2. El Misterio de la Elección Divina: Rom 9,1-18

2.2. Israel y la elección divina (9,6–13)

[6–13] La enumeración de los dones o privilegios que Dios otorgó a Israel introduce la declaración del versículo 6a: “No es que la palabra de Dios haya fallado”. Pablo se dispone a “defender” la fidelidad de Dios hacia Israel.

Rom 9,6-13:

6 No es que haya fallado la palabra de Dios; es que no todos los descendientes de Israel son Israel*, 7 ni todos son hijos por ser descendientes de Abrahán. Dios le dijo: Por Isaac llevará tu nombre una descendencia; 8 es decir: no son hijos de Dios, sin más, los hijos nacidos según la carne, sino los hijos de la promesa; ésos son considerados verdadera descendencia. 9 Porque éstas son las palabras de la promesa: Por este tiempo volveré; y Sara tendrá un hijo. 10 Pero hay más. Rebeca concibió de un solo hombre, de nuestro padre Isaac. 11 Ahora bien, antes de haber nacido sus hijos, y cuando no habían hecho ni bien ni mal —para que se mantuviese la libertad de la elección divina, 12 que no depende de las obras, sino del que llama—, le fue dicho a Rebeca: El mayor servirá al menor, 13 como dice la Escritura: Amé a Jacob y rechacé a Esaú.

La tesis del discurso de Pablo es que “la palabra de Dios no ha fallado” (9,6a). Para demostrarlo, Pablo recurre a la Escritura.

No todo Israel es Israel (Rm 9,6b-29)

Si la primera parte del v. 6 constituye la tesis principal de 9,1-11,36, la segunda parte (en la que se precisa que no todo Israel es Israel) es lo que Pablo se propone demostrar en 9,7-29. A primera vista, se podría sostener que distingue al Israel según la carne o étnico del Israel espiritual que, para algunos, se identifica con la Iglesia.

En realidad, el entrelazado de las citas del AT en 9,7-29 orienta hacia un camino diverso: la identidad de Israel se determina en base a la elección y no por la pertenencia étnica. La siguiente composición en quiasmo de 9,7-29 permite adentrarse en uno de los capítulos más complejos de Romanos (A. Pitta 2013, 259):

(a) Israel y la elección (vv. 7-13);

(b) la justicia y la misericordia divina (vv. 14-18);

(b1) la ira y la misericordia divina (vv. 19-23);

(a1) la llamada de los judíos y de los Gentiles (vv. 24-29).

 

El argumento de Pablo basado en las Escrituras

Romanos 9,1–29 proporciona las bases teológicas para el argumento que Pablo desarrollará en Rom 9–11. Consciente de que el destino de Israel está íntimamente relacionado con la cuestión de la justicia de Dios, Pablo argumentará que los caminos de Dios no han cambiado. Por el contrario, la forma en que Dios está tratando actualmente con Israel y los gentiles es la misma manera en que siempre ha tratado a Israel: por elección divina. Así, Pablo defiende la integridad y consistencia de Dios recordando a su audiencia el misterio de la elección divina que ha caracterizado la historia de Israel desde su inicio.

Para defender a Dios—quien no necesita defensa humana, pues el Creador no rinde cuentas a la criatura—Pablo recurre a la propia palabra de Dios tal como se encuentra en las escrituras de Israel. Así, después de una escasez de citas directas de las Escrituras en los capítulos 5–8, que Pablo concluyó con una cita de Salmo 43,23 LXX (44,22) en Rom 8,36, el apóstol emplea una serie de citas escriturales en Rom 9–11 para explicar y “defender” la fidelidad de Dios hacia Israel.

El número de citas directas de las escrituras de Israel que Pablo utiliza en estos capítulos—sin mencionar las alusiones a las Escrituras—subraya su profunda y sostenida reflexión sobre las escrituras de Israel. En lugar de proporcionar su propia solución a la pregunta sobre el destino de Israel, entonces, Pablo se vuelve a la palabra de Dios para descubrir el plan eterno de Dios tal como está inscrito en las escrituras de Israel, un plan revelado en Cristo. (Matera, Romans, 2010, 214ss).

El rico argumento de Pablo se apoya en las Escrituras más densamente que en cualquier otro lugar de esta o de cualquiera de sus cartas (ver Wagner 2011, 155–57), pero no siempre lee las Escrituras de una manera predecible. Molesta a sus oyentes, llevándolos al borde de la convicción de que Israel ha sido rechazado, solo para rechazar esa convicción de plano. Incita a la audiencia a concluir que el problema es Israel, solo para atacar a su audiencia mayoritariamente gentil por su arrogancia, una preocupación que persiste en los capítulos posteriores de la carta (ver 12,3, 16; 14,10). (ver Gaventa 2023).

Examinando la manera en que emplea las Escrituras, los autores han documentado las formas en las que el apóstol vuelve a leer y contar la historia de Israel a través de la lente de las Escrituras para mostrar a sus lectores el propósito perdurable de Dios al elegir a Israel y llamar a gentiles, así como a judíos a formar parte del pueblo restaurado de Dios.[1]

 

¿Como utiliza Pablo las escrituras de Israel?

Antes de seguir el hilo del pensamiento de Pablo en 9,1-29, será útil adelantar cómo utiliza las escrituras de Israel en el argumento de este capítulo. En 9,6-13, una unidad en la que Pablo revisa el proceso electivo de Dios en nombre de Israel, el apóstol emplea cuatro citas. Estas citas (tres de las cuales provienen del Génesis) se centran en el período patriarcal. Aunque Pablo cita las escrituras de Israel en griego y tiende a seguir la Septuaginta (LXX)[2].

En 9,7 la citación es del Genesis 21,12: (expulsión de Agar e Ismael)

12 pero Dios dijo a Abrahán: «No lo sientas ni por el chico ni por tu criada. Haz caso a Sara en todo lo que te dice, pues, aunque en virtud de Isaac llevará tu nombre una descendencia, 13 también del hijo de la criada haré una gran nación, por ser descendiente tuyo.» 

Seguidamente, en 9,9 Pablo cita de material encontrado en Gen 18,10, 14. Observemos el contexto más amplio del pasaje (Gen 18,9–15): (Teofanía de Mambré)

9 le dijeron: «¿Dónde está tu mujer Sara?» —«Ahí, en la tienda», contestó. 10 Dijo entonces aquél: «Volveré sin falta a ti pasado el tiempo de un embarazo, y para entonces tu mujer Sara tendrá un hijo.» Sara lo estaba oyendo a la entrada de la tienda, a sus espaldas. 11 Abrahán y Sara eran viejos, entrados en años, y a Sara se le había retirado la regla de las mujeres. 12 Así que Sara rió para sus adentros y pensó: «Ahora que estoy pasada, ¿sentiré el placer, y además con mi marido ya viejo?». 13 Dijo Yahvé a Abrahán: «¿Por qué se ha reído Sara, pensando que ahora de vieja no puede parir? 14 ¿Hay algo difícil para Yahvé? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo.» 15 Sara negó: «No me he reído» (y es que tuvo miedo). Pero aquél dijo: «No digas eso, que sí te has reído.»

Luego, en 9,12, Pablo cita de Gen 25,23:

23 Yahvé le dijo: «Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño.»

Finalmente, en 9,13 se basa en Malaquías 1,2–3: amor de YHWH a Esaú

2 Os he amado, dice Yahvé. —Pero vosotros decís: ¿En qué se nota que nos has amado? —¿No era Esaú* hermano de Jacob? —oráculo de Yahvé—. Y sin embargo amé a Jacob 3 y odié a Esaú. Entregué sus montes a la desolación y su heredad a los chacales del desierto.

Con la ayuda de estas cuatro citas, Pablo resume el período patriarcal como un tiempo de elección en el que Dios seleccionó, primero de los hijos de Abraham y luego de los hijos de Isaac, la verdadera "descendencia" o "semilla" (griego: sperma) de Abraham para crear Israel.[3]

EXEGESIS

[6–9] La enumeración de los dones de Dios a Israel introduce la declaración del versículo 6a: “No es que la palabra de Dios haya fallado”. Entre la doxología y la sugerencia de que la palabra de Dios podría considerarse fallida se encuentra la situación a la que se enfrenta Pablo, a saber, la relación entre el Israel de Dios y el Dios que resucitó a Jesucristo de entre los muertos. Identificada habitualmente y con razón como la tesis de todo Romanos 9–11, “la palabra de Dios” conecta Romanos 1–8 con las implicaciones de esos capítulos para Israel. “La palabra de Dios” (ho logos tou theou) recuerda las “palabras de Dios” en 3,2 (ta logia tou theou), probablemente una referencia general a las Escrituras. Sin embargo, 9,6a no se refiere a las Escrituras de forma aislada del acontecimiento de Cristo, como queda claro en la referencia a Cristo en el v. 5.

Como prueba de que la palabra de Dios no ha fallado, Pablo escribe: “No es el caso que todos los que son de Israel constituyan Israel”. Esa interpretación da lugar a lo siguiente: “Porque no es cierto que todos los que son de Israel [es decir, israelitas de nacimiento], estas personas sean [es decir, constituyan] Israel”. La traducción de la NRSV que dice que “no todos los israelitas pertenecen verdaderamente a Israel”.

Se puede notar que en 9,6 Pablo ya hace uso de las distinciones que hará más adelante entre “los elegidos” (11,7) y “los demás” o entre la “parte” y “todo” Israel (11,25-26). En el capítulo 11, Pablo hace tal distinción y lo hace de manera explícita; hay una división (en la época de Pablo) dentro de Israel, pero en 9,6b se está construyendo un punto diferente, que es que el único Israel que existe es el que Dios creó a través de la promesa y la llamada.

Todo lo que sigue depende de la claridad aquí: el punto de Pablo es que Israel (“los que son de Israel”) no se crea a sí mismo, no construye Israel.

v. 7 Pablo comienza una concisa historia de Israel, pero es una versión peculiar de esa historia, especialmente cuando se compara con las versiones que se encuentran en otras partes de la literatura contemporánea.

 La Sabiduría de Salomón 10,1-11,14, por ejemplo, ensalza las acciones de la Sabiduría frente a la historia de justicia y maldad de Israel. Hebreos 11 narra la fe de los antepasados en cada generación. El discurso de Esteban en Hechos 7 informa sobre la obediencia y también sobre la rebelión. Sin exaltar la virtud ni criticar el vicio, Pablo se ocupa exclusivamente del llamado de Dios.

El v. 7a reitera la distinción del versículo 6b, pero esta vez refiriéndose a la “descendencia de Abraham” (sperma Abraam). Dado que aquí “todos los hijos” (tekna) se distinguen de la “descendencia”, es posible que Pablo esté llamando la atención sobre la elección de Isaac por parte de Dios en preferencia a Ismael. Sin embargo, la cita de Génesis 21,12 LXX introduce un énfasis diferente, el de la vocación: “A través de Isaac será llamada tu descendencia”.

[10-13] La acción de Dios está implícita en los vv. 7-9, pero con el relato de la maternidad de Rebeca, la acción de Dios se hace explícita: “La elección [es] de Dios”. Es sorprendente que se comience con el nombre de Rebeca en lugar del de Isaac, dado que inmediatamente antes de esta referencia la atención se centra en la descendencia de Abraham. Sara solo aparece en el texto con la promesa citada de Génesis 18,10. 14.

De manera similar, en Romanos 4 Abraham es el centro de la discusión; la referencia a Sara aparece solo en el contexto de la reflexión de Abraham sobre la aparente imposibilidad de la promesa de Dios (4,19). Por el contrario, este recuerdo del llamado de Jacob comienza centrándose en Rebeca.

El v. 10 no solo comienza con el embarazo de Rebeca, sino que lo hace con un lenguaje que llama la atención sobre el único acto sexual que produce a los gemelos. Este mismo punto se hace incluso más claro en 9,10–13, porque se puede argumentar que Isaac e Ismael se distinguen por una diferencia física clave: el primero nació de Sara y el último de Agar.

La evidencia de la iniciativa de Dios se presenta en forma de dos citas de la palabra divina. Se dice explícitamente que la primera está dirigida a Rebeca, declarando que el gemelo mayor servirá al menor (Gen 25,23), una violación de la primogenitura. Pablo sigue esta cita con otra que expresa la selección en términos contundentes: “A Jacob amé, pero a Esaú aborrecí” (Mal 1,2-3). Aquí se hace referencia por primera vez al que no fue elegido, una referencia que suscita la pregunta del v. 14 sobre la justicia de Dios.

El énfasis de Pablo en el papel de Dios en esta decisión concuerda con el relato del Génesis, en el sentido de que la elección de Dios se revela a Rebeca antes de que dé a luz. Sin embargo, tanto los intérpretes judíos como los cristianos posteriores muestran su incomodidad con este relato. La nueva narración en Jubileos atribuye la acción a Abraham en lugar de a Dios, alineando a Abraham y Rebeca en su favoritismo hacia Jacob (19.15-25; 22.10-20).

Resumen:

Los descendientes de Abraham e Isaac (9,6b–13)

a) No todos pertenecen a Israel (9,6b)

b) No todos pertenecen a Abraham (9,7a)

c) Soporte y explicación bíblica (9,7b–8)

d) Soporte bíblico para la promesa (9,9)

e) Los hijos de Rebeca y el principio de la elección (9,10–13)



[1] Matera, Romans (2010), 214ss. N. T. Wright (2002), J. Ross Wagner (2003), and Mark Seifrid (2007).

[2] El texto lo citamos de la NRSV y la Biblia de Jerusalén, a menos que se indique lo contrario.

[3] Matera 2010, 216.