Diciembre
Domingo 11 - 3º de Adviento
Domingo 11
3º de Adviento. Morado o Rosado
No se dice Gloria. Credo. Prefacio de Adviento I, II o V, pp. 6-7. Semana 3ª de Adviento. Semana III del Salterio. (San Dámaso I, papa).
Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Martín Fassi, obispo de San Martín.
Antífona de entrada Cf. Flp 4, 4. 5
Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense, pues el Señor está cerca.
Al encender la tercera vela de la Corona de Adviento
Lector: Por medio de Juan Bautista, Dios nos pide que allanemos los caminos para que venga el Señor que esperamos.
Sacerdote: Señor, muchos obstáculos impiden que llegues a nuestra vida: la desunión, las mentiras, la inseguridad, los atropellos a la dignidad humana. Que tengamos la humildad de abajarnos, como Juan bautista, para recbirte.
Todos: Aquí estamos, Señor, para recibirte. ¡Ven, Señor Jesús!
Oración colecta
Dios y Padre nuestro, que acompañas bondadosamente a tu pueblo en la fiel espera del nacimiento de tu Hijo, concédenos festejar con alegría su venida y alcanzar el gozo que nos da su salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
1ª Lectura Is 35, 1-6a. 10
Lectura del libro de Isaías.
¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa! ¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes; digan a los que están desalentados: “¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: Él mismo viene a salvarlos”. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos, entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría; la tristeza y los gemidos se alejarán.
Palabra de Dios.
Comentario
La profecía resuena como un jubiloso canto de esperanza. La presencia de Dios transformará todo: personas, entorno y naturaleza; todo y todos manifestarán la vida plena que viene de Dios. Así anuncia el profeta los tiempos mesiánicos, que serán tiempos de una nueva creación.
Salmo Sal 145, 6-10
R. Señor, ven a salvarnos.
El Señor mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.
El Señor abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor ama a los justos, y protege a los extranjeros. R.
Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.
2ª Lectura Sant 5, 7-10
Lectura de la carta de Santiago.
Tengan paciencia, hermanos, hasta que llegue el Señor. Miren cómo el sembrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardando pacientemente hasta que caigan las lluvias del otoño y de la primavera. Tengan paciencia y anímense, porque la venida del Señor está próxima. Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.
Palabra de Dios.
Comentario
En estos tiempos vertiginosos, en que todos queremos soluciones instantáneas, la Palabra nos inculca saber esperar. Hay procesos y cambios que llevan tiempo, como la germinación de una semilla. Son cosas que escapan a la posibilidad humana y que la eterna sabiduría administra de un modo que no entendemos. Conocemos poco sobre los tiempos de Dios, pero sabemos que él realiza en la historia sus promesas.
Aleluya Is 61, 1
Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; él me envió a llevar la buena noticia a los pobres. Aleluya.
Evangelio Mt 11, 2-11
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!”. Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: “¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver, entonces? ¿A un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquél de quien está escrito: ‘Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino’. Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él”.
Palabra del Señor.
Comentario
¿Qué efectos provoca la presencia de Jesús? Sanación, liberación, perdón, vida nueva. Estos son los signos para saber si él está presente en medio de nosotros. Estos son los signos para discernir si nuestra fe es auténtica y se traduce en obras o es solo una careta hipócrita. Juan Bautista, como profeta, también esperaba con ansias la realización efectiva del Reino de Dios. Y nosotros hoy, como profetas y seguidores de Cristo, seguimos anunciando el Reino y haciendo los gestos concretos de caridad y justicia para que el Reino venga.
Oración sobre las ofrendas
Ayúdanos, Padre, a ofrecerte este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos debidamente lo que tú mismo nos mandaste celebrar y obtengamos la plenitud de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Cf. Is 35, 4
Digan a los que están desalentados: “Sean fuertes, no teman, nuestro Dios viene y nos salvará”.
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, imploramos tu clemencia para que la fuerza de este alimento divino, liberándonos de todo pecado, nos prepare para la celebración del nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
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