Blogeinträge von Aptekmann, Marcelo

von Aptekmann, Marcelo - Thursday, 21. November 2024, 15:32
Weltweit öffentlich

Su Inminencia


Shalom!

El próximo Domingo 24 de noviembre, según el Leccionario, en las Iglesias se leerá un fragmento del Evangelio de San Juan: En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? (18, 33b-34).

¿Por qué le preguntaba Pilato a Jesús si Él se presentaba a Sí mismo el Rey de los judíos? Porque los Romanos consideraban que cualquier habitante de los territorios sometidos militarmente por el Imperio Romano le debían lealtad en primer lugar al Imperio, y que por lo tanto cualquiera que se proclamase Rey –sin el permiso de las autoridades romanas-, sería considerado un insurrecto.

En este punto del texto del Evangelio hay una sutil alusión, un irónico eco, a lo que poco antes nos narró. Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo. (Juan 6:15).

Ese contexto político (de una cruenta ocupación militar) es clave para entender qué significó en un primer momento la Palabra que encontramos en el Evangelio, por más que esa Palabra pueda luego ser interpretada de muchas maneras.

Para que entender el contexto cultural e histórico en el que sucedieron los hechos narrados por el Evangelio sea para los cristianos una posibilidad de fortalecer su identidad en la fe, es necesario que este Diálogo entre judíos y cristianos cuide y nutra la identidad cristiana, sin cuestionar lo fundamental de su fe: ¡el credo! Esto se vuelve particularmente en ciertos momentos de la lectura compartida, en la conversación sobre ciertas interpretaciones tradicionales que en el pasado definieron las identidades de unos y otros.

Pilato replicó: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho? (Juan 18:35). En este fragmento del Evangelio, así como nos ha llegado, Pilato sugiere una amplia participación del pueblo judío de la época para entregar a Jesús al gobernador militar romano, enfocándose en los judíos como culpables… ¡de que los Romanos lo crucificasen!, lo que sirvió –durante siglos- de punto de apoyo para la enseñanza del desprecio contra los judíos.

Más allá de esa interpretación antijudía -que históricamente fue parte importante de la tradición interpretativa cristiana, pero no del credo-, está la respuesta de Jesús: Jesús le contestó: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero Mi reino no es de aquí. (Juan 18:36).

La frase Mi reino no es de este mundo puede ser entendida como un claro argumento de Jesús para que Pilato no le considere una amenaza política, pero el comandante militar no puede ver no puede ver la verdad, aunque la tenga delante de sus ojos. Lo que escucha, con la indiferencia de un funcionario indiferente, acostumbrado a condenar a miles de judíos a la crucifixión, es que Jesús ¡tiene un reino!


Pilato le dijo: Conque, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. La respuesta de Jesús también puede ser interpretada como que está diciendo que eso de que Él sea Rey, corre por cuenta de Pilato. El reino que le concierne no es de este mundo. Si ha venido a este mundo es solamente para ser testigo de la verdad.

Sin embargo, pese a la oposición de Jesús a que Pilato le considere un Rey, la primera lectura del Leccionario, referida al Evangelio, parece guiarnos a que veamos a Jesús como un Rey: Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin. (Daniel 7:13-14)

¿Es correcta la interpretación de la profecía de Daniel, que lo presenta a Jesús como un Rey con poder real y dominio? La interpretación no tiene por qué ser una solamente. No hay necesariamente un conflicto implícito en que las profecías del libro de Daniel sean interpretadas de uno o más modos en la tradición cristiana y de otros modos en la tradición judía. No habrá conflictos si unos y otros aceptamos que lo que desde nuestra fe vemos que es verdad, no necesariamente sea visto así por otros

Las profecías del libro de Daniel, en la tradición interpretativa judía, pueden ser entendidas como expresión de una angustiante sensación de un calamitoso fin de los tiempos en la época inmediatamente anterior a la rebelión de los Macabeos contra la tiranía de los soberanos helenistas de Siria, que pretendían erradicar el culto judaico tradicional.

Es, por lo tanto, la versión más antigua de la historia de Janucá, contada en forma de una visión apocalíptica. Contiene descripciones de las persecuciones de Antioquía. La visión del capítulo 7 fue compuesta en un momento en que la salvación solo podía imaginarse a través de la intervención divina directa, y no a través de la agencia humana.

El texto no es claro y explícito, y solamente menciona a un hijo de hombre que, en la tradición interpretativa rabínica, es Moisés –y no Jesús-. ¿Por qué Moisés? Porque el hombre Moisés era muy humilde, más que todos los hombres sobre la faz de la tierra. Aunque Moisés conocía su propia grandeza, y todo el poder que le fue dado, sin embargo, seguía siendo el más humilde de los hombres.

Tiene sentido que los cristianos gentiles de hoy vean en la visión de Daniel una prefiguración de Jesús, si lo ven a Jesús como una especie de nuevo Moisés, alguien que establece una Alianza entre ellos y Hashem. Una nueva Alianza, diferente de la del Sinaí, cuyas cláusulas aplican para los judíos, pero no para los cristianos gentiles, las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Quien sabe, quizás ahora que finalmente ha sido refundado el país de los judíos, tal vez ya estemos tan cerca de los tiempos mesiánicos que le único que falta es una única buena acción más. Solamente una, ofrecida con amor y humildad. Tal vez solamente eso sea lo que separe al mundo del reino de nuestro creador. Por las dudas, no te prives de realizarla, es lo que nos enseña la tradición rabínica.

Shalom Shalom!

[ Geändert: Thursday, 21. November 2024, 15:42 ]