II. Ministerio público de Jesús

(Mt 4,17 – 16,21)

La segunda gran sección del Evangelio según san Mateo constituye el núcleo del relato y presenta de manera sistemática el ministerio público de Jesús. Tras la preparación cristológica inicial (Mt 1,1–4,17), Mateo introduce ahora la actividad concreta de Jesús como anunciador del Reino de los cielos, maestro con autoridad, sanador y formador de discípulos. Esta sección está marcada por una progresión clara: comienza con la proclamación inaugural del Reino, se despliega en una enseñanza normativa para la comunidad, se confirma mediante signos de poder y misericordia, y culmina en una revelación progresiva de la identidad de Jesús que conduce a la confesión de Pedro. Todo el bloque está orientado a responder a dos preguntas fundamentales: ¿qué significa el Reino de Dios? y quién es Jesús para Israel y para sus discípulos?

1. Inicio del ministerio, llamada a la conversión y primeros discípulos

(Mt 4,17–25)

La sección se abre con una fórmula programática: «Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca”» (Mt 4,17). Esta declaración no solo marca un nuevo momento narrativo, sino que define el contenido esencial del mensaje de Jesús. El Reino no es una realidad futura o puramente espiritual, sino una acción cercana y eficaz de Dios que exige una respuesta concreta de conversión.

Mateo sitúa el inicio del ministerio en Galilea, región periférica y culturalmente mixta, subrayando que el Reino se manifiesta fuera de los centros tradicionales del poder religioso. La cita de Isaías 8,23–9,1 refuerza esta clave: la luz mesiánica irrumpe en territorios marcados por la oscuridad y la marginalidad. Desde el comienzo, el evangelio presenta un Reino que se dirige a los excluidos y redefine las expectativas religiosas de Israel.

La llamada de los primeros discípulos (Pedro, Andrés, Santiago y Juan) introduce el tema central del seguimiento. Jesús no convoca a partir de credenciales religiosas o méritos previos, sino que llama soberanamente y exige una respuesta inmediata: «dejándolo todo, lo siguieron». El discipulado no es una adhesión ideológica, sino una relación vital que transforma la existencia.

La sección concluye con un sumario de la actividad de Jesús: enseñanza, proclamación y curaciones. Mateo presenta así el esquema básico del ministerio: palabra que anuncia el Reino y signos que lo hacen visible. Este equilibrio entre anuncio y acción será característico de todo el ministerio público.

2. Sermón del Monte

(Mt 5,1 – 7,29)

El Sermón del Monte constituye el primer gran discurso de Jesús en Mateo y ocupa un lugar central en la teología del evangelio. Jesús aparece aquí como el nuevo Moisés, que sube al monte y proclama la voluntad de Dios para su pueblo. No se trata de una simple recopilación ética, sino de una enseñanza programática sobre la justicia del Reino.

Las bienaventuranzas abren el discurso redefiniendo radicalmente los criterios de felicidad. Jesús proclama bienaventurados a los pobres, los mansos, los que lloran y los perseguidos, revelando una lógica divina que subvierte los valores dominantes. El Reino se manifiesta allí donde la fragilidad humana se abre a la acción de Dios.

La relación con la Ley ocupa un lugar central. Jesús no la abroga, sino que la lleva a su plenitud. Las antítesis («han oído que se dijo… pero yo les digo») expresan una interiorización radical de la Ley, que ya no se limita al comportamiento externo, sino que alcanza las intenciones del corazón. La justicia del Reino supera la justicia legalista y se fundamenta en una relación filial con el Padre.

La sección culmina con exhortaciones sobre la confianza en Dios, el discernimiento y la coherencia de vida. La parábola de las dos casas (Mt 7,24–27) subraya que escuchar la palabra de Jesús exige ponerla en práctica. El discurso concluye con una nota decisiva: Jesús enseña «con autoridad», no como los escribas. Mateo presenta así a Jesús como el intérprete definitivo de la voluntad de Dios, cuya palabra posee un peso normativo para la comunidad.

3. Milagros, autoridad y envío misionero

(Mt 8,1 – 10,42)

Tras la enseñanza del Sermón del Monte, Mateo muestra cómo la autoridad de Jesús se manifiesta en acciones concretas de salvación. Los capítulos 8 y 9 reúnen una serie de milagros que revelan el alcance del Reino: Jesús sana enfermos, expulsa demonios, perdona pecados y restaura a los marginados. Cada gesto manifiesta la cercanía compasiva de Dios y confirma que el Reino no es solo palabra, sino poder liberador.

Un rasgo destacado de estos relatos es la atención a la fe. No se trata de prodigios espectaculares, sino de encuentros personales en los que la confianza en Jesús se convierte en espacio de salvación. Al mismo tiempo, Mateo subraya la autoridad singular de Jesús, que actúa con una palabra eficaz y provoca asombro y controversia.

El capítulo 10 introduce el discurso misionero, en el que Jesús comparte su autoridad con los Doce. La misión no es iniciativa humana, sino participación en la obra de Jesús. Los discípulos son enviados a proclamar el Reino y a realizar los mismos signos que su Maestro. Mateo subraya el carácter gratuito de la misión y advierte sobre las dificultades y persecuciones que acompañarán el anuncio.

El envío misionero revela que el ministerio de Jesús no se agota en su persona, sino que inaugura una dinámica expansiva. El Reino se extiende a través de una comunidad enviada, llamada a vivir en fidelidad, pobreza y confianza radical en Dios.

4. Parábolas, conflictos y confesión de Pedro

(Mt 11,1 – 16,21)

La última parte de esta sección muestra un creciente contraste entre la revelación del Reino y las reacciones humanas ante ella. Aparecen dudas, rechazos y conflictos, especialmente con las autoridades religiosas. Mateo presenta una división progresiva: mientras algunos se cierran al mensaje, otros avanzan en la comprensión del misterio de Jesús.

Las parábolas del Reino, especialmente en el capítulo 13, constituyen una clave interpretativa fundamental. Jesús explica que el Reino se manifiesta de manera discreta, como semilla o levadura, y requiere una escucha abierta y perseverante. Las parábolas revelan y ocultan a la vez: iluminan a quienes están dispuestos a acoger el mensaje y desconciertan a quienes se cierran en su autosuficiencia.

Los conflictos con fariseos y escribas se intensifican en torno a cuestiones como el sábado, la pureza y la autoridad. Mateo no presenta estos debates como simples disputas legales, sino como una confrontación entre dos modos de entender la relación con Dios: uno centrado en la observancia externa y otro en la misericordia y la fidelidad al corazón de la Ley.

La sección culmina con la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Este momento constituye el punto culminante del ministerio público. Por primera vez, un discípulo reconoce explícitamente la identidad profunda de Jesús. Sin embargo, esta confesión no es aún plena, pues inmediatamente después Pedro rechaza el anuncio de la pasión, mostrando que la comprensión del mesianismo sigue siendo incompleta.

Conclusión

Mt 4,17 – 16,21 presenta el despliegue integral del ministerio público de Jesús como anuncio, enseñanza, acción y revelación progresiva. Mateo muestra cómo el Reino se hace presente en la palabra autoritativa de Jesús, en sus signos de misericordia y en la formación de una comunidad de discípulos. Al mismo tiempo, revela las resistencias y ambigüedades que acompañan esta revelación. La confesión de Pedro marca el umbral decisivo: Jesús es reconocido como Mesías, pero el sentido profundo de su misión solo se comprenderá plenamente a la luz de la cruz y la Pascua, que se desarrollarán en la sección siguiente del evangelio.

 

Última atualização: Wednesday, 14 Jan 2026, 12:14