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di Aptekmann, Marcelo - Friday, 25 April 2025, 09:08
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Shalom Alejém, y Shláma Lah

¡Shalom Alejém(En hebreo:¡La Paz sea con Ustedes!).

Este sábado 26 de Abril el mundo acompañará espiritualmente las exequias del Papa Francisco, Q.E.P.D. Su magisterio se ha convertido -para muchos- en símbolo de diálogo, humildad y compromiso con los más vulnerables. Quiera nuestro Creador, el de todos, que ese símbolo ilumine los caminos a quienes queremos construir en el Diálogo.

El día siguiente, Domingo 27 de Abril –según el Leccionario- los cristianos estarán leyendo estos versículos del Evangelio según San JuanCuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. (Juan 20:19-20),

¿Por qué elijo detenerme en estos dos versículos? Porque cuando leo que el texto del Evangelio, dice que Sus discípulos estaban reunidos tras puertas cerradas ¡por miedo a los judíos!, pienso que estas palabras de las sagradas escrituras, que implícitamente parecen describirnos a los judíos como seres a quienes los apóstoles temían, tal vez no predispongan a la grey cristiana a abrirse al encuentro y al diálogo con los judíos. Obviar este problema en la lectura del Evangelio sería - para mí- como dejar de mencionar al elefante encerrado en la habitación.

¿Será para tanto?

Entiendo que alguno considerará que la cuestión de cómo son tratados los judíos no es la mas importante en la lectura de los Evangelios. Puede que este aspecto parezca anecdótico si lo comparamos con la trascendente enseñanza del amor cristiano, que es lo que verdaderamente debería convocar nuestra atención. Pero si la manera en que tradicionalmente se interpreta el texto que nos trae el Evangelio conduce a la grey cristiana a distanciarse de sus prójimos judíos, entonces la enseñanza del amor al prójimo queda entremezclada con otra enseñanza, que no debería impartirse en el nombre de Di-s.

A los católicos, desde el Concilio Vaticano segundo, les es impartida la enseñanza de que no se debe culpar a los judíos de todos los tiempos, ni a todos los judíos de aquel entonces, de los hechos que narran los Evangelios, que sucedieron en Jerusalem hace dos mil años. Pero esa enseñanza católica no explica por qué deberían los cristianos deponer la interpretación tradicional, que durante mas de 1500 años educó a los cristianos en el desprecio hacia los judíos.

En este sentido se podría argüir que la perimida interpretación tradicional contribuyó a preparar el terreno para la siembra del odio contra los judíos, que es contrario a Su Magisterio de amor. También se podría decir que al presentar al Magisterio de Jesús como ajeno a la cosmovisión judía, como algo propio de una cristiandad definida por oposición a la identidad judía, se dificulta la posibilidad de nutrir la fe cristiana en las fuentes de la tradición judía.

Personalmente considero que son dos motivos muy válidos para deponer la interpretación tradicional. Lamentablemente, los buenos motivos no alcanzan para garantizar buenos resultados. Tantos siglos de machacar con la interpretación que señala a los judíos como seres temibles, ¿no han generado una especie de saber popular, que por inercia va a persistir, aunque mas no sea como un dejo de desconfianza Universal hacia los judíos?

Se puede enseñar de qué manera no deben interpretarse ciertos versículos, como adecuadamente lo hace la Iglesia Católica desde 1965. Además se podría fundamentar esta nueva consigna con razones morales y espirituales, como las recién mencionadas. Incluso se podría cuestionar la coherencia de la enseñanza de que los judíos son culpables y dañinos mediante un análisis racional del texto: los discípulos de Jesús estaban reunidos por miedo a los judíos.

¿Acaso no eran también judíos tanto Sus discípulos, como Jesús mismo? Entonces, a menos que se tuviesen miedo a sí mismos o a Jesús, es evidente que no le tenían miedo a todos los judíos, algo que el redactor humano del texto del Evangelio podría haber tenido mas en cuenta. ¿A quiénes hubiera sido lógico que les tuvieran miedo los  apóstoles? ¿Quizás a las tropas romanas, que no veían en los discípulos de Jesús mas que a un grupo de revoltosos judíos y que eran las que por esa época andaban crucificando a miles de judíos?

Escrito está, pero ¿cómo lo leemos?

Pero no corresponde que re-escribamos el texto de La Biblia. Ha llegado a nosotros así como la tenemos, y podemos aceptarla respetuosamente, pero sin renunciar a leerla de otro modo. Aunque la tradición interpretativa cristiana persista inercialmente en la consigna des-judaizante, no es necesario que nos apeguemos a ella. La tradición interpretativa no es parte del credo y no es necesario defenderla dogmáticamente, como lo ha demostrado el Concilio Vaticano II.

Es necesario que aprendamos a interpretar las Sagradas Escrituras de una manera nueva. Eso no es nada sencillo, porque para hacerlo primero hay que desprenderse del antiguo paradigma interpretativo. No es un trabajo fácil, pero la recompensa es potencialmente muy alta: abre el camino a devolverle a los discípulos de Jesús el camino de Su amor a Su pueblo, y el camino de un amor pleno al Di-s de Israel.

Leamos el texto: Estaban reunidos, tras puertas cerradas, prisioneros del miedo. Miedo ¿a los judíos? ¿o miedo a sufrir humillaciones torturas y muerte, como su Maestro? Por algún motivo el autor humano de esas líneas, escritas después del año 80, eligió escribir que a lo que los apóstoles le temían era a los judíos. Me imagino cuál sería ese motivo, pero dejémoslo de lado por el momento. Lo importante es que, según el Evangelio, después de Su resurrección, ni las paredes ni las puertas cerradas Le impidieron estar en medio de ellos y traerles Paz.

La Palabra que les dio cuando estaban presos del miedo fue Paz a Ustedes. Hoy en día -en hebreo- Paz a Ustedes se dice Shalom Alejem. En Sus días, en idioma arameo (que era la lengua vernácula de entonces) se pronunciaba Shlama Lah. Es una frase afectuosa y tranquilizadora, que hizo que se regocijaran y Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros (Juan 20:21).

¡Lo esencial del magisterio de Jesús no es que haya que temer a los judíos, y tampoco fue que había que temer a algunos de entre los judíos de Su época! ¡Lo trascendente de Su enseñanza es que no hay que temerle a la muerte! Por eso se aparece en medio de ellos (¿en el centro de cada uno? ¿En su espíritu?) y con una frase afectuosa y Su presencia luminosa les da Paz (de la que brota desde adentro).

Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.  Y habiendo dicho esto, sopló dándoles una nueva vida, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo(Juan 20: 21-22) La fe de Jesús en el Padre es la que ofrece transmitir a Sus discípulos, a los que invita a que ellos también sean Sus enviados, identificándose con Él. Con el milagro de la resurrección les ayuda a entender que no es necesario que teman, así como Él (Jesús) no temió.

En cada ser hay una chispita de la Luz Infinita

En la frase Habiendo dicho esto, sopló dándoles una nueva vida, (Juan 20: 22ª), percibo una alusión al hálito de la vida que Hashem, nuestro creador, le otorga a Adam en Génesis 2:7. Pero cuando Luego les dijo: Recibid el Espíritu Santo (Juan 20:22b), la alusión ya no es a las escrituras judías, sino a Su propio Magisterio, al consuelo que les había prometido unos días antes de partir: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. (Jn 14:16-17)

El espíritu Santo que les invita a recibir es el de verdad, el que el mundo no puede recibir porque no lo ve (y no conoce lo que no ve), pero ellos –Sus discípulos- si lo conocen, porque lo llevan y sienten dentro de sí mismos, y aunque no puedan verlo saben que está allí, porque desde dentro de ellos ilumina todo lo que está fuera de ellos y con los ojos ven el mundo bajo una nueva luz.

Ojalá nuestro Padre, el de todos (aún el de quienes no saben que por Él han sido creados) ayude a cada uno de nosotros, a iluminar las noches dentro de las que nos encerramos junto con el miedo. Ojalá que nuestro creador nos conceda la gracia de ver la Paz brotar tiernamente desde un punto de amor puesto en medio de nosotros. De cada uno de nosotros.

En este Domingo, en el que el mundo se despide de la presencia física del Papa Francisco, Q.E.P.D., y mientras seguimos todos alegremente recalentando al planeta, y mientras multitudes siguen preparándose para la locura de la guerra, ojalá que las chispas de luz de verdad, iluminen desde adentro a cada uno de nosotros, para que no temamos y acertemos a dar el paso correcto, el de la Paz. Paz.

Shalom Shalom