Diciembre
Domingo 18 4° de Adviento
Domingo 18
4° de Adviento. Morado.
No se dice Gloria. Credo. Prefacio de Adviento III o IV, p. 6. Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Ricardo Orlando Seirutti, obispo auxiliar de Córdoba.
Antífona de entrada Cf. Is 45, 8
Envíen los cielos el rocío de lo alto, y las nubes derramen la justicia. Abrase la tierra y brote el Salvador.
Al encender la cuarta vela de la Corona de Adviento
Lector: Dios, para que nazca su Hijo entre nosotros, eligió a la más bella de las mujeres: María. Ella recibió a Jesús haciéndose servidora y él será el servidor de todos, cuando dé su vida por amor.
Sacerdote: Dios nuestro, queremos agradecerte porque pusiste tu mirada de amor en María, de la cual nació el Salvador. Como ella, queremos hacer lo que nos mandas: amar sin límites, para que nazca Jesús en nuestra historia.
Todos: Señor, que se geste en nosotros tu Palabra. ¡Ven, Señor, no tardes!
Oración colecta
Señor, derrama tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, a la gloria de la resurrección. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
1ª Lectura Is 7, 10-14
Lectura del libro de Isaías.
El Señor habló a Ajaz en estos términos: “Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas”. Pero Ajaz respondió: “No lo pediré ni tentaré al Señor”. Isaías dijo: “Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel”.
Palabra de Dios.
Comentario
El profeta habla de un signo: una joven dará a luz y ese hijo hará presente a Dios en la tierra, entre los hombres. La profecía irrumpe sobre la pretensión del hombre de no necesitar signos, mostrando que Dios presentará un signo que no es evidente a los ojos de los poderosos. Y así son los signos de Dios, sólo evidentes desde lo pequeño, porque sólo los pequeños pueden ver con claridad lo que Dios hace en este mundo.
Salmo Sal 23, 1-6
R. Va a entrar el Señor, el rey de la gloria.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos. R.
Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.
2ª Lectura Rom 1, 1-7
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.
Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos. Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para gloria de su Nombre, a todos los pueblos paganos, entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo. A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, lleguen la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
Comentario
La promesa de salvación no abarca sólo al pueblo de Israel. San Pablo deja en claro a los romanos que ellos, aún siendo de un pueblo extranjero y de origen pagano, también estan llamados a vivir la fe en Jesús; porque Dios no ha querido ser limitado, reduciendo su acción a un solo grupo o a una sola nación. Cristo es Señor de todo el mundo, y nadie queda excluído de su llamado.
Aleluya Mt 1, 23
Aleluya. La virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, Dios con nosotros. Aleluya.
Evangelio Mt 1, 18-24
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Palabra del Señor.
Comentario
José escucha la palabra del ángel, que es como escuchar a Dios mismo. Que no comprenda no significa que no actúe y que se ponga en movimiento. No siempre entendemos a Dios, ni lo que nos pide, ni sabemos hacia dónde van sus proyectos. Pero si nos entregamos a él, seguramente es para nuestro bien y el de nuestros hermanos.
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Padre, que el mismo Espíritu que fecundó con su poder el seno de María, la Virgen Madre, santifique estos dones que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Is 7, 14
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel.
Oración después de la comunión
Después de recibir el anticipo de nuestra redención eterna, te rogamos, Dios todopoderoso, que cuanto más se acerca el alegre día de la salvación, tanto más se acreciente nuestro fervor para celebrar dignamente el misterio del nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
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