Prólogo
El título de este libro pone de relieve las dos grandes interpelaciones que el papa Francisco nos presenta en la Encíclica Laudato Si, lo hace como dos gritos interconectados de un modo indisoluble ya que como repetirá en su primera Encíclica Social en el universo todo está interconectado. El corazón del cristiano y de las personas de buena voluntad necesitan, como lo exige su dignidad, dejarse interpelar por estas realidades que claman al unísono.
En este libro podremos recorrer estas realidades iluminadas por la palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia, lo mismo que sus posibles caminos de solución a través de la política y de la educación, acompañadas por una Iglesia en salida que asume su vocación misionera y el cuidado de todos los hermanos y hermanas, viviendo la fraternidad y la amistad social, recogiendo los sueños de la encíclica Fratelli Tutti.
Monseñor Lozano pone al servicio de este trabajo su rica experiencia pastoral y su fina inteligencia para describir realidades acerca de las cuales tiene el contacto cercano del Pastor y al mismo tiempo el camino de una reflexión hecha a través de su fecundo servicio a la Iglesia y a esta Conferencia Episcopal, tanto como Obispo Auxiliar de Buenos Aires y como Obispo de Gualeguaychú primero y ahora de la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo y como Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano.
Cuenta con la colaboración de Emilio Inzaurraga, Presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, de Carlos Vigil, miembro de la misma Comisión y de Claudia A. Carbajal, Vicepresidenta nacional de la Acción Católica Argentina, que aportan su mirada profunda y su experiencia laical en los distintos ámbitos de la realidad social.
En el comienzo describen con claridad la realidad de la pobreza que se revela en los síntomas de una sociedad enferma de desigualdad e inequidad, signos de la “cultura del descarte”.
Cuando se detienen en la solución política, cuyo arte es trabajar al servicio del bien común, aparece otra enfermedad que es la de la corrupción que cierra toda posibilidad de construcción de una sociedad más justa, más fraterna y que camine hacia la paz.
Otras enfermedades, que debemos enfrentar como verdaderos desafíos de este tiempo para una conciencia cristiana y una ética fundamento de la política, son la trata y el tráfico de personas, las mafias y el narcotráfico.
En medio de este panorama desolador para poder responder a un cuidado mayor de nuestra hermana madre tierra y a una ecología integral aparece con fuerza la alegría del Evangelio y una Doctrina Social auténticamente fundada en él que nos llenan de esperanza y que iluminan la pasión por Jesús y la pasión por nuestro pueblo, que son señales inconfundibles que deben caracterizar esta nueva etapa evangelizadora de la Iglesia.
Mons. Oscar Ojea,
Obispo de San Isidro y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina