Aptekmann, Marcelo
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Encuentros, desencuentros, reencuentros

El Evangelio
Shalom!
El próximo Domingo 22 de Diciembre en las iglesias se leerá, del Evangelio según San Lucas, que en cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Entonces Isabel se llenó del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: “¡Bendita eres tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor (Lucas 1: 39-45).
El Evangelio narra lo que sucedió cuando María –embarazada- visitó a su parienta Isabel, también embarazada. No dice nada acerca de que una o dos generaciones mas tarde algunos de los discípulos de Jesús buscarán seguidores entre los de Juan, invitándolos a sumarse al cristianismo, así como tampoco dice que algunos de los seguidores de Juan (los de religión mandea) creerán que Juan el Bautista no pudo consumar su misión mesiánica por culpa de Jesús.
El Evangelio nos transporta al re-encuentro entre dos personas que están –ambas- en la dulce espera y percibiendo que algo maravilloso les está sucediendo. Imbuidas ambas del Espíritu Santo, en humildad se saludan y bendicen. ¿Podremos aprender algo de ellas? Habitualmente, para encontrar una orientación sobre cómo profundizar en la lectura del Evangelio, busco en la primera lectura, que en esta ocasión dice:
La alegría y la “carta a los hebreos”
Cristo dijo: «No quisiste sacrificios de animales, ni ofrendas por el pecado, ni ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado; tampoco te agradaron todas esas ofrendas» (aun cuando la ley de Moisés las exige). Luego dijo: «Aquí estoy, he venido a hacer tu voluntad». Él anula el primer pacto para que el segundo entre en vigencia. Pues la voluntad de Dios fue que el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos, una vez y para siempre. (Hebreos 10: 8-10)
Si he de guiarme por esta (así llamada) “carta a los Hebreos”, entonces debería aceptar que no servían los sacrificios que (de acuerdo a la Biblia) nos ordenó nuestro Creador –a los Israelitas- ofrecerle. Pero la de “Hebreos” es una argumentación extraña a la tradición judía, que no afirmaba que aquellos sacrificios servían para redimir o curar a las personas de seguir pecando. Ese no era su propósito. En la cosmovisión judía, los seres humanos somos imperfectos e inevitablemente erraremos.
El autor humano de “Hebreos” refleja una manera de pensar mas afín a la cultura griega, Platónica (Ellos sirven dentro de un sistema de adoración que es solo una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo) (Heb 8:5). Cuando pone en boca de Jesús declaraciones contra los sacrificios, agrega nuevos significados a Su Magisterio de un modo que -a mi entender- eclipsa los versículos del Evangelio en los que Él parece validar aquellos sacrificios (ver Mateo 5:23, o Marcos1:44).
En síntesis: “Hebreos” acierta en que los sacrificios no salvaban a la gente de seguir pecando. No aclara que era porque no podían reemplazar al arrepentimiento, que es como lo enseñan las sagradas escrituras Judías (ver Isaías 1:10-17, Jeremías 7:21-26, Salmos 50: 8-15 y 51:18-19, Talmud B. Yoma 86). Lo problemático es que “Hebreos” declara que por ese motivo queda anulada la primer Alianza (Él anula el primer pacto para que el segundo entre en vigencia. Hebreos 10: 9b)
Que el autor de “Hebreos” denomine “primer Alianza” a la de los 10 mandamientos del Sinaí, significa que ni siquiera tiene en cuenta la Alianza con Noé, o las promesas a Abraham. Más grave todavía es que declara anulada la Alianza con el Pueblo de Israel, después de que Pablo aclaró que esas promesas no han caducado, con lo que en estos versículos de “Hebreos” está anclada la teología de la sustitución.
A pesar de todo: Felicidades y Alegrías
Elijo acercarme a las alegrías -la de Ana y la de María y la de los amigos cristianos de hoy- por otro camino, y no justamente por el de la enseñanza de que la fe y la práctica (es decir: la esencia y la vida) de mi pueblo son cosa del pasado y nuestra Alianza con el Señor apenas una nota a pie de página de una perimida historia antigua.
En Janucá, los judíos celebramos con orgullo que nuestros antepasados tuvieron el coraje de enfrentarse a la opresión de los ejércitos helenistas y de volver a vivir la vida según las normas de la Torá. Cuando quisieron volver a dedicar el Templo de Jerusalem al culto judaico, y reiniciar la práctica de los sacrificios, sucedió que las luminarias del gran candelabro del Templo milagrosamente siguieron iluminando durante ocho días, pese a que no había aceite para mas que un día solamente.
Quiera el Señor bendecir a los cristianos que encienden la luz de sus pesebres y de sus árboles de navidad, celebrando el nacimiento de la Luz del mundo. Quiera bendecirnos a todos, de modo que podamos compartir la Luz que ilumina y sepamos evitar dañarnos los unos a los otros por las luces que encandilan y ciegan. Quiera bendecirnos con Paz y alegría.
¡Feliz Navidad! Y ¡Jag Janucá Saméaj!