Aptekmann, Marcelo
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Pascua y Pesaj

Conmemoran Unos y Conmemoran Otros
Shalom! El Domingo 13 de Abril, en las iglesias conmemorarán la entrada de Jesús a Jerusalem. Lo harán mediante una procesión o una entrada solemne, antes de la Misa principal, y por medio de una entrada sencilla antes de las demás Misas. A la hora señalada, los fieles –con sus ramos en las manos- se reunirán en un lugar adecuado, fuera de la iglesia hacia la cual va a dirigirse la procesión. Entretanto cantarán esta antífona (u otro cántico adecuado): Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.
Mientras tanto, en los hogares judíos, las familias probablemente se levanten a desayunar un poco mas tarde que otros domingos, porque el sábado a la noche celebraron con familia y amigos la cena de la primera noche de Pesaj. Esa cena, que conmemora la salida de los israelitas de la opresión (en Egipto), se podría decir que sigue una coreografía, ya que intercala canciones y dramatizaciones con los momentos en los que se come o bebe de acuerdo a un cierto orden litúrgico.
Cristianos y judíos conmemoramos de maneras diferentes –el mismo día- dos eventos distintos, pero vinculados entre sí de varias maneras. Que la última cena coincidiese con la noche de Pesaj no es una mera casualidad. Tiene que ver con que Jesús nació y vivió como judío, igual que todos Sus apóstoles, y la mayoría de Sus discípulos, así como fueron también judíos los de la multitud que con palmas en la mano lo recibió en Jerusalem. Pero es posible que no todo lo que hoy sabemos acerca de la Semana Santa se funde exclusivamente en la tradición judía.
La primera mención a la última cena es en una epístola de San Pablo a sus seguidores en Corinto, del año 54 d.C., que transmite una tradición que dice que recibió de Jesús: Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó una hogaza de pan, y después de dar gracias, la partió y dijo: 'Esto es mi cuerpo que es partido por vosotros. Haced esto en memoria mía'. De la misma manera, después de cenar, tomó también la copa, diciendo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre. Haced esto todas las veces que lo bebáis, en memoria de mí (1 Cor 11:23-25).
Estas palabras, que son parte de la Eucaristía, se repiten -con ligeras variaciones- en los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. Son el pilar del Evangelio cristiano: la humanidad se salva de los pecados gracias al cuerpo y la sangre sacrificados de Jesús. ¿Cuál es la probabilidad histórica de que esta tradición, basada en lo que Pablo "recibió" de Jesús, represente lo que Jesús dijo en esa última cena?
En cada comida judía se parte el pan, se comparte el vino y se dicen bendiciones sobre cada uno, pero la idea de comer carne humana y beber sangre, incluso simbólicamente, es completamente ajena al judaísmo. La Torá prohíbe específicamente el consumo de sangre, no solo para los israelitas sino para cualquier persona. A Noé y a sus descendientes, como representantes de toda la humanidad, se les prohibió comer sangre (Génesis 9:4). Moisés advirtió: "Si alguno de la casa de Israel o de los gentiles que habitan entre ellos come sangre, yo pondré mi rostro contra el que come sangre, y lo apartaré del pueblo" (Levítico 17:10).
Una Eucaristía ¿sin Trans-substanciación?
Santiago, el hermano de Jesús, menciona más tarde que uno de los requisitos necesarios para que los no judíos se unan a la comunidad de Sus discípulos es que no coman sangre (Hechos 15:20). Se refería a la de animales, porque consumir carne y sangre humanas era simplemente inconcebible. Este rechazo general a la idea misma de "beber sangre" ¿no hace improbable que Jesús hubiera usado tales símbolos?
Las visiones de San Pablo pueden, quizás, haber influido sobre los primeros discípulos judíos de Jesús, aunque cuando los doce apóstoles se reunieron -después de Su crucifixión-, insistieron en que para ser uno de ellos se tenía que haber estado con Jesús desde el tiempo de Juan el Bautista hasta el de Su crucifixión (Hechos 1:21-22). Ver visiones y oír voces no eran para ellos los criterios para reconocer a alguien como un apóstol de Jesús.
Es posible que San Marcos, una década después de que se escribiese 1Corintios, haya insertado lo de "comer mi cuerpo" y "beber mi sangre" en su Evangelio, influenciado por San Pablo. Tanto Mateo como Lucas basaron luego sus narraciones en la de Marcos, pero no hay evidencia de que los seguidores judíos de Jesús, liderados por Santiago desde Jerusalem, hayan practicado alguna vez algún rito de este tipo. Como todos los judíos, santificaban el vino y el pan como parte de una comida sagrada, y probablemente conmemoraban la última comida con Jesús, antes de que las tropas romanas lo crucificaran.
Mucho antes de que existiera el canon del Nuevo Testamento, antes de que circularan los Evangelios, el primer libro de los discípulos No Judíos de Jesús fue la Didajé,. cuyo título en griego significa "Enseñanza" (La palabra hebrea Toráh también significa enseñanza, o instrucción). Es un tipo de "manual de instrucciones" cristiano primitivo, probablemente escrito para que los candidatos al bautismo cristiano lo estudiasen. Tiene muchas exhortaciones éticas, pero también secciones sobre el bautismo y la Eucaristía, la comida sagrada del pan y el vino.
¡Y ahí es donde viene la sorpresa!: Con respecto a la Eucaristía dice: daréis gracias de la siguiente manera. Primero con respecto a la copa: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vid santa de David, tu hijo, que nos diste a conocer por medio de Jesús tu hijo. A ti sea la gloria por los siglos. Y con respecto al pan: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos diste a conocer por medio de Jesús tu hijo. A ti sea la gloria por los siglos. Nada sobre el milagro de la Trans-substanciación del vino y pan en sangre y carne.
Alrededor del año 72, cuando las tropas romanas arrasaron a Jerusalem y el emperador impuso un impuesto (el Fiscus Iudaicus) a todos los que vivían entre judíos o como judíos, la Didajé súbitamente cayó en desuso. Poco después fueron escritos los Evangelios canónicos y luego establecido el cánon del Nuevo Testamento, fuertemente atravesado por estas y otras ideas atribuidas a San Pablo.
Si, como lo entendió la cristiandad del primer siglo, Jesús no hubiese enseñado a Sus discípulos la esencia de la doctrina de la trans-substanciación, ¿qué fue lo que hizo que Su Magisterio iluminase a gran parte de la humanidad? Tal vez la respuesta esté en lo que narra el Evangelio según San Juan acerca de la última cena: que Jesús se sentó a la mesa, aparentemente a una comida judía ordinaria. Después de cenar, se levantó, tomó una palangana con agua y un paño, y comenzó a lavar los pies de sus discípulos enseñando con Su ejemplo cómo un Maestro debe actuar: como lo que es: un servidor, incluso de Sus discípulos.
Su Magisterio: El camino de la humildad
La tradición judía enseña que Moisés fue el mas humilde de los hombres, y que por eso nuestro Creador le eligió para que nos saque de Egipto y nos enseñe a los israelitas el camino de la libertad. Según el profesor Yoel Ben Arieh, Jesús vino para la parte de Israel que se apartó de ese camino y para los otros pueblos, para enseñarles el camino del retorno a la verdad, el que los hará libres. Me permito agregar: el camino que les enseñó es el que cada uno -sin importar desde donde esté comenzando a andar- recorre con humildad.
En cada uno de nosotros –tanto si celebramos Pesaj como si celebramos la Pascua- hay un Egipto y un Faraón y un Moisés y una Tierra Prometida. El motivo por el cuál decimos que todos hemos sido creados a Su imagen, es decir: que estamos dotados de un pequeño grado de libertad, es para recordar que podemos elegir elevarnos por encima de nuestros egos inflados. La humildad no consiste en pensar que uno vale menos que sus semejantes. La humildad consiste en entender que es mejor pensar menos en uno y más en los semejantes.
Pésaj Saméaj para unos y Felices pascuas para otros. Bendiciones y Shalom Shalom!