Entorno histórico (2)
Para comprender adecuadamente una obra escrita al final del primer siglo de la era cristiana, se necesita tener en cuenta su trasfondo histórico. Esto no quiere decir que el cuarto evangelio no pueda ser leído con provecho espiritual sin la referencia a su origen histórico, pero hay que advertir el riesgo, si así se lo hiciera, de proyectar al texto modos de pensar y expectativas propias del hombre moderno que probablemente van a tener poco que ver con lo que pensaron y quisieron expresar aquellos creyentes a quienes debemos esta obra.
La consideración del contexto histórico no es una curiosidad científca sino que responde a esa intención de ubicar el texto en su situación original. El lector de hoy no puede renunciar a su presente y a sus condicionamientos cuando lo lee, pero debe hacer el esfuerzo que hace todo oyente, cuando intenta escuchar lo que realmente el otro quiso decir, para poder entenderlo. Este es el sentido del siguiente intento de reconstrucción histórica: ayudar a la comprensión del texto por la referencia a las circunstancias que acompañan su origen.
La determinación del papel del judaísmo en el origen del cuarto evangelio exige pasar revista a los textos más importantes. A partir de su "rol literario" -tal como "los judíos" son presentados en el texto- será posible precisar su "rol histórico". Antes de ello exponemos brevemente el cuadro que presentaba el judaísmo en los orígenes del evangelio.
El judaísmo a fines del siglo primero
Después de la guerra contra Roma, con su fin catastrófico y la destrucción del templo de Jerusalén (70 d.C.), el judaísmo adquiere un nuevo per?l. De los grupos religiosos activos hasta entonces, los fariseos son los que adoptan el rol dirigente y decisivo para la supervivencia de la fe judía. Los saduceos, tan estrechamente relacionados con el templo y el "status quo" político anterior a la guerra judía, dejan de tener vigencia como grupo infuyente en la realidad social. La comunidad esenia de Qumrán deja de existir con la destrucción de su vivienda a orillas del Mar Muerto. De los otros esenios no quedan más huellas. Los zelotes son duramente derrotados por las fuerzas armadas romanas, pero esta derrota no marca todavía su fin definitivo. Setenta años más tarde (entre el 132 y el 135 d.C.) harán un nuevo intento de liberación que tendrá consecuencias aún más graves. La ciudad misma será destruida. A los judíos se les prohíbe la entrada a Aelia Capitolina, la guarnición romana que se construye sobre sus ruinas. No sólo han perdido el templo, sino la ciudad de Jerusalén como centro religioso del judaísmo.
Los fariseos emprenden la tarea de salvar la fe judía después del derrumbe de las instituciones centradas en el templo como símbolo de la identidad religiosa. Si antes del 70 representaban la observancia estricta de la ley, pero no siempre unida al "saber teológico" propio de los doctores de la ley o escribas, ahora reúnen en sí ambas dimensiones de la vida religiosa. Los doctores de la ley son también fariseos. El judaísmo se reconstruye sobre las bases de la piedad y la teología fariseas.
Esta realidad social del judaísmo a fines del siglo primero se re?eja en la manera en que el evangelista presenta a los judíos.
Los fariseos: Eran una secta o tendencia religiosa del judaísmo que se dedicaba al estudio a fondo de la Torá y de las tradiciones de los padres y exigía el más riguroso cumplimiento de su propia interpretación de la Ley, sobre todo en lo referente al sábado, a la pureza ritual y a los diezmos. A este grupo pertenecían los doctores de la Ley o escribas.
Los saduceos: Eran un partido fundamentalmente político cuya in?uencia en la sociedad judía era considerable, ya que a ellos pertenecían las familias sacerdotales más importantes, así como una gran parte de la aristocracia de Jerusalén.
Los esenios: Eran un grupo religioso, llamado también "Comunidad de la Alianza”, separado desde fines del s.II a.C. del sacerdocio del Templo; una especie de monjes con tendencia pronunciadamente ascética que había adoptado una actitud más radical en cuanto a la santificación del sábado.
Los zelotes: Eran los miembros de un partido fanático, que actuó principalmente en la rebelión judía del 66-70 d.C. Su objetivo era librar de manera inmediata a Israel de la dominación romana y sustituir a sus representantes en las altas esferas judías.
Los “judíos” en el cuarto evangelio
Es necesario comenzar con una aclaración terminológica. La expresión genérica "los judíos” aparece 71 veces en el cuarto evangelio. La diferencia con el Vocabulario de los sinópticos es notoria. En los evangelios de Mateo y de Lucas la expresión se encuentra sólo 5 veces, en el de Marcos 6 veces. Algo semejante se observa en la literatura paulina, que a pesar de ser extensa la expresión sólo 26 veces. Dentro del Nuevo Testamento el texto de los Hechos de los Apóstoles es el único que se le aproxima: 79 veces. Pero la analogía tiene que ver con un aspecto más cuantitativo que cualitativo. El rol de “los judíos” en el evangelio de Juan tiene características propias.
En algunos pasajes “los judíos” son considerados positivamente. Por ejemplo, según Jn 4,22 “la salvación viene de los judíos". Justamente en el dialogo con la samaritana se mantiene vigente la prerrogativa salvífica de Israel. Uno de sus dirigentes, Nicodemo, se interesa por la persona de Jesús (3,1), más tarde lo defenderá (7,50) y finalmente creerá en él (19,39). Otros judíos viven el mismo proceso de conversión (8,30 ss), aunque en la escena no se advierta cómo ha sido posible el paso a la fe, ni podamos diferenciarlos de aquellos que, luego, buscan apedrearlo (8,59).
Pero, en realidad, son muchos más los textos en los que "los judíos” manifiestan actitudes marcadamente negativas: murmuran contra Jesús (Jn 6,41.52), tratan de apresarlo (7,30.44; 11,57), de apedrearlo (8,59; 10,31; 11,8) y buscan matarlo (5,18; 7,1.19; 8,37.40; 11,53). En los diálogos con Jesús no entienden sus palabras, lo tratan de samaritano y endemoniado (8,48.52; 10,20). En algunos de estos textos hay un cambio abrupto en la terminología. De pronto los interlocutores de Jesús no son "los judíos”, sino "los fariseos"; pero el cambio en la denominación no significa la entrada en escena de un nuevo grupo. Las mismas personas son llamadas indistintamente "los judíos" o “los fariseos" (cfr. 7,32.35; 8,13.22; 9,13.15.16.18). Estos fariseos tratan de apresarlo (7,32), se precian de no creer en Jesús (7,48), lo acusaban de dar testimonio de si mismo (8 ,13), junto con Los sumos sacerdotes determinan su muerte (11,47-53), expulsan de las sinagogas a los judíos que dicen creer en Jesús (12,42).
En los textos citados, "los judíos" o “los fariseos" son los representantes de la incredulidad y del rechazo activo de quien les estaba revelando a Dios. Pero el rechazo no se da en una única dirección. El Jesús joánico marca repetidas veces su distancia con respecto a sus adversarios: Ellos juzgan según la carne, él no juzga (8,15); ellos son de abajo, él es de arriba; ellos son de este mundo, él no es de este mundo (8,23). Porque no creen en él, van a morir en su pecado (8,22.24), o van a permanecer en él (9,41).
La afirmación más negativa sobre "los judíos" está contenida en Jn 8,44. Jesús hace una alusión ambigua al "padre” de los judíos, contrastándolo con su Padre: "Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre” (8,38). Estos, para defenderse de una acusación tal le recuerdan a Jesús que el padre de ellos es Abraham (8,39). Pero Jesús les explica que, por su modo de obrar con respecto a él, lo que están revelando es que el verdadero padre de ellos es el diablo (8,44).
Es difícil imaginar una forma más dura de desvalorización a un grupo religioso que la de considerar a sus miembros como hijos del diablo, que buscan solamente satisfacer los deseos de su padre.
La agresividad del lenguaje utilizado por ambas partes revela la agudeza del conflicto. El escenario del mismo hay que buscarlo en la situación que está viviendo la comunidad cristiana en el tiempo en que se redacta el evangelio. El autor hace hablar a Jesús y a los judíos en el lenguaje de la controversia y el rechazo, pero lo que a él le interesa no es reproducir diálogos pasados, sino re?ejar su visión del judaísmo y la situación de la comunidad en el presente.
Tres veces se repite una expresión que puede ser la clave para comprender la relación de la Iglesia primitiva con el judaísmo. En Jn 9,21, los padres del ciego de nacimiento se niegan a dar más informaciones sobre su hijo a los judíos que les preguntan: "Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta". El evangelista explica su actitud: "Se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías” (9,22). Según Jn 12,42 muchos dirigentes judíos creían en Jesús, pero no lo confesaban abiertamente para no ser expulsados de la sinagoga. Finalmente, en la hora de la despedida, Jesús anuncia a los discípulos que van a ser expulsados de la sinagoga (16,2).
Lo que Jesús anuncia para el futuro, ya es experiencia vivida por algunos miembros de la comunidad. Han sido expulsados de la sinagoga por haber confesado que Jesús es el Mesías. Evidentemente, el conflicto afectaba a los miembros de la comunidad que provenían del judaísmo. Para los otros, la medida era irrelevante. La recurrencia del dato hace ver que la medida ha causado una herida profunda en los judeocristianos.
En esta polémica, los fariseos parecen ser los protagonistas. Sin embargo, junto a ellos también son citados repetidas veces los sumos sacerdotes (7,32.45; 11,47.57; 12,10; 18,3), pero su mención debe considerarse simplemente como una reminiscencia histórica sin valor real al final del siglo primero, ya que con la destrucción del templo concluyó también su ministerio.
Para explicar el hecho de la expulsión de la sinagoga, se recurre a veces a una medida tomada por el judaísmo fariseo a fines del siglo primero. A una lista de alabanzas con dieciocho bendiciones breves, agregaron una de contenido polémico en el duodécimo lugar. La misma se manifestaba en contra de los herejes o disidentes y en contra del poder romano deseándoles su pronta destrucción. Al final el creyente alababa a Dios, que castiga a los soberbios. En su forma básica la oración fue concebida en la última década del siglo primero, aunque sus raíces sean más antiguas.
Algunos autores han visto en la expulsión de los cristianos de la sinagoga, de la que habla el cuarto evangelio, el eco de una acción dirigida en contra de los herejes en general. La explicación no es posible porque supone un interés del judaísmo por el cristianismo, que en ese tiempo es difícil de comprobar. Es lógico que los primeros cristianos hagan referencia muchas veces a la realidad de Israel y del judaísmo. Tienen que justificar su fe y el distanciamiento progresivo del judaísmo. Los que se expresan así se sienten profundamente judíos, pero la fe cristiana es un dato al que nunca van a renunciar.
Mirado desde el judaísmo, el panorama era diferente. Los cristianos constituían un grupo más dentro de una realidad pluralista que, si bien después del 70 se expresa principalmente a través del fariseísmo, no dejaba de ser una realidad mucho más compleja. No hay que pensar que los cristianos fueran el problema más serio que debía enfrentar el judaísmo en ese tiempo. Esa diferencia de perspectivas explica, por un lado, el modo en que son presentados "los judíos" en el cuarto evangelio. Para los cristianos ellos encarnan el rechazo de la luz. Como hijos del diablo, no van a renunciar a sus intentos hasta que consigan que Jesús sea crucificado. Pero la misma causa hace difícil, por otro lado, que la expulsión de la sinagoga -que ha tenido un efecto traumático en los judeocristianos de la comunidad de Juan- sea la consecuencia de una medida casi jurídica tomada por las autoridades judías. Hay que evitar juzgar al judaísmo oficial de fines del siglo primero con criterios propios de las estructuras cristianas nacidas algunos siglos más tarde.
Según esta interpretación, la expulsión de la sinagoga, cuya realidad no puede ser puesta en duda, tiene simplemente un alcance local, en el marco geográfico de una ciudad en la que conviven una comunidad cristiana y una comunidad judía que posee su sinagoga. La relación entre ambas comunidades es con?ictiva. Los primeros afectados son los judeocristianos, quienes forman el grupo más importante dentro dela comunidad.