Salmos de Meditación

Vamos ahora a trabajar y reflexionar con los salmos de meditación. Tal vez los más conocidos son “El Señor es mi pastor” (Salmo 22), “Tu Palabra es la Verdad” (Salmo 18), entre otros, que son salmos que llevan una gran sabiduría acumulada.
Aprenderemos sobre las características de la meditación cristiana.
Veremos como acompañar los salmos con el teclado o con el órgano.
También valoraremos el modo de cantarlos que nos enseñó José Gelineau y el Padre Osvaldo Catena

¿Qué es Meditar?

Catecismo de la Iglesia Católica 

2723 La meditación es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida.

2724 La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amoroso. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio.

Congregación para la doctrina de la fe: carta a los obispos de la iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana* (15 de octubre de 1989) 

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19891015_meditazione-cristiana_sp.html

 4. La misma Biblia enseña cómo debe rezar el hombre que recibe la revelación bíblica. En el Antiguo Testamento se encuentra una maravillosa colección de oraciones, mantenida viva a lo largo de los siglos en la Iglesia de Jesucristo, que se ha convertido en la base de la oración oficial: el Libro de los Salmos o Salterio. Oraciones del tipo de los Salmos aparecen ya en textos más antiguos o resuenan en aquellos más recientes del Antiguo Testamento. Las oraciones del Libro de los Salmos narran sobre todo las grandes obras de Dios con el pueblo elegido. Israel medita, contempla y hace de nuevo presentes las maravillas de Dios, recordándolas a través de la oración.

11. La meditación cristiana busca captar, en las obras salvíficas de Dios, en Cristo, Verbo encarnado, y en el don de su Espíritu, la profundidad divina, que se revela en el mismo Cristo siempre a través de la dimensión humana y terrena. Por el contrario, en aquellos métodos de meditación, incluso cuando se parte de palabras y hechos de Jesús, se busca prescindir lo más posible de lo que es terreno, sensible y conceptualmente limitado, para subir o sumergirse en la esfera de lo divino, que, en cuanto tal, no es ni terrestre, ni sensible, ni conceptualizable [técnicas semejantes han sido descritas y rechazadas por santa Teresa de Jesús. Observa ésta agudamente que "el mismo cuidado que se pone en no pensar en nada despertará la inteligencia a pensar mucho" y que dejar de lado el misterio de Cristo en la meditación cristiana es siempre una especie de "traición" (cf. Santa Teresa de Jesús, Vida 12, 5 y 22, 1-5).

... en su tiempo debió rechazar la tentación de ciertos métodos que invitaban a prescindir de la Humanidad de Cristo en favor de un vago sumergirse en el abismo de la divinidad. Esta tendencia, presente ya en la tardía religiosidad griega (sobre todo en el «neoplatonismo»), se vuelve a encontrar en la base de la inspiración religiosa de muchos pueblos, en cuanto que reconocieron el carácter precario de sus representaciones de lo divino y de sus tentativas de acercarse a él.

 Francisco: exhortación apostólica Gaudete et exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual

http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html 

29. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. ¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso, pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios? En algún momento tendremos que percibir de frente la propia verdad, para dejarla invadir por el Señor, y no siempre se logra esto si uno «no se ve al borde del abismo de la tentación más agobiante, si no siente el vértigo del precipicio del más desesperado abandono, si no se encuentra absolutamente solo, en la cima de la soledad más radical» [Carlo M. Martini, Las confesiones de Pedro, Estella 1994, 76]. 

Padre Mamerto Menapace, en “Las abejas de la tapera” 

Misterio de los salmos. Coplas que al igual que un grito, tienen la capacidad de despertar lo que hay de dormido en el alma. Y puede llegar a suceder que incluso sea tremendamente más rico mi salmo en el alma de aquel que lo vuelve a rezar en su historia y paisaje propio. Para ello basta con que tenga un paisaje más rico en respuesta de lo que lo es el mío.

Si dejo soplar el viento del Espíritu sobre mi vida, y si entro a escucharlo, habrá en mí y para los demás un cántico nuevo. El mío.

El hombre es paisaje que anda. De ahí que un mismo salmo vaya creciendo al ir rodando tiempo adentro con uno mismo. Como se van enriqueciendo de arcillas los ríos que aceptan correr hacia el mar.

Atahualpa dice en uno de sus hermosos salmos:

“Yo sé que un mismo destino
lleva el fin de nuestro viaje,
que cuando el hombre sea libre,
no tendrá dueño el paisaje.