Aptekmann, Marcelo
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Este domingo 8 de junio de 2025 es la fiesta de Pentecostés, con la que los cristianos conmemoran la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles (Hechos capítulo 2). Celebra el 50 y último día de la temporada de Pascua. Es una fecha cercana a la celebración de Shavuot, que la colectividad judía festeja –este año- entre el atardecer del domingo 1 de junio y la noche del martes 3 de junio de 2025.
En los días de Jesús, antes de que las tropas romanas destruyeran el Templo de Jerusalem, el ritual principal de Shavuot consistía en llevar los “primeros frutos” de la cosecha agrícola como ofrenda al Templo. Shavuot -en aquel entonces- todavía no era popularmente entendida como celebración de la entrega y recepción de la Torah en el Sinaí. Aunque el Libro de los Jubileos (siglo II a.e.c.) ya hace esa conexión, los autores de la época -como el historiador Flavio Josefo y el pensador Filón de Alejandría- no mencionan la teofanía en el Sinaí en sus descripciones de la celebración.
La primera referencia de un maestro rabínico a la conexión entre Shavuot y la entrega de las Tablas de la Ley es un comentario del Rabi Eleazar Ben Pedat, del siglo III e.c. que se encuentra en el Talmud (B. Pesajim 68b). La literatura rabínica califica a Shavuot de Atzeret, un término bíblico que significa “asamblea sagrada,” o quizás más específicamente: “asamblea de cierre del festival.” El uso del término Atzeret enfatizaba el vínculo con el festival (de los panes no leudados) iniciado cincuenta días antes, tratando a Shavuot como su final postergado.
San Pablo y los Apóstoles festejaban Shavuot
Hacia el final del período del Segundo Templo, San Pablo menciona Shavuot en su Primera Carta a los Corintios. Pablo, un judío (ver Hechos 23:6, Soy fariseo, hijo de fariseos), dedicó su ministerio a incluir a no judíos (las ovejas perdidas de la casa de Israel y los gentiles que se les sumasen) entre el rebaño de lo que ahora llamamos primeros cristianos, incluyendo comunidades que ayudó a establecer fuera de la Tierra de Israel, como la de Corinto, en Grecia.
Al escribirles cuándo planea visitar Corinto nuevamente, Pablo informa a la gente de Corinto que celebrará Shavuot ese año en la comunidad de Éfeso (actualmente en Turquía): No quiero verlos ahora solo de paso, pues espero pasar algún tiempo con ustedes, si el Señor lo permite. Pero me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés (1Corintios:7-8). La palabra griega Pentecostés (πεντηκοστῆς) significa 'quincuagésimo', refiriéndose al conteo de cincuenta días desde el festival de los panes no leudados, que comenzaba a celebrarse al día siguiente a Pesaj.
El término πεντηκοστῆς era estándar entre los judíos de habla griega, apareciendo en obras que preceden a las de San Pablo, como Tobit (2:1) y 2 Macabeos (12:32). La referencia casual de Pablo a con quiénes pasará Shavuot muestra que la celebración de Shavuot/Pentecostés era parte del ciclo de festivales en estos grupos cristianos primitivos.
Cómo lo narra Hechos de los Apóstoles
Hechos de los Apóstoles, un texto escrito una o dos generaciones después de San Pablo cuenta cómo, en el Shavuot siguiente a la crucifixión de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre sus discípulos: De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse (Hechos 2: 2-4).
La primera lectura del domingo 8 es justamente el fragmento de Hechos que incluye este texto y que además luego dice: En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. (Hechos 2:6). La primera lectura finaliza afirmando que los judíos devotos dicen de los apóstoles: cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua (Hechos 2:11b).
Cómo lo ve San Pablo
El Espíritu Santo que se posa sobre ellos autentifica que Di-s les acepta al concederles el milagro de hablar espontáneamente en idiomas extranjeros. Si esta historia que narra Hechos tiene una base histórica, es posible que se tratase de la glosolalia—emitir sonidos incomprensibles, expresando la alegría y el placer del hablante-. La historia probablemente fue re-interpretada y presentada como algo milagroso, porque Pablo en su carta a los corintios San Pablo criticaba la glosolalia, al escribir que puede ser egocéntrica y menos que la profecía.
Fomenten este amor y anhelen los dones espirituales, pero sobre todo el don de profetizar. Porque el que habla en lenguas, en realidad no habla con los demás, sino con Dios. Nadie entiende lo que dice, pues habla secretos por medio del Espíritu. Pero el que profetiza, habla a los demás para darles fuerzas, ánimo y consuelo. El que habla en lenguas se fortalece a sí mismo, pero el que profetiza fortalece a toda la iglesia. Me gustaría que todos ustedes pudieran hablar en lenguas, pero me gustaría más que todos pudieran profetizar... (1 Corintios 14:1-4).
San Pablo contrasta la glosolalia con la palabra que da enunciados significativos, que, según él, deben ser preferidos porque edifican a otros y no solo al hablante. La re-interpretación del evento en el libro de los Hechos, que lo presenta como una fluidez milagrosa en idiomas extranjeros, quizás fue para distanciar el relato de lo que ocurrió con los discípulos de Jesús de la glosolalia que San Pablo critica.
Sin embargo, la conexión entre Pentecostés y la glosolalia persiste, especialmente en el movimiento pentecostal moderno, cuyo nombre se inspira en la versión de la historia de los apóstoles que nos trae el libro Hechos, ya que los miembros de iglesias pentecostales continúan practicando la glosolalia hasta el día de hoy.
Para cuando se compuso Hechos, Shavuot probablemente ya era entendido por muchos judíos como el festival que conmemora la revelación en el Sinaí. Por lo tanto, la historia de los discípulos de Jesús recibiendo el Espíritu Santo en Pentecostés reinterpreta el festival de Shavuot como una celebración de este nuevo orden religioso. Al mismo tiempo, los cristianos continúan reconociendo la importancia de los Diez Mandamientos como base de la moralidad, y las liturgias cristianas para Pentecostés a veces incluyen el relato del Éxodo sobre la revelación en el Sinaí, en una clara referencia a la comprensión rabínica de Shavuot.
En los albores del cristianismo, Pentecostés se celebraba como el “sello” (σφραγίς) del período de 50 días de celebración (de Pascua), atestiguado por primera vez a finales del siglo II d.C., especialmente en el norte de África y en algunas partes de las iglesias orientales. Más tarde, fueron designados días específicos dentro de este período como festivales distintos, con sus propias liturgias, cada uno conmemorando un evento diferente tras la crucifixión de Jesús: La Pascua de resurrección, la Ascensión de Jesús, y Pentecostés.
Fue así que Pentecostés dejó de ser el punto final de una temporada y pasó a ser un día de celebración por el don del Espíritu Santo (como narra Hechos 2). Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica, y muchas iglesias protestantes, han vuelto a ver los cincuenta días que siguen al Día de Pascua como una temporada que concluye con el Domingo de Pentecostés, en lugar de ver a Pentecostés como una festividad independiente (sobre la venida del Espíritu Santo). Esto acerca de nuevo la visión cristiana de Pentecostés a la visión judía de Shavuot.
Nadie dice que el emitir sonidos desarticulados, que ningún mensaje comunican a otros, sea algo malo. Pero también la lectura del Evangelio del domingo 8 de Junio nos enseña que por encima de ser una expresión in-inteligible de la conexión con el Espíritu Santo, la Palabra es importante: Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió. (Juan 14: 24b).
En mi opinión, nos haría bien a todos considerar que nos hemos hecho un mundo en el que se valora más hablar más fuerte o hablar primero que decir la verdad; un mundo donde la desinformación es tanta que parece que la verdad verdadera ya no merece ocupar un lugar. En este mundo babélico de algoritmos, diseñados para categorizar y dividirnos con fines de marketing, bienvenida sea la necesaria enseñanza de San Pablo acerca de la Palabra plena, constructiva, superior a la mera emisión de sonidos, para volver a calibrar nuestra visión de quiénes somos, para qué estamos.
Que tengas una bendecida semana.