El olivo amado de Dios 9-11. Tema 7
El olivo amado de Dios 9-11. Tema 7
Delio Ruiz, 30 de octubre de 2025
Tema 7. EL RECHAZO DE ISRAEL NO ES DEFINITIVO: 11,1-10
7. 1. Recapitulación
7.2. Estructura del Rom 11,1-32
7.3. Exegesis de Rom 11,1-10
7. 1. Recapitulación
En los dos capítulos anteriores, hemos considerado los pasajes clave relacionados con Israel y las naciones en las dos primeras subsecciones de Romanos 9-11 (Rom 9,6-29 y Rom 9,30-10,21). Ahora pasamos a la tercera subsección (Rom 11,1–32), en la que Pablo explora con mayor detalle la relación entre Israel y las naciones en el plan de Dios.
En su primera respuesta a la cuestión de la fidelidad de Dios a las promesas dadas a Israel (9,6a), Pablo explicó lo que aquellas promesas no significaban. En concreto, tales promesas no eran una garantía de salvación para todos los descendientes físicos de Israel. Dios no se ha comprometido a ello. Tiene toda libertad para elegir solo a algunos de Israel para salvación y también para salvar a los gentiles. Ahora, no obstante, tras su excurso de 9,30–10,21 para explicar la exclusión de los judíos y la inclusión de los gentiles, Pablo está preparado para explorar el significado de la promesa de Dios a Israel. (Moo)
Las palabras de Romanos 11,1–32 están flanqueadas por declaraciones del permanente compromiso de Dios con Israel: «Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció» (v. 2a); «si tomamos en cuenta la elección [los israelitas], son amados de Dios por causa de los patriarcas» (v. 28b). En este sentido, todo el capítulo desarrolla un tema de gran amplitud. Sin embargo, entre los versículos 10 y 11 se produce una importante división. Como ha hecho en todas las principales secciones de esta parte de la carta (ver también 9,25–29; 10,18–21), Pablo señala el final de la sección con una combinación de citas del Antiguo Testamento (vv. 8–10) y el comienzo de la sección siguiente con una pregunta retórica (9,30; 11,1, 11).
Por consiguiente, Pablo desarrolla su enseñanza de la permanente fidelidad de Dios para con Israel en dos etapas.1 Si en 9,6–29 ha analizado la historia de la promesa de Dios en el pasado, en 11,1–10 trata del presente y en 11,11–32 del futuro. En este momento, Dios está demostrando su constante preocupación por Israel impartiendo su salvación a un remanente (v. 5), sin embargo, en el futuro «todo Israel será salvo» (v. 26).
Por tanto, el centro del primer párrafo es el v. 5: «Así también hay en la actualidad un remanente escogido por gracia». Pablo prepara el terreno para esta afirmación citando la evidencia de su propio compromiso cristiano (v. 1b) y el Antiguo Testamento (vv. 2b–4) para mostrar la divina preservación de un remanente. El apóstol hace el seguimiento de su principal afirmación ahondando en la cuestión de la Gracia (v. 6) y reiterando a continuación su argumento de 9,6–29, concluye mostrando que la presente condición de Israel es fruto de la soberana elección de Dios (vv. 7–10).
7.2. Estructura de y contexto de Rom 11,1-32
El análisis de la estructura de Rom 11,1-32 se basa en el estudio de las convenciones epistolares y retóricas que aparecen en lugares significativos de la argumentación de Pablo en esta tercera sección de Rom 9-11.[1] J.-N. Aletti observa que la composición retórica del capítulo 11 subraya la creciente conexión entre Israel y los gentiles.[2] La discusión en 11,1-27 trata tres puntos fundamentales seguidos de un resumen apropiado (11,28-32) y la doxología (11,33-36). Estos son los temas contenidos en la sección:
(1) Dios no permitirá que su pueblo quede fuera de la salvación (11,1-10). Retomando el asunto anterior de 9,27-29, el relato sobre el remanente elegido demuestra que Dios no abandonó a su pueblo. Las citas del AT que apoyan el argumento de Pablo proceden del relato de Elías y de palabras atribuidas a Moisés, Isaías y David (11,1-10).
(2) El plan salvador de Dios tendrá éxito a pesar del «tropiezo» de Israel (11,11-24). El fracaso temporal de Israel da lugar a la llegada de la «salvación» a los gentiles. Las interrelaciones entre estos puntos forman parte del propósito general del plan de Dios (11,11). En los vv. 13-17 Pablo se dirige directamente a su audiencia gentil. A la pregunta «¿Han tropezado [Israel] hasta caer?» (11,1), sigue una respuesta en dos fases: (a) El fracaso temporal de Israel ha sido por el bien de los gentiles, y por ello Israel se vuelve celoso (11,11-16).
En el punto álgido del argumento se utiliza una metáfora cultual, a saber, la metáfora de las primicias (11,16). (b) La alegoría del olivo (11,17-24) añade un elemento importante a la discusión: se refiere a algunas ramas del olivo cultivado de Dios (Israel) que «fueron desgajadas», mientras que algunas ramas silvestres (gentiles) «fueron injertadas en su lugar para compartir la rica raíz del olivo» (Rom 11,17). (c) Los versículos finales hablan de «la bondad y la severidad de Dios»: severidad hacia los que han caído (Israel), y bondad de Dios hacia los gentiles que fueron injertados «en un olivo cultivado» (Rom 11,24).
(3) El misterio del trato de Dios con Israel respecto a la promesa irrevocable de Dios, y el redefinido «todo Israel» (11,25-32). El «endurecimiento ha venido sobre parte de Israel» es un «endurecimiento en parte», y no debe ser motivo de jactancia para los gentiles. Aquí, el apoyo veterotestamentario se extrae del profeta Isaías (11,25-27).
Cuando su argumento llega a su fin, Pablo desvela el misterio de cómo se salvará Israel (vv. 28-32) y apoya su argumento diciendo que «los dones y la vocación de Dios son irrevocables» (11,29). Pablo explica el papel de la desobediencia de Israel en el plan de Dios y cómo la elección de algunos tiene como resultado la salvación de todos. Pablo concluye con un pasaje en forma de himno (vv. 33-36), recordando a los Romanos que «la justa actividad de Dios en Cristo permanece en última instancia más allá de la comprensión humana».
3. SENTIDO ORIGINAL DE ROMANOS 11,1-10
Rom 10,1-11
1 Y pregunto yo: ¿Es que ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! ¡Que también yo soy israelita, del linaje de Abrahán, de la tribu de Benjamín! 2 Dios no ha rechazado a su pueblo, a quien fue el primero en reconocer como tal. ¿O es que ignoráis lo que dice la Escritura acerca de Elías, cómo se queja ante Dios contra Israel?: 3 ¡Señor!, han dado muerte a tus profetas; han derribado tus altares; y he quedado yo solo, y acechan contra mi vida. 4 ¿Y qué le responde el oráculo divino? Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal. 5 Pues bien, del mismo modo, también ahora subsiste un resto elegido por gracia. 6 Y, si es por gracia, ya no lo es por las obras de la ley; de otro modo, la gracia no sería ya gracia. 7 Entonces, ¿qué? Pues que Israel no consiguió lo que buscaba, y en cambio lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron, 8 como dice la Escritura: Dio les Dios un espíritu de embotamiento: ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de hoy. 9 David también dice: Conviértase su mesa* en trampa y lazo, en piedra de tropiezo y justo pago; 10 oscurézcanse sus ojos para no ver; agobia sus espaldas sin cesar.
Organización del texto Rom 11
En primer lugar, consideramos la composición de Romanos 11 en su conjunto: ¿cómo están dispuestas las unidades individuales y cómo avanza el argumento de Pablo? La composición retórica del capítulo 11 subraya la creciente conexión entre Israel y los gentiles. El argumento en 11,1-27 trata tres puntos fundamentales seguidos de un resumen apropiado (11,28-32) y la doxología (11,33-36).
Según una organización del pasaje basada en el estilo diatriba, Rom 11 contiene varios elementos del estilo diatriba, entre ellos conclusiones y objeciones falsas (11,1.11.19), rechazos de conclusiones falsas con la expresión griega me genoito, “¡de ningún modo!” (11,1.11) y el uso de la segunda persona del singular para dirigirse directamente a un interlocutor imaginario (11,17-24). Estos elementos dan al pasaje en cierto modo una estructura.[3] Por ejemplo, las conclusiones falsas ayudan a marcar el comienzo de una nueva etapa de la argumentación. Después de rechazar la conclusión falsa, Pablo apoya su posición dando razones, que también proporcionan el tema de la discusión posterior.
Un análisis retórico nos permite establecer una disposición más precisa de Rom 11, a medida que descubrimos cómo se desarrolla y evoluciona el argumento de Pablo a lo largo del capítulo. En particular, prestaremos atención a cómo la proposición principal en los versículos 1a.2a se especifica aún más por la proposición secundaria (o subpropositio) en los versículos 11a, y cómo finalmente se confirma por el misterio anunciado en el v. 25. También se observa cómo la propositio se apoya en diferentes tipos de pruebas en las distintas etapas del argumento (probatio). De este modo, surgirá un esbozo de la dispositio retórica del capítulo.[4]
Por lo tanto, varios autores sugieren que Pablo combina la diatriba con el midrash en pasajes como Rom 11,1-10 (o 11,1-12).[5] Según este punto de vista, el v. 2a, con su referencia al Sal 94,14 y 1 Sam 12,22, funciona como el texto principal de prueba que inicia el midrash y que luego es apoyado por otros textos. Gadenz, observa que una dificultad con este punto de vista es que el texto bíblico al que se refiere el v. 2a es en realidad una alusión y no una cita.[6]
Composición quiástica en Rom 11,2b–10.[7]
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Pasado |
A: vv. 2b–3 B: v. 4 |
Elías se lamenta contra Israel (1 Re 19,10.14) Dios responde que existe un remanente (1Re 19,18) |
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Presente |
B': vv. 5–6 A': vv. 7–10
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Pablo reflexiona que incluso ahora existe un remanente Israel está endurecido (Dt 29,3; Is 29,10; Sal 69,23–24) |
Rom 11,1-10
Dios no ha rechazado a su pueblo 2 Dios no ha rechazado a su pueblo, a quien fue el primero en reconocer como tal. ¿O es que ignoráis lo que dice la Escritura acerca de Elías, cómo se queja ante Dios contra Israel? (1Sam 12,22; Sal. 94,14): 3 ¡Señor!, han dado muerte a tus profetas; han derribado tus altares; y he quedado yo solo, y acechan contra mi vida. (1Re 19,10, 14) 4 ¿Y qué le responde el oráculo divino? Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal. 5 Pues bien, del mismo modo, también ahora subsiste un resto elegido por gracia. (1Re 19,18) 6 Y, si es por gracia, ya no lo es por las obras de la ley; de otro modo, la gracia no sería ya gracia. 7 Entonces, ¿qué? Pues que Israel no consiguió lo que buscaba, y en cambio lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron, 8 como dice la Escritura: Dio les Dios un espíritu de embotamiento: ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de hoy. (Is 29,10; Dt 29,4) 9 David también dice: Conviértase su mesa en trampa y lazo, en piedra de tropiezo y justo pago; 10 oscurézcanse sus ojos para no ver; agobia sus espaldas sin cesar. (Sal 69,22–23)
Las dos primeras partes de la estructura (AB) se refieren al pasado (la época de Elías), mientras que las dos últimas partes (B'A') se refieren al presente (la época de Pablo). En las partes centrales de la estructura (B y B'), la atención se centra en el remanente, primero en la época de Elías y luego en la propia época de Pablo. La mención del remanente recapitula lo dicho en 9,27-29 al final de la primera subsección, 9,6-29. En esos versículos, sin embargo, la existencia de un remanente era prueba de que la palabra de Dios no había fallado (9,6a). Aquí, la existencia de un remanente funciona como prueba de una proposición diferente, a saber, que Dios no rechazó a su pueblo (11,1a.2a). Por el contrario, en las partes periféricas de la estructura (A y A'), la atención se centra en el endurecimiento de Israel, primero en la época de Elías y luego en la propia época de Pablo. El motivo del endurecimiento que se retoma en 11,7 apareció por primera vez en la primera subsección (cf. 9,18) aplicado al faraón.[8]
Utilización del AT en Rom 11:
Rom 11,2 1Sam 12,22; Sal 94,14
Rom 11,3 1Re 19,10, 14
Rom 11,4 1Re 19,18
Rom 11,8 Is 29,10; Dt 29,4
Rom 11,9b–10 Ps. 69:22–23
Rom 11,26–27 Is 59,20–21; 27,9
Rom 11,34 Is 40,13
Rom 11,35 Job 41,11
Aquí, en Rom 11,1-10 se describe a Israel endurecido en términos que también recapitulan la segunda subsección 9,30-10,21: nótese en particular el lenguaje similar sobre el fracaso de Israel en alcanzar lo que buscaba (cf. 9,31 y 11,7). Sin embargo, la perspectiva en las dos subsecciones es diferente. En Rom 10, la atención se centraba en la desobediencia de Israel (por ejemplo, 10,21). Aquí, en Rom 11 (recordemos la perspectiva teocéntrica), la atención se centra en el endurecimiento de Israel (es decir, por parte de Dios). Sin embargo, el hecho del endurecimiento no puede tomarse como una indicación de que Dios rechazó a Israel. Esta falsa conclusión ya fue rechazada de manera enfática por Pablo al comienzo del capítulo, donde, tras el énfasis en la desobediencia de Israel en la subsección central 9,30-10,21, tal conclusión era más comprensible.[9]
Tenemos, pues, la situación de Israel endurecido por Dios junto con la afirmación de que Dios no rechazó a Israel. Esta paradoja exige una explicación más detallada, que es lo que Pablo aborda a partir del 11,11. Por lo tanto, los versículos siguientes (11,11-24) deben considerarse como una continuación de la prueba de que Dios no rechazó a su pueblo, centrándose ahora en la parte endurecida de Israel y no en el remanente. Por lo tanto, 11,1-10 no debe considerarse como una subsección separada de 11,11-32, ni como la conclusión de 9,30-10,21.[10]
En 11,11-32, Pablo continúa con el mismo argumento de que Dios no rechazó a su pueblo, solo que ahora considera el caso más difícil de oi loipoi. Pablo debe explicar la razón por la que Dios, aunque no rechaza a Israel, endurece a Israel. La composición quiástica permite a Pablo terminar la discusión en 11,1-10 hablando del endurecimiento de Israel, tema sobre el que seguirá hablando en 11,11.
Hay otras figuras retóricas y lenguaje figurado 11,1-10 que vale la pena destacar. En primer lugar, observe la pequeña estructura quiástica (objeto + verbo || verbo + objeto) en 11,3. Observe también la repetición de la palabra jaris en los vv. 5-6 (4 veces). En el v. 7 también hay un pequeño quiasmo (Israel, epetujen // epetujen, oi loipoi), en el que se sintetiza elegantemente el contraste entre el remanente y el Israel endurecido. El mismo versículo también contiene un ejemplo de aliteración con cuatro palabras que comienzan con ep.[11] También hay un caso de metonimia en el v. 7, en el que Pablo elige un sustantivo abstracto ho eklogē (la elección) para representar a los individuos concretos que pertenecen al remanente (los elegidos).[12] Por último, cabe destacar las palabras clave oftalmou y tou me blepein, que vinculan las citas bíblicas de los versículos 8-10.
Rom 1,1-2a – “yo también soy israelita”[13]
Dios no ha rechazado a su pueblo 2 Dios no ha rechazado a su pueblo, a quien fue el primero en reconocer como tal.
La pregunta del v. 1 puede ser inevitable, dado el argumento de Pablo en los capítulos anteriores, pero la respuesta aparece mucho antes del habitual «¡Por supuesto que no!». La introducción mē plantea la pregunta para una respuesta negativa («No es así, ¿verdad?»). Además, al afirmar que se trata del «pueblo de Dios», que el pueblo de Israel pertenece a Dios, Pablo insinúa el carácter permanente de la relación. Cuando Pablo responde explícitamente a la pregunta en el v. 2a, lo hace repitiendo la pregunta casi textualmente. (En griego, incluso el orden de las palabras es el mismo, con la única diferencia de la palabra negativa, ou en lugar de mē).
¿Es esta una pregunta viva entre los destinatarios de Pablo en Roma o incluso entre su círculo en Corinto? Dada su formulación, que se asemeja a algunas preguntas anteriores de la carta que son probablemente más argumentativas que existenciales (como en 6,1, 15; 7,7), es difícil estar seguro. Pablo no ha estado en Roma, lo que hace que deducir cualquier cosa sobre las actitudes de los cristianos romanos sea un ejercicio precario (véase la introducción). Sin embargo, en solo unas pocas líneas lanzará una severa advertencia a los gentiles contra la arrogancia con respecto a los judíos (11,13-25), lo que sugiere, como mínimo, su preocupación por que algunos gentiles puedan haber llegado a la conclusión de que el favor de Dios ha pasado a ellos.
La posibilidad de que Dios rechace a Israel tiene muchos precedentes. A menudo se citan como paralelos 1Sam 12,22 y Sal 93,14 LXX, aunque en ambos textos la afirmación se expresa en tiempo futuro y se atribuye al orador humano en lugar de a Dios («El Señor no rechazará»). En 1Sam 12,22, Samuel asegura al pueblo que el Señor no los rechazará, aunque hayan pedido un rey (aunque hay que señalar que el pasaje concluye con una advertencia de que serán barridos si persisten en la desobediencia). Muchos otros pasajes reflejan la posibilidad del rechazo divino, y los contextos varían considerablemente. En algunos casos, Dios anuncia que rechazará al «remanente», es decir, a Judá (2Rey 21,14; 23,27; 2 Crónicas 35,19 LXX), o los profetas anuncian que Dios rechazará al pueblo, al menos temporalmente (Oseas 9,17; Jer 7,29; Lam 2,7; 3,31; 5,22; Ezequiel 5,11). En el contexto del lamento por la derrota de Israel, los salmos a menudo afirman que Dios ha rechazado al pueblo (por ej., Sal 44,9-12 [43,1-13 LXX]; 60,10 [59,12 LXX]; 74,1 [73,1 LXX]). El Salmo 94,14 (93,14 LXX), por el contrario, asegura al pueblo la presencia de Dios con ellos durante su opresión por parte de los poderosos (véanse los vv. 4-7).
Lo que hace que la afirmación de Pablo en Rom 11,2a sea tan llamativa es que añade la frase «el pueblo que él conocía de antemano», que no aparece en 1Sam 12,22 ni en Sal 93,14 LXX ni en ningún otro pasaje sobre el «rechazo» (proginōskō, solo pocas veces en LXX, todas ellas en Sabiduría (6,13; 8,8; 18,6). La frase recuerda la referencia anterior de Pablo al conocimiento previo en Romanos 8,29-30, donde el conocimiento previo de Dios también está relacionado con el llamado y la rectificación. También está relacionada con ser moldeados a la imagen del Hijo de Dios. No es incoherente establecer esa conexión con Cristo también aquí, dada la referencia a Cristo en 9,5 y especialmente en 11,26, que sitúa la salvación de «todo Israel» en el contexto del «libertador» que viene «de Sion».
Entre la pregunta del v. 1a y la contundente respuesta del versículo 2a, Pablo se presenta a sí mismo como prueba del rechazo de Dios. El lenguaje es enfático: egō Israēlitēs eimi («Yo también soy israelita»). Esta afirmación por sí sola habría sido suficiente para dejar claro el punto, pero Pablo la subraya con «de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín». La revelación personal es poco frecuente en las cartas de Pablo (aunque véase 2Cor 11,22; Fil 3,5), y sin embargo, esta es la tercera vez que apela a su propio lugar en Israel o a su pasión por Israel en estos capítulos (9,1-3; 10,1). A pesar de su descripción de Israel como «ellos» en el capítulo 10, Pablo no está en absoluto alejado de la situación que se debate.
Rom 11,2b–6.
2 Dios no ha rechazado a su pueblo, a quien fue el primero en reconocer como tal. ¿O es que ignoráis lo que dice la Escritura acerca de Elías, cómo se queja ante Dios contra Israel? (1Sam 12,22; Sal. 94,14): 3 ¡Señor!, han dado muerte a tus profetas; han derribado tus altares; y he quedado yo solo, y acechan contra mi vida. (1Re 19,10, 14) 4 ¿Y qué le responde el oráculo divino? Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal. 5 Pues bien, del mismo modo, también ahora subsiste un resto elegido por gracia. (1Re 19,18) 6 Y, si es por gracia, ya no lo es por las obras de la ley; de otro modo, la gracia no sería ya gracia.
Para aportar más pruebas de que Dios no ha rechazado a Israel, Pablo introduce un diálogo entre Dios y el profeta Elías, tras la huida de este último de la furia de Jezabel. Una larga introducción presenta la cita («lo que dice la Escritura») como algo que el público ya debería saber.
Es sorprendente que Pablo recuerda que Elías estaba suplicando a Dios contra Israel (kata tou Israēl). Esta descripción distorsiona la historia de 1 Reyes, donde Elías lamenta su propia situación y se queja de la deserción de Israel, pero no intercede contra Israel (1Re 19,10, 14). Si Pablo tiene en mente 1Sam 12,22 («Dios no ha rechazado a su pueblo»), es posible que también tenga en mente las palabras de Samuel que siguen inmediatamente después: «Sería un pecado contra el Señor dejar de orar por vosotros».
Esta acción también contrasta a Elías con la oración de Pablo por Israel (10,1), con la intercesión del Espíritu en nombre de «nosotros» (8,26-27) y con la intercesión de Cristo por «nosotros» (8,34). Incluso antes de que Elías hable, Pablo señala que hay problemas; presumiblemente eso significa que cualquiera en Roma o en cualquier otro lugar que haya llegado a la conclusión de que Dios ha rechazado a Israel también está cometiendo un error significativo.
La introducción de Pablo al discurso delata el error de Elías, y la introducción a la respuesta divina pone de manifiesto la diferencia entre la opinión de Elías y la de Dios (1Re 19,10 y 19,14-LXX). La conjunción introductoria «pero» (alla) prepara el escenario. A continuación, se incluye otra cita de 1 Reyes 19, esta vez introducida con «¿Qué dice la respuesta divina?». En lugar de la referencia habitual a las Escrituras o a un agente humano (Isaías, David, Moisés), esta vez se dice explícitamente que el discurso es divino. La palabra chrēmatismos solo se utiliza aquí en el NT, aunque el verbo relacionado aparece en situaciones que implican una revelación divina (por ej., Mt 2,12, 22; Lc 2,26; Hech 10,22; Heb 8,5; pero cf. Rom 7,3).
Las palabras del discurso divino modifican la narración de 1 Reyes de una manera pequeña pero reveladora. En 1 Reyes 19,15-18, Dios ordena a Elías que proceda con la unción de Hazael y Jehú como reyes de Aram e Israel, respectivamente, y con la unción de Eliseo como profeta en lugar de Elías. Pablo omite esas instrucciones y pasa directamente a lo que considera relevante: «He dejado para mí siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal». En la LXX (aunque no en el hebreo), la voz le dice a Elías: «Dejarás» siete mil varones (Gr. andres en ambos textos), pero Pablo lo altera a «He dejado para mí». En la LXX, aparentemente estos hombres deben ser identificados por Elías, pero en Romanos es Dios quien ya los ha identificado, y ellos pertenecen a Dios («para mí»).49
Que la relación de “los siete mil” con Dios es el punto más destacado se refuerza en los vv. 5-6, cuando Pablo se refiere al tiempo presente. Anteriormente se había referido a este «tiempo presente», nyn kairos traducido literalmente, como el tiempo en que Dios rectifica a la humanidad mediante la muerte de Jesús (3,26) y el tiempo del sufrimiento (8,18). Reforzado por varias otras referencias al «ahora» (por ejemplo, 5,9, 11; 6,19, 21; 8,1), sugieren más que un mero marcador histórico del presente en comparación con «entonces». El «tiempo presente» es el tiempo inaugurado por la muerte y la resurrección, el tiempo del acontecimiento de Cristo.
El remanente (resto) existe en el “tiempo presente”. Aquí Pablo llama al remanente leimma, una palabra relacionada con el hypoleimma de 9,27 (citando Is 10,22). La noción del remanente varía en los textos judíos, refiriéndose a veces a un fragmento de Israel que está amenazado de destrucción (por ejemplo, 2 Re 21,14) y otras veces al fragmento que se convierte en el núcleo de un Israel restaurado (por ejemplo, Is 11,10–16).
Sea cual sea su contexto, Pablo no se detiene a calificar o cuantificar al remanente, aparte del punto crucial de que el remanente es kat’ eklogēn charitos: surgió por la elección de Dios a través de la gracia. La redacción es redundante, ya que cualquiera de los dos sustantivos bastaría para expresar la idea. Sin embargo, Pablo no se conforma ni siquiera con esa redundancia, y la amplía en el v, 6: sucedió por gracia, no por obras, ya que entonces la gracia no sería gracia. Es crucial ver el énfasis que Pablo pone aquí en la iniciativa de Dios: este remanente existe no por su propia fidelidad, sino por la decisión y la acción de Dios. Además, el contraste entre la gracia y la acción (humana) puedo haber sorprendido a los contemporáneos de Pablo por ser peculiares, tal vez incluso ofensivas, ya que muchos habrían asumido que los dones (en este caso, la gracia divina) estaban reservados para aquellos cuyo carácter y acciones los justificaban (Barclay 2015, 39-45, 209-38). Para Pablo, sin embargo, nadie merece la gracia de Dios (3,21-24), poniendo todo el énfasis en la acción electiva de Dios.
Rom 11,7-10
Entonces, ¿qué? Pues que Israel no consiguió lo que buscaba, y en cambio lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron, 8 como dice la Escritura: Dio les Dios un espíritu de embotamiento: ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de hoy. (Is 29,10; Dt 29,4) 9 David también dice: Conviértase su mesa en trampa y lazo, en piedra de tropiezo y justo pago; 10 oscurézcanse sus ojos para no ver; agobia sus espaldas sin cesar. (Sal 69,22–23)
«¿Qué, pues?» (11,7) pasa a una implicación más profunda. No basta con decir que hay un remanente creado por Dios; hay una división creada por Dios dentro de Israel. Volviendo al argumento de 9,30–10,21, Pablo escribe: «Lo que Israel busca, no lo ha logrado». En consonancia con esa discusión anterior, «Israel» aquí se refiere nuevamente a la totalidad del pueblo creado por Dios. Sin embargo, con las dos cláusulas «pero» al final del versículo 7, Pablo postula una división dentro de Israel:
Ahora de la elección se logró,
pero del resto se endurecieron
Es fundamental ver que la división se da dentro de Israel: nada aquí sugiere que «los demás» dejen de formar parte de Israel. Es evidente que pertenecen a él, lo que plantea la pregunta del v. 11 sobre su futuro, su lugar dentro del propósito de Dios para todo Israel. La frase «la elección» no se refiere a los individuos, sino al acto divino.
Que la elección «se haya logrado» es prácticamente tautológico, ya que la elección es de Dios. Del grupo contrastante, «los demás», Pablo afirma que «se endurecieron». El verbo pasivo refuerza la cita de Dt 29,3 que sigue: el endurecimiento es un acto de Dios, al igual que la elección.[14]
Aquí es útil recordar la introducción del faraón en 9,18, donde se dice que Dios endureció el corazón del faraón (sklērynein, en lugar de pōroun, como aquí). El endurecimiento del faraón está relacionado con la exaltación de la gloria de Dios, lo que al menos introduce la posibilidad de que el endurecimiento de «los demás» también sirva a los propósitos de Dios. Los vv. 8-10 comentan sobre este grupo, «los demás», a través de dos citas bíblicas; la primera explica el endurecimiento de Dios (v. 8), y la segunda pronuncia una desconcertante maldición (vv. 9-10).
El v. 8 se basa en gran medida en Dt 29,3 LXX, aunque reformulado en términos más enfáticos. Mientras que Dt 29,3 LXX observa: «Dios no les dio corazón», Pablo afirma que Dios sí lo dio, y que lo que Dios dio fue un «espíritu confuso» (Isaías 29,10 LXX). En contraste con el espíritu/Espíritu misericordioso y que obra empoderando que obra en Romanos 8,10-11, este espíritu incapacita a «los demás». Tienen ojos que no ven y oídos que no oyen (véase también el uso de Is 6,9 en Marcos 4,12; Juan 12,40; Hechos 28,26).[15]
El discurso de David, tomado en gran parte del Salmo 68,23-24 LXX, refuerza dramáticamente la afirmación de que «los demás» son incapaces de oír y ver al Cristo de Dios debido a la propia acción de Dios. Aquí, sin embargo, el tono es menos observacional que “malecditive” (ingles); es decir, no se trata tanto de un informe sobre la situación de «los demás» como de un pronunciamiento divino que provoca su discapacidad.
Parte del lenguaje se hace eco del informe anterior de Pablo sobre Israel. La piedra de tropiezo recuerda 9,33, el tropiezo de Israel por parte de Dios, y la referencia a los ojos oscurecidos repite el v. 8. La última línea («doblar sus espaldas») evoca una impotencia que encaja con el tropiezo, incapaces de ver lo que hay delante.
Los exégetas se han preguntado durante mucho tiempo sobre la referencia a «su mesa», lo que a veces ha dado lugar a interpretaciones maliciosas. Por ejemplo, Pelagio relaciona esta mesa con aquella «en la que se regocijaron por la muerte de Cristo, mientras comían la Pascua» (126). Identificando la mesa con las Escrituras, Orígenes escribió que «las Escrituras se convierten en una trampa para ellos cuando leen lo que se ha profetizado sobre Cristo» (Comm. Rom. 8.7; Burns 267; véase Cranfield 2:551-52 para sugerencias adicionales). Dado que Pablo cita el Salmo 68,23-24 LXX, la presencia de «mesa» puede reflejar simplemente su lugar integral en esas líneas. Sin embargo, hay una posibilidad adicional: en Rom 14, Pablo aborda un conflicto producido por las diferencias en las prácticas alimentarias, presumiblemente prácticas alimentarias comunitarias. Y allí vuelve a aparecer skandalon en su advertencia contra hacer que el hermano o la hermana tropiecen (14,13).
Si existe una conexión entre los dos textos, esta referencia indirecta a la comida anticipa la advertencia del capítulo 14 contra permitir que la comida se convierta en una trampa. Sin embargo, la palabra «mesa» (trapeza) no aparece en Romanos 14, y la disputa sobre las prácticas alimentarias no se referiría a las personas a las que Pablo denomina aquí «los demás».
La conclusión parece ser que Dios puede salvar a un remanente, pero que destruirá «al resto». Esa sería una conclusión comprensible, especialmente para cualquiera que conozca lo que sigue en Sal 68,29:
“Que sean borrados del libro de los vivos, y no sean inscritos entre los justos.”
Incluso sin ese conocimiento, la implicación de los vv. 7-10 parece ser que, aunque algunos han sido elegidos, los demás están bajo una maldición que no será levantada («hasta el día de hoy», «siempre»).
La pregunta del v, 11 es totalmente acertada. Una vez más, Pablo ha llevado a los oyentes de Febe a una conclusión que él rechazará rotundamente.
El “rechazo” de Israel o es definitivo: 11,1-10.
La fidelidad de Dios para con Israel expresada en el remanente (11,1–6)[16]
Lo que motiva la pregunta de Pablo en el versículo 1: «¿acaso rechazó Dios a su pueblo?» es su condenación de Israel en 9,30 10,21. El apóstol ha afirmado que Israel tropezó en la roca de Cristo (9:33), apartándose obstinadamente de la Justicia de Dios en Cristo (10,3). ¿Significa esto —pregunta Pablo— que Israel ha perdido ahora sus derechos a las promesas de Dios? Pablo rechaza categóricamente cualquier conclusión de este tipo —«¡De ninguna manera!»— y continúa con una solemne afirmación en 11,2a: «Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció».
La situación presente de Israel: un resumen (11,7-10)[17]
Con la pregunta retórica, «¿qué concluiremos?» Pablo introduce la conclusión que quiere extraer de su exposición sobre el remanente. Sin embargo, su conclusión es también un resumen imparcial de la situación de Israel en el tiempo de Pablo tal como él la ha desarrollado en los capítulos 9–10.
(1) Que «Israel no consiguió lo que tanto deseaba», (11,7). Este lenguaje refleja las palabras de 9,31: «Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha alcanzado esa justicia». Este paralelismo nos permite identificar lo que Israel «tanto deseaba» (11,7a), a saber, una correcta posición ante Dios, que se había esforzado mucho en obtener, pero que no había alcanzado.
(2) A continuación, Pablo divide la situación de Israel en dos entidades específicas. (a) Una es el «remanente». A pesar del rechazo de Israel en su conjunto, muchos judíos han respondido individualmente al Evangelio. Éstos son el Israel dentro de Israel (9,6), el «remanente escogido por gracia» (11,5). Estos judíos, «los escogidos» (11,7), han obtenido la correcta posición ante Dios que Israel en su conjunto se esforzaba en obtener.
(b) El otro grupo, más extenso, de judíos está formado por aquellos que no han conseguido esta correcta posición. Han sido «endurecidos». El verbo griego que se traduce como «endurecido» es poroo, que en el griego secular alude a menudo a un endurecimiento de la piel (callo) o al de un hueso cuando sana tras haberse fracturado.
[1] Dunn. Romans 9-16, 632-634; J.-N. Aletti. La Lettera ai Romani, 102-108; vease especialmente R.N. Longenecker. Romans, 872-877. Sobre Rom 9-11, subraya que Pablo usa la Escritura como en Rom 1,16-4,25 (R.N: Longenecker, Studies in Paul. Exegetical and Theological [Sheffield: Sheffield Phoenix Press, 2006], 91, 116).
[2] J.-N. Aletti. La Lettera ai Romani, 102-108.
[3] S.K. Stowers, The Diatribe and Paul’s Letter, 140-147, sobre la función de las conclusiones y objeciones falsas en la estructura y argumentación de la diatriba.; Id., A Rereading of Romans, 287–288.
[4] Pablo T. Gadenz, Called from the Jews and from the Gentiles Pauline Ecclesiology in Romans 9–11. Tübingen: Mohr Siebeck 2009, 178-179.
[5] Vease Jewett, Romans, 27.34.651–654. Tambien Pitta, 331; Penna, I, 62.
[6] Jewett, 654, identifica 11,2a como uno de varios ejemplos en Romanos de citas sin una fórmula introductoria.
[8] Gadenz, 187.
[9] Ibid.
[10] Gadenz, 187-188.
[11] Jewett, 651–652.
[12] Pitta, 379.
[13] Gaventa 2023, 301-306.
[14] Gaventa 2023, 305, n. 51. Las traducciones que atribuyen la obstinación a la terquedad o voluntarismo humanos interpretan mal el griego, como cuando la CEB dice “otros eran resistentes” o la CEV “eran tercos”.
[15] Gaventa 2023, n. 52. Representar la diferencia corporal como un síntoma de la desaprobación de Dios es profundamente preocupante, y no menos por ser algo común en las Escrituras y más allá. Puede ser útil, como contrapunto, recordar que, para Pablo, todos los seres humanos son discapacitados aparte de la acción decisiva de Dios en Cristo, como lo evidencia la primera mitad de Romanos.
[16] Moo.
[17] Ibid.