había engañado a nadie.  (Isaías 53: 7-9a; Nueva Traducción Viviente).

A continuación, el Evangelio narra que: Después de llegar a Capernaúm e instalarse en una casa, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué venían conversando en el camino?». Pero no le contestaron porque venían discutiendo sobre quién de ellos era el más importante. Jesús se sentó y llamó a los doce discípulos y dijo: «Quien quiera ser el primero debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos los demás» (Marcos 9:33-35).

Se podría interpretar que según el Evangelio, consternado porque Sus discípulos discutían quién era el mas importante entre ellos y no prestaban atención a Sus anuncios y enseñanzas, Él les indica que necesitan humildarse.

Pero, a la luz de la profecía de Isaías, Jesús también sería válido interpretar que les está explicando en qué consiste Su magisterio:  Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo y causarle dolor. Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado, tendrá muchos descendientes. Disfrutará de una larga vida, y en sus manos el buen plan del Señor prosperará. Cuando vea todo lo que se logró mediante su angustia, quedará satisfecho. Y a causa de lo que sufrió, mi siervo justo hará posible que muchos sean contados entre los justos, porque él cargará con todos los pecados de ellos. (Isaías 53: 10-11).

Pocos versículos después, cuando Jesús retoma la enseñanza de que quien quiera ser el primero debe ser el sirviente de todos los demás, les dice:  y el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos (Marcos 10: 44) y luego agrega: Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10: 45). 

¿Pero si efectivamente les está explicando en qué consiste Su Magisterio, exactamente qué significa que Él ha venido para dar Su vida en rescate (o para la redención) de muchos? ¿Qué es lo que logra Su Pasión, y cómo lo hace? La cuestión ha sido discutida largamente, pero no hay una sola respuesta a preguntas como éstas. ¿La muerte de Jesús salda la “deuda” contraída con Di-s (o con el Diablo) por los pecados humanos?

La frase por muchos podría referirse a un sacrificio que paga la deuda de todos los seres humanos, pero esta idea no predominará en la teología cristiana de  occidente sino hasta el siglo XI. El tema tal vez no hubiera sido tan debatido si la tradición interpretativa cristiana, en lugar de considerar Caifás como el máximo responsable de la crucifixión de Jesús, hubiese tenido en cuenta que profetizó en términos muy parecidos a los de Jesús mismo. 
Cuando Caifás dijo: Conviene que muera uno solo por el pueblo, y no que perezca la nación entera (Juan 11:50), lo hizo mientras era el Sumo Sacerdote del Templo de Jerusalem, lo que significa que sus palabras dichas en público no eran una simple opinión personal, sino que tenían valor de profecía (y así lo explica Juan 11:51). 
Si las enseñanzas de Jesús se ven como alusión a Isaías 53, Él se presentó ante Sus discípulos como el mas humilde de los siervos de Di-s. El Hijo del Hombre es un ser humano dispuesto a dar su vida por Sus amigos y hermanos. Le alienta la esperanza de que Su muerte saciará la sed de sangre de los opresores Romanos y que gracias a Su sacrificio muchos niños sobrevivan y puedan llegar a ser adultos justos.
Por supuesto que esta manera de entender el magisterio de Jesús no es la única, y difiere de nociones teológicas difundidas por la tradición interpretativa cristiana. No pretendo discutir doctrinas teológicas. Solamente quiero ofrecer una perspectiva diferente a los lectores cristianos que –firmes en su fe- esperan profundizar su comprensión del magisterio de Jesús.
Para eso, intento reconstruir cómo pueden haber sido entendidas Sus enseñanzas por Sus primeros discípulos, y comprender cómo fue que los cristianos gentiles terminaron aceptando una interpretación tendenciosa, que la Iglesia católica y muchos pensadores cristianos de otras denominaciones hoy consideran errónea, perimida y de nefastas consecuencias.  Para profundizar un poco mas en esta dirección, propongo agregar al blog de hoy esta breve reflexión sobre:
Los primeros escritos de la tradición interpretativa cristiana 
En este mes de Septiembre, mes de la Biblia, me permito presentar un breve comentario a dos de los primeros escritos de la cristiandad, que ayudaron a introducir la tendencia antijudía en la tradición interpretativa cristiana antes de que en el año 180 San Ireneo de Lyon diera forma al canon del Nuevo Testamento.
Inicialmente, aparte del A.T., el escrito mas difundido entre las primeras comunidades cristianas era la Didajé, un breve manual de instrucciones sobre cómo  vivir como cristiano, escrito a fines del siglo I, probablemente antes que la mayoría de los textos del N.T. Enseña un resumen de la ley Mosaica, el amor a nuestro Creador y al prójimo, y recomienda un estilo de vida comunitario: comparte todo con tus hermanos y de nada digas que es de tu propiedad (Didajé 4:8). Recomienda observar todas las normas de la vida judía, o al menos hacerlo lo mejor que se pueda (D. 6:2). Su nombre (Didajé) en griego significa lo mismo que la palabra Torah significa en hebreo: enseñanza,

Los cristianos que se guiaban por esta enseñanza practicaban el bautismo como una ablución, un rito de purificación; rezaban comunalmente el Padrenuestro tres veces al día, y celebraban la Eucaristía los días Domingo (D. 14:1). Es significativo que la Didajé No dice que Jesús sea Hijo de Di-s, sino que lo denomina país (en griego: niño, o sirviente) (Didajé 9:2).

Después de arrasar el Templo de Jerusalem (año 70) los emperadores romanos decretaron que la contribución en dinero que las comunidades judías de la diáspora enviaban anualmente para el mantenimiento del Templo, debían continuar pagándolo, pero a Roma, para reparar el Templo de Júpiter Capitolino, en Roma. Poco después, otro emperador Romano decretó que aquel impuesto (denominado fiscus judaicus) también debían pagarlo las personas que vivieran entre judíos, o como judíos, y aumentó el importe. Fue ese el momento, a partir del año 80, en el que empezó a caer en desuso la Didaje. Una generación mas tarde, la Didajé ya no era una enseñanza significativa para la mayoría de los cristianos.  

Es a partir de esta época de caída en desuso de la Didajé que son escritos los libros que quiero comentar,. No llegaron a ser parte del Nuevo Testamento, pero -en su momento- fueron propuestos para integrar las sagradas escrituras de la naciente cristiandad. El primero de los libros postulados para ocupar el lugar dejado vacante por la Didajé fue la Carta de Bernabé, escrita probablemente después de la rebelión del año 113/115, pero antes de la gran revuelta de Bar Kojba, del año 135.

La Carta de Bernabé, erróneamente atribuida al compañero de caminos del apóstol San Pablo, se presenta a sí misma como una enseñanza (o didajé) e inmediatamente comienza con una intensa diatriba antijudía (Bernabé 1-17). Aplica técnicas interpretativas parecidas a las propias de la tradición judía, con el propósito de mostrar que el Antiguo Testamento (en la clásica versión en griego de los 70) es cristiano y que su significado cristiano es el único auténtico. Sostiene que los judíos, engañados por un ángel malvado, han interpretado mal las escrituras del A. T., cuyo verdadero significado son las profecías simbólicas que anuncian la futura venida de Jesús. La falsa atribución al compañero de San Pablo contribuyó a que este libro casi ingresase al canon del N.T.

Luego, hacia el año 140, Marción propuso un canon del N.T. en base a uno de los Evangelios y 10 cartas de San Pablo. No se puede excluir que haya editado esos textos acorde a sus ideas personales pasionalmente antijudías. Marción distinguía entre un Di-s “bueno” (el del N.T. y de los gentiles) y un Di-s “malo” (el del A.T y los judíos). Después de apenas cuatro años fue excomulgado, pero antes obsequió muchas copias de su “Nuevo Testamento” a muchas pequeñas comunidades cristianas, desparramadas por todo el imperio Romano, en una época en que semejantes obras (manuscritas por copistas profesionales) costaban una fortuna. 

Tal vez los repetidos levantamientos de los judíos contra los Romanos provocaron reacciones de apoyo Romano a obras como las de Bernabé y Marción, que alejaron a los cristianos gentiles de los judíos y generaron una brecha de desconfianza en base a la difusión de interpretaciones que acusaban a los judíos de tener la culpa de hacer… lo que según la letra de los Evangelios hicieron los Romanos.

Quiera Hashem (el Creador de todos) bendecirnos a todos con muchas oportunidades de hacer el Bien. Y ojalá que sepamos no desaprovecharlas.

Shalom Shalom!

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Modifié le: Wednesday 18 September 2024, 12:15