El olivo amado de Dios 9-11. Tema 9
El olivo amado de Dios 9-11. Tema 9
Delio Ruiz, 13 de noviembre de 2025
Tema 9: La alegoría del olivo: la relación “raíz y ramas” (Rom 11,16-24).
1. El hilo del argumento paulino en Rom 11
2. La metáfora del olivo: Exegesis de Rom 11,16-24
3. La relación entre la raíz, la sabia, las ramas y su aplicación
4. La alegoría del olivo como clave hermenéutica
5. Mensaje para nuestro tiempo actual, creando vínculos
- Resumen de Rom 11
Es importante tener presente una visión general del capítulo 11 para no perder el hilo del argumento de Pablo.[1]
(1) Pablo plantea la pregunta central que impulsa el debate: ¿Ha rechazado Dios a su pueblo? (11,1-6). La respuesta es un rotundo «no», recuerda a sus contemporáneos la respuesta de Dios al profeta Elías, quien pensaba erradamente que era el último israelita fiel. Así como Dios dejó un remanente de siete mil israelitas fieles en aquel momento, también ha dejado un “remanente” fiel en la actualidad.
(2) Seguidamente, Pablo establece un contraste entre este remanente fiel que ha alcanzado lo que Israel buscaba y una parte de Israel que, según la misma Escritura, se ha endurecido (11,7-10).
(3) Una nueva pregunta siguiendo el estilo de diatriba de Pablo: ¿el tropiezo o paso en falso de Israel es irremediable? La respuesta es nuevamente, “No”, pues el apóstol mantiene la esperanza para «el resto» de Israel (11,11-12).
(4) En cuarto lugar, el v. 16 conecta el alcance extravagante del evangelio de salvar a “todo el que cree” (judío y también el no judío) y el fuerte llamado contra la arrogancia de los creyentes gentiles, haciendo uso de la alegoría del olivo. Aquí Pablo interrumpe su discusión sobre «el remanente» y «el resto» de Israel para advertir a los creyentes gentiles que no se jacten de su nueva condición a expensas de Israel (11,13-24). Comparándolos con brotes de olivo silvestre que han sido injertados en un olivo cultivado, les asegura que Dios tiene el poder de injertar en el olivo las ramas naturales —Israel— que fueron cortadas.
(5) Después de advertir a su audiencia gentil que no sean arrogantes contra Israel, Pablo revela un misterio: todo Israel («el resto» y «el remanente») será salvo, ya que el llamado y los dones de Dios son irrevocables (11,25-32). Contrarios y amados, desobediencia y misericordia (Rom 11,25–32).
(6) La revelación del misterio de la misericordia de Dios conduce a la última unidad de este capítulo, con un himno conclusivo, Pablo describe: los insondables designios e inescrutables caminos de Dios (Rom 11,33-36).
- La alegoría del del olivo
En Rom 11,1 Pablo se pregunta por el futuro de Israel: ¿Ha rechazado Dios a su pueblo? “No”, dice Pablo. Hay montones de personas judías, incluyéndolo, que reconocen a Jesús como su Mesías, pero también hay muchas que no lo reconoce. En Rom 11,14-15 leemos sobre la esperanza de Pablo de salvar al menos algunos de sus compatriotas y afirma que “si su rechazo ha supuesto la reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión, sino una resurrección de entre los muertos?”
Lo que se anticipa con “vida de entre los muertos” solo sería posible por virtud de un milagro, no por virtud de la creencia humana. Para subestimar considerablemente, la convicción humana no produce vida de entre los muertos. Retomamos el tema anterior a partir del v. 16, el cual conecta estas afirmaciones sobre el alcance extravagante del evangelio del “resto” y la advertencia más explícita a los creyentes gentiles en los vv. 17–24.
Normalmente se relaciona la imagen de las “primicia” de la masa, de manera analógica con la primera ofrenda referida en Números 15,17-21, pero la redacción de Pablo no coincide con ese escenario. Las “primicias” o el primer trozo de pan apartados para los sacerdotes es santo, pero ese primer trozo no hace santo al resto del pan (véase también Lev 23,20; Ez 44,30). El argumento de Pablo parece estar más alineado con su lógica en 1 Corintios 5,6, de que lo que se refiere a una porción de masa se refiere a toda ella, y lo que se dice de la raíz de un árbol se dice de todo él. Estas declaraciones sirven para enfatizar la promesa implícita de los vv. 12 y 15, a saber, que “el resto” de Israel finalmente no estará separado del remanente (el primer fruto, como en Rom 16,5; 1Cor 16,15). El estado dividido actual de Israel no predice ni controla el futuro.[2]
Rom 11,16–24
16 Si las primicias son santas, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas. 17 Que si algunas ramas del olivo original fueron desgajadas, mientras tú —olivo silvestre— fuiste injertado en su lugar*, participando con ellas* de la raíz y de la savia del olivo, 18 eso no te da derecho a engreírte contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz; es ella la que te sostiene a ti. 19 Es posible que pienses: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. 20 ¡Muy bien! Es cierto que fueron desgajadas por su incredulidad, y que tú te mantienes por la fe. ¡Pero no te engrías! Más bien, teme. 21 Que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, ¡a ver si tampoco a ti te va a perdonar!
22 Así pues, ten presente que Dios es bueno, pero también severo: severo con los que cayeron; bueno contigo, si es que te mantienes en la bondad. De otro modo, también tú serás desgajado. 23 En cuanto a ellos, si no se obstinan en la incredulidad, serán reinjertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. 24 Pues si tú, que eras por naturaleza un olivo silvestre, fuiste injertado, en contra de tu naturaleza, en un olivo cultivado, ¡con cuánta más razón ellos, según su naturaleza, serán reinjertados en su propio olivo!
Si la primicia es santa…
Rom 11,16a
16 Si las primicias son santas, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas.
En Rom 11,16 se marca un cambio en el argumento de la sección 11,11-24. El término aparchē, traducido por “primicias”, Pablo suele aplicarlo a una obra de Dios que se configura como garantía de algo que está por venir. En Romanos la palabra aparece en 8,23 como las “primicias del Espíritu”, y en 16,5 hace referencia a Epéneto, alguien que ha aceptado el evangelio, por lo tanto, es una “primicia” de la labor misionera en Acaya.[3] porque Pablo suele usar este concepto para referirse a los primeros conversos. De esta forma, la “masa” podría hacer referencia al conjunto de creyentes, como verdadera “simiente” de Abrahán (Cranfield, Romans, 2:563).[4]
Comienzo de la alegoría: la raíz y las ramas
Rom 11,16b
16 Si las primicias son santas, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas.
La segunda parte del v. 16 complementa el argumento con la introducción de la raíz y las ramas, que van a servir como base para la discusión de la siguiente sección. Se han dado al menos cuatro explicaciones diferentes para los referentes de “primicias” (aparchē) y “raíz” (riza). ¿Qué representan la raíz y las ramas, o que se refieren cada termino? Existen varias propuestas de interpretación que lo iremos viendo. Para unos ambos términos se refieren a Cristo; para otros se refieren al remanente de judíos cristianos; para otros se refieren a Abrahán y los patriarcas; y para otro, en fin, “primicias” se refiere a los judíos cristianos y “raíz” a los patriarcas.[5]
Es muy probable que las dos imágenes hagan referencia a la misma realidad, y que la utilización de la imagen de las “primicias santas” sea una forma de transmitir el concepto de forma más clara, porque la audiencia estaría más propensa a comprender la “santidad” de las “primicias” (cf. Lev 23,14; Nm 15,17-21). Aunque una mención a los patriarcas no violentaría el argumento, en Rom 15,12 aparece la “raíz de Jesé” en referencia a Cristo, lo cual favorece la interpretación del término en referencia al Mesías como “raíz santa” que santifica a todo el árbol.
El argumento es que Israel en su conjunto puede considerarse santo sobre la base de la santidad de una “parte” de Israel. El v. 16 continúa así la perspectiva que se encuentra en los vv. 11-15 de que hay esperanza para el endurecido Israel, que el endurecimiento de Israel no es definitivo. En el v. 17, por el contrario, con la introducción del interlocutor gentil diatribal (su, “tu”), el foco de atención se desplaza en cierta medida de Israel a los gentiles (que están ausentes en el v. 16). De hecho, en la primera parte de la alegoría del olivo (vv. 17-21), como veremos, la atención se centra en los gentiles, ya que Pablo advierte contra la jactancia de los gentiles. Solo en la última parte de la alegoría del olivo (especialmente vv. 23-24) el foco vuelve a Israel, con la perspectiva de la salvación del endurecido Israel mediante el volver a ser injertado en el árbol.
Rom 11,16b-24. La alegoría o metáfora del olivo
Pablo, como profeta y sabio maestro, usa el poder de una imagen para explicar la esencia de su enseñanza. Este es el modo en que la Biblia fue escrita, y es un método muy conocido entre los maestros judíos de la Torá cuando quieren explicar una idea difícil y hacerla comprensible a su audiencia, y que en hebreo se le llama mashal. En Rom 11,17-24 tenemos la impresión de que estamos ante un mashal, una típica figura retórica oriental mucho más amplia en sus variaciones que la comparación, que ha sido y es todavía utilizada en el árabe moderno con el nombre de mathal.
Pablo basa su imagen en el conocido principio de la arboricultura: todo árbol silvestre tiene que ser injertado para que sea fructífero. La única diferencia entre el “olivo silvestre” (agriélaios) y el “olivo cultivado” (kalliélaios) en Rom 11,24 es que uno produce frutos que no son comestibles, es decir, que la gente lo considera un árbol estéril, mientras que el otro es generoso ya que da frutos aptos para el consumo humano. Por eso, la idea clave en esta similitud no es tanto el ser silvestre o cultivado, en un sentido intelectual o cultural, sino más bien ser improductivo o fructífero en el sentido de proliferación de la vida.
Dios ha injertado su pueblo elegido para que el mismo sea fructífero, haciendo posible así la salvación para toda a la humanidad. Puede que Pablo haya elegido el olivo porque la idea de injertarlo es bien conocida por todos, ya que su cultivo está extendido por todo el Mediterráneo. Sin embargo, su principal razón para elegirlo es la simbología del olivo en las Sagradas Escrituras. El olivo representa el pueblo de Dios tal como es definido en las Escrituras. A este punto de nuestra exegesis es importante comprender la explicación de la idea del árbol en general y del olivo en particular en la Escritura.[6]
La imagen del olivo en la Escritura
La imagen del olivo ya ha sido utilizada en otros momentos en la Escritura y en la literatura intertestamentaria.[7] En el AT se compara a Israel con un olivo (Jer 11,16-19; Os 14,6-7), “plantado” por Yahvé (Sal 92,13). Existe una importante cantidad de textos que compara a las personas, especialmente a los creyentes, con árboles. Una comparación muy recordada lo tenemos al comienzo del Salterio, donde los justos son “como árboles planta dos junto a la corriente de agua” (Sal 1,3 y su paralelo en Jer 17,8). Jesús compara a las personas con árboles que dan frutos buenos o malos (Mt 7,16-18; 12,33-35; Lc 6,43-44). Asimismo, Juan Bautista utiliza esta metáfora (Lc 3,8-9). En una cita de los escritos judíos no canónicos, el elegido es llamado “la planta del recto juicio” (1 Enoc 93,5).
Aproximándonos a nuestro texto de Romanos, as comparaciones más cercanas lo encontramos en los profetas Isaías 5,1-7 y Jeremías 2,21, donde toda la “casa de Israel” (Is 5,7) es comparada con una viña que no produce los frutos esperados, a pesar del amoroso cuidado de Dios.
La inspiración de Pablo podría provenir del pasaje en el cual Dios llama a su pueblo “un verde olivo, hermoso, con abundantes frutos” (Jer 11,16). El profeta presenta a Yahvé como aquel que ha plantado un árbol, y menciona las ramas mientras se refiere a su destrucción por todo el mal que ellas han hecho (Jer 11,17).
Jeremías 11,16-17
16 “Olivo frondoso, lozano, de fruto hermoso”
te había puesto Yahvé por nombre.
Pero con gran estrépito le ha prendido fuego,
y se han quemado sus guías.
17 Yahvé Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la Casa de Israel y la Casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.
En Oseas, el nuevo Israel ideal es comparado, además de otras imágenes, con un olivo: “Su belleza [LXX: “su fecundidad”)] será como el olivo” (Os 14,7). Sobre estas bases bíblicas Pablo explica el misterio de la salvación de Dios para sus elegidos, que aceptan el evangelio.
EXEGESIS
Rom 11,17–21
Que si algunas ramas del olivo original fueron desgajadas, mientras tú —olivo silvestre— fuiste injertado en su lugar, participando con ellas de la raíz y de la savia del olivo, 18 eso no te da derecho a engreírte contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz; es ella la que te sostiene a ti. 19 Es posible que pienses: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. 20 ¡Muy bien! Es cierto que fueron desgajadas por su incredulidad, y que tú te mantienes por la fe. ¡Pero no te engrías! Más bien, teme. 21 Que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, ¡a ver si tampoco a ti te va a perdonar!
La relación entre la raíz y las ramas en el v. 16b da lugar a una advertencia más extensa a “ti” (ahora en singular en lugar del plural del v. 13) sobre el peligro de la condescendencia hacia “los demás.” En los vv. 17–21 tres diferentes cláusulas condicionales introducen consecuencias nefastas:
el “si” al principio del v. 17 conduce a “No te jactes de las ramas” en el v. 18a;
el “si” en el v. 18b conduce a “No seas presuntuoso, sino teme” al final del v. 20; y
el “si” al principio del v. 21 introduce el posible resultado: Dios podría no perdonarte.[8]
Pablo ahora identifica “el resto” como “algunas de las ramas.” “Algunas” (ramas) es indefinido; parece implicar un número pequeño (como en 3,8 y Gal 1,7), aunque el propio argumento de Pablo en los capítulos 9–11 presupone que la mayoría estaba entre esas “algunas.” La discrepancia ha llevado a sugerir que Pablo está siendo diplomático (Fitzmyer 614) o eufemístico (Dunn 2:672). Lo que se pasa por alto en ese impulso de ajustar el texto a la expectativa es que a Pablo no le preocupa aquí una descripción exacta de las ramas que han sido cortadas. Su interés está en “ustedes”, aquellos que se han tomado la autoridad de juzgar a los demás. Si Pablo no especifica el tamaño del grupo llamado “algunas”, eso parece consistente con la vaguedad de 11,7 respecto a la distribución numérica de “los elegidos” y de “el resto.” Tanto “algunas” como “ustedes” son sujetos de verbos en voz pasiva: algunas de las ramas fueron cortadas; ustedes fueron injertados. Ambos han sido objeto de la acción de otro, que en el contexto solo puede ser Dios.
La analogía respecto a la raíz y las ramas de un olivo genera disputas interpretativas en torno a varias cuestiones, incluyendo las imágenes escriturales que moldean el uso de Pablo de la comparación, las prácticas agrícolas implicadas junto con el conocimiento que Pablo tiene de ellas, y la identidad prevista de la “raíz”. Las Escrituras de Pablo se refieren al olivo con frecuencia, más a menudo de manera literal (por ejemplo, Dt 8,8; 28,40; 2Re 18,32; Neh 8,15). En referencias metafóricas, el hablante justo se identifica como un “olivo verde” (Sal 52,8), o al fiel se le promete hijos como la abundancia de un olivo (Sir 50,10). En algunos casos, Israel mismo es un olivo, como en Os 14,6 y Jer 11,16, aunque con propósitos notablemente diferentes. La variedad de usos, así como la gran popularidad de los olivos en el Medio Oriente, hace comprensible la introducción del olivo en el texto, pero los mismos factores también hacen peligroso vincular los comentarios de Pablo con un solo pasaje o uso.[9]
Esta inversión de la práctica normal puede ser deliberada (según Esler 2003a), en consonancia con la estrategia de Pablo en otros lugares (véase, por ej. en 9,25; 10,5–8). Sin embargo, no se debe sobre interpretar (exagerar) la falta de verosimilitud; pronto Pablo opinará que las ramas que han sido cortadas pueden ser injertadas nuevamente en el árbol, una perspectiva tan irreal que sugiere que a Pablo apenas le preocupa la práctica agrícola, ni siquiera con el socavamiento intencional de la práctica agrícola. En ambos casos, tanto en el del injerto inicial como en el del regreso de las ramas perdidas, la imagen de Pablo es contraria a la naturaleza, consistente con su representación de los creyentes gentiles en el v. 24 (así como en 9,25–26, 30). Dios puede realizar este acto antinatural, lo que descarta cualquier jactancia de los gentiles (como él enfatizará pronto en el v. 18).
¿Qué significa el injerto?
El injerto de Dios significa que “tú” ahora compartes “la raíz” (cf. Rom 11,13). La identificación de Cristo como la “raíz de Isaí” en 15,12 (“la raíz de Jesé” de Is 11,10) puede anticiparse aquí; de hecho, Orígenes insistió en que es solo Jesucristo quien es la raíz (Comm. Rom. 8.10; Burns 273; y véase Khobnya 2013 para un respaldo reciente de esta opinión).[10] Esa interpretación tiene cierto mérito, especialmente dado que la noción de Pablo de Cristo como el “primogénito” (8,29) y la aparchē (“primicia”) en 1 Cor 15. Si Pablo piensa en estos términos, sin embargo, parece extraño que no aparezca en otro lugar. Su imagen eclesial dominante es la del “cuerpo de Cristo” (Rom 12; 1 Cor 12:12–31; cf. Ef 3:6; 4:12) más que el olivo (Käsemann 309).
Una visión más ampliamente sostenida es que la raíz son los patriarcas, una posición adoptada ya desde Pelagio (127), Crisóstomo (Hom. Rom. 19.16; NPNF1 11.490) y Agustín (Enarrat. Ps. 72.2; Burns 275). La raíz patriarcal de Israel es una propuesta atractiva, una que cuadraría bien en el Evangelio de Lucas (1,55. 73) y el libro de los Hechos (3,13; 7,2). Sin embargo, esta noción de que los patriarcas sostienen a Israel, así como a las ramas gentiles injertadas no concuerda en absoluto con la historia que Pablo presenta en Rom 9,6b–13, que insiste de manera rotunda en que Israel surgió y continúa existiendo únicamente como resultado directo de la acción de Dios. Incluso en Rom 4, Pablo no destaca la obediencia de Abraham en sí, sino la promesa de Dios a Abraham.
Una mejor sugerencia es que la raíz es la promesa a Israel o la elección de Israel, una sugerencia ya encontrada en Ambrosiaster (“la esperanza de la promesa,” 209) y recientemente retomada por Barclay (2015, 550–51, 575). Esta interpretación tiene sentido a la luz del lenguaje de promesa que sigue en 15,8, sin mencionar 4,14–16, 20; 9,4, 8. Es importante destacar que tiene la ventaja de reflejar el énfasis continuo de Pablo en la acción divina—el Dios que hace la promesa—al mismo tiempo que mantiene la conexión con la historia particular de Israel.[11]
Pablo identifica la raíz en términos de su riqueza, la rica raíz del olivo, una asociación que también se encuentra en el apólogo de Jotán (fabula) en Jueces 9,9 y Testamento de Leví 8.8. De una manera que se asemeja vagamente al lenguaje de Pablo aquí, Filón conecta la riqueza de la tierra con los dones de Dios (Migración 101; Posteridad 123; cf. Inmutable 178).[12] En el contexto actual, “riqueza” subraya el lenguaje del exceso a lo largo del pasaje, particularmente el de la “prosperidad” en el v. 12: “Y si su caída ha sido una riqueza para el mundo, y su mengua ha supuesto una riqueza para los gentiles, ¡qué no será su plenitud!”
Los dos tipos de “ramas” ¿se igualan o permanecen distintas?
El destinatario gentil “tú” comparte la raíz—literalmente, “ha llegado a ser un partícipe” (synkoinōnos). La implicación de ese término, así como lo que sigue hasta el v. 24, es que los dos tipos de ramas permanecen distintas. Nada aquí indica que las ramas gentiles se conviertan en las ramas naturales o que las ramas naturales dejen de existir. Lo que comparten es la raíz, la promesa divina. No están separadas, ya que están conectadas por la misma raíz, pero tampoco se disuelven entre sí. Ese punto parece reforzarse en los vv. 25–32, y es importante para el foro o debate sobre el tema “todo Israel” en el v. 26.
Rom 11,17.
Que, si algunas ramas del olivo original fueron desgajadas, mientras tú —olivo silvestre— fuiste injertado en su lugar, participando con ellas de la raíz y de la savia del olivo, 18 eso no te da derecho a engreírte contra las ramas…
La extensa declaración “si” del v. 17, con su larga analogía: “que si algunas ramas”, cede a un imperativo breve y claro en el versículo 18a: “No te engrías… no te jactes de las ramas".[13] Pablo ha estado preparando esta advertencia desde la sorprendente dirección directa en el v. 13: "Ahora les hablo a ustedes, gentiles". Todo lo que hay entre medio ha conducido a este imperativo, el primero desde el 6,19. La comprensión que Pablo tiene de su vocación, la expectativa que tiene para la misión, la analogía de la raíz y las ramas, todo parece convergir en esta breve directiva contra el jactarse de las ramas, "el resto" de Israel.
Advertencia contra la arrogancia de los gentiles
Rom 11,18-21
18 eso no te da derecho a engreírte contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz; es ella la que te sostiene a ti. 19 Es posible que pienses: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. 20 ¡Muy bien! Es cierto que fueron desgajadas por su incredulidad, y que tú te mantienes por la fe. ¡Pero no te engrías! Más bien, teme. 21 Que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, ¡a ver si tampoco a ti te va a perdonar!
Los vv. 18b-20 amplían la directiva imaginando la propia jactancia gentil y socavándola, antes de emitir un segundo imperativo en el v. 20b. Al estilo de una diatriba, Pablo presenta la jactancia (presunción, vanidad): “Se rompieron ramas para que yo pudiera ser injertado”. El pronombre personal “yo” (egō) refuerza el verbo conjugado, llamando la atención sobre la jactancia. La implicación es que “yo” soy de alguna manera especial en virtud de la reducción de otros. La implicación es intrigante. La implicación resulta tentadora: el “yo” no se jacta de logros propios, sino de la pérdida experimentada por los demás. Una noción de juego de suma cero está presente en la afirmación del “yo”: “No podemos ambos ser sostenidos por la raíz, así que fueron retirados para mi beneficio”.
Una interpretación inglesa contemporánea de la respuesta de Pablo de “Bien dicho” podría ser el desdeñoso (altivo, arrogante) “¡Qué bien para ti!” El v. 20a toma la supuesta afirmación de superioridad y la reformula: “Fueron arrancados por su incredulidad, pero tú permaneces en la fe.” Esta enigmática declaración se explica en los v. 22–24. Pablo pasa ahora rápidamente a un segundo imperativo: “No te jactes, sino teme.” En contexto, la advertencia contra la presunción claramente se refiere a la jactancia gentil sobre “el resto” de Israel. Unas líneas más adelante, Pablo intentará prevenir la presunta astucia de aquellos que suponen conocer la voluntad de Dios. Tal preocupación por la presunción (jactancia, engreimiento) regresará en Rom 12,16, como parte de una advertencia general sobre las falsas pretensiones del conocimiento humano, y parece desempeñar un papel también en la discusión de 14,1–15,13, aunque el lenguaje allí es diferente.
La respuesta adecuada de los gentiles al ser injertados en el árbol de la promesa es el temor porque, como el v. 21 recuerda de manera contundente a la audiencia, Dios, que no perdonó las ramas que pertenecen, ciertamente no perdonará aquellas que son antinaturales (es decir, los gentiles). La advertencia sobre la condescendencia de los gentiles hacia “el resto” de Israel es seria. Las líneas que siguen reflejan la expectativa de que la victoria final de Dios no dejará a nadie atrás (por no mencionar 8,31–39), pero eso no disminuye la advertencia sobre la arrogancia de los gentiles, una advertencia que con demasiada frecuencia se ha ignorado en la historia del discurso y la acción cristiana.
Rom 11,22-24
22 Así pues, ten presente que Dios es bueno, pero también severo: severo con los que cayeron; bueno contigo, si es que te mantienes en la bondad. De otro modo, también tú serás desgajado. 23 En cuanto a ellos, si no se obstinan en la incredulidad, serán reinjertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. 24 Pues si tú, que eras por naturaleza un olivo silvestre, fuiste injertado, en contra de tu naturaleza, en un olivo cultivado, ¡con cuánta más razón ellos, según su naturaleza, serán reinjertados en su propio olivo!
La partícula griega, el ide oun transicional (“consideren, entonces”) señala un ligero cambio de tema e invita la atención del público. Pablo continúa discutiendo la relación entre los gentiles y “el resto” de Israel, ahora con una atención más concentrada en la propia “bondad” y “dureza” de Dios en lugar de en los peligros de la jactancia gentil. Este cambio conduce directamente al anuncio culminante en los vv. 25–32 del “misterio” divino que está en curso.
Pablo invita a prestar atención a la “bondad y dureza” de Dios en relación con los dos grupos. La presentación paralela da paso rápidamente a una preocupación más extendida por “el resto” de Israel. Primero viene un paralelo cercano que resume la situación actual:
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v. 22b |
Sobre los que cayeron sobre ti |
severo Dios es bueno |
Una segunda afirmación anticipa posibles consecuencias para cada parte, pero aquí lo que se anticipa es un cambio en cada lado, un cambio desastroso para "tú" pero un cambio esperanzador para "ellos".
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v. 22c v. 23a |
si es que te mantienes en la bondad si no se obstinan en la incredulidad, |
sino también tú serás desgajado serán reinjertados |
Desgajado, cortado: incredulidad,
Rom 11,23-24
23 En cuanto a ellos, si no se obstinan en la incredulidad, serán reinjertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. 24 Pues si tú, que eras por naturaleza un olivo silvestre, fuiste injertado, en contra de tu naturaleza, en un olivo cultivado, ¡con cuánta más razón ellos, según su naturaleza, serán reinjertados en su propio olivo!
El énfasis en el papel de Dios ya está implícito aquí, ya que es en la bondad de Dios en la que “tú” perseveras, no en la acción humana ni en la convicción. Esa palabra implícita se vuelve rápidamente explícita con el final del v. 23: “Dios es capaz de injertarlos de nuevo.” La afirmación de que Dios es capaz o, más literalmente, poderoso (dynatos) para esta tarea devuelve a la audiencia a la misma apertura de la carta, donde se dice que el Cristo resucitado se revela públicamente como “Hijo de Dios en poder” (1,4). El evangelio mismo, según Pablo, se identifica como “el poder de Dios” que produce salvación. Los capítulos 5–8 identifican la manifestación de ese poder en la muerte y resurrección de Jesús, con su derrota del Pecado y de la Muerte. Ese mismo poder de proporcionar la base para la confianza de Pablo de que Dios incluso puede injertar ramas que han sido cortadas, ramas para las que de otro modo no habría esperanza.
Para estar seguros, las palabras de Pablo implican un cambio por parte de “los demás.” “A menos que permanezcan en la incredulidad” conlleva la posibilidad de que permanezcan en la incredulidad. Sin embargo, el v. 24 deja claro que Pablo espera que el poder de Dios prevalezca (Gathercole 2017, 131).
Esta no es una promesa abstracta de restauración, ofrecida con la idea de que puede ser aceptada o rechazada. Pablo anticipa plenamente la salvación de Israel que anunciará en el v. 26. Dios ya ha quitado ramas de olivo silvestre de su lugar natural y las ha injertado donde no pertenecen. ¿Cuánto más fácil será para Dios volver a injertar a aquellos que naturalmente pertenecen?
Además de prepararse para el “misterio” de los vv. 25-32, esta última instancia del modo “de menor a mayor” (qal wahomer) socava radicalmente cualquier teoría del bien limitado aplicada a la bondad misma de Dios. La “raíz”, que es la promesa de Dios, lo sostiene todo. No existe la noción de que “el resto” de Israel esté desplazado para siempre ni de que solo un número limitado pueda entrar.
- La relación entre la raíz, la sabia, las ramas y su aplicación
Sobre estas bases bíblicas y desarrollando la imagen del olivo, Pablo va resaltando la función de cada parte del árbol: la raíz (hê ríza) en 11,16-18, la savia (hê piótês) en 11,17 y las ramas (hoi kládoi) en 11,16-21. Daniel Ayuch ofrece la siguiente interpretación.[14]
3.1. Abrahán como la raíz que da vida
Aunque, en la Septuaginta, “raíz” posee al menos cuatro diferentes connotaciones junto a su significado literal de Rom 11, casi todos los comentaristas coinciden en que en Rom 11,6-9 se utiliza para aludir a los orígenes de Israel, es decir, a los patriarcas, y en particular a Abrahán.[15] Esto puede sostenerse sobre todo basándose en textos tales como Ez 16,3; Is 11,1 y Os 9,16. Ezequiel, por ejemplo, usa «raíz» como sinónimo de padre y madre: «Así dice el Señor Dios a Jerusalén: tu origen [en la LXX: tu raíz] y tu nacimiento fueron en la tierra de los cananeos; tu padre fue un amorreo y tu madre una hitita». Para Isaías, la raíz son los antepasados de David: «Saldrá un vástago del tronco [en la LXX: la raíz] de Jesé y una rama brotará de sus raíces». Para Oseas, los antepasados o la «raíz» de Efraín son estériles porque sus hijos se han olvidado del Señor: «Efraín ha sido herido, su raíz está seca, ya no darán fruto. Aunque den a luz, yo haré morir el valioso retoño de su vientre». Estos tres profetas son una parte fundamental del argumento de Pablo en Rom 9-11.
Para Pablo, la raíz del olivo representa aquellos antepasados que dieron fiel testimonio del Dios de las Escrituras, es decir, aquellos padres de Israel que no se secaron y fueron capaces de producir ramas y proveerlas con la preciosa savia. Israel conoció muchos antihéroes y traidores entre sus antepasados –Esaú, Acán o el rey Manasés, por ejemplo–, como también muchos otros que no están mencionados por sus nombres o no figuran en la Biblia.[16] En la «raíz» que menciona Pablo, esas personas no tienen lugar. Por ello dice: «No todos los israelitas pertenecen realmente a Israel», y enfatiza el rol de Abrahán en el preámbulo y la exposición de su tesis principal (Rom 9,6-9).
Un argumento más para identificar la «raíz que sostiene» de Rom 11,18 con los santos padres únicamente, y no con cualquier antepasado judío según la carne, es el hecho de que las raíces son las que proveen alimento al olivo. Las raíces están en contacto con el agua dulce, que en la Biblia siempre se refiere a la Palabra de Dios y su Ley.
Benditos los que confían en el Señor, cuya confianza esta puesta en el Señor. Ellos serán como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia las corrientes. No tendrá miedo cuando llegue el calor, sus hojas estarán siempre verdes; en el año de sequía no se inquietará, y no dejará de dar frutos (Jer 17,7-8; ver también: Is 5,24; Sal 1,3; Ez 47,12; Is 55,10-11.)
En Ez 47,1-12, los árboles dan frutos que sirven de alimento y hojas de remedio, porque están junto al agua que fluye del santuario. Las raíces del pueblo de Dios son los antepasados que estuvieron en contacto directo con la Palabra de Dios, la asimilaron y la transformaron en savia para que todo el árbol pudiera producir frutos en abundancia. La raíz en Rom 11 es una «raíz santa», porque está en contacto directo con Dios: «Ustedes serán santos, porque yo soy santo» (Lev 11,45).
3.2. La palabra de Dios alimenta el árbol
Si en esta comparación la raíz representa a los patriarcas y el agua que absorbe alude a la Palabra de Dios, ¿qué puede ser la «riqueza» del árbol sino todos los beneficios dados a Israel de generación en generación? ¿Y qué beneficio es más grande que las Sagradas Escrituras, que alimentan a quien confía en el Dios de la Biblia? En ambos Testamentos, lo único que suministra nutrientes a Israel es la Palabra de Dios. «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor» (Dt 8,3). Para el autor del Eclesiástico, las Escrituras son la bendición más grande dada a la humanidad, y él se compromete asimismo a difundirla en todo tiempo y lugar (Sir 24,23-24).
Aunque el término griego «riqueza» (hê piótês) es un hapax legóme non en el Nuevo Testamento, se utiliza frecuentemente en la Septuaginta, junto con su adjetivo «rico» o «fértil» (píôn). La Biblia habla más de la riqueza o fertilidad de la tierra[17] que de la fertilidad de las plantas o los árboles (Solo en Jue 9,9 (LXX); Sal 91,15 y Ex 34,14). «La sobrecarga de construcciones de genitivo de Pablo» 18 en Rom 11,17 no ayuda a deducir si la fertilidad pertenece a la raíz o a la tierra. Es muy probable que esto fuera deliberado, para señalar la unión del árbol con la fertilidad de la tierra. Esto significaría que la riqueza o fertilidad de Israel no le pertenece a sí mismo, sino que le fue dada por Dios.
Rom 9-11 tiene una decisiva perícopa de gran importancia dedicada a la Palabra de Dios como fuente de vida y salvación (Rom 10,1-21). Al interpretar Dt 30,14 y toda la perícopa que contiene este versículo, Pablo expone, en el mejor estilo rabínico, la prueba de la proximidad a la Palabra y su efectividad para dar la vida, o sea, para salvar a Israel:
¿Qué es, pues, lo que dice [la Escritura]? «La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón». Esta es la palabra de fe que predicamos: porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvado (Rom 10,8-10).
Esto es el eco de la promesa de salvación dada por Moisés en la con clusión del texto citado por Pablo:
Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella (Dt 30,16).
Ahora bien, estas palabras dan vida nuevamente solo si se las interpreta como hicieron Jesús y luego Pablo. Para Jesús y Pablo, obediencia y observancia de la voluntad de Dios son la respuesta natural de la fe, y alcanzan la cima practicando el mandamiento de amar a Dios y al prójimo, una actividad que no debe originarse en el celo por la Ley ni en el orgullo de la procedencia étnica, sino que debe surgir de una fe vivida y un con fianza en Dios que arden en el corazón.
La fertilidad del árbol viene de la fertilidad del suelo 19 dado por Dios. La palabra de Jesús que Pablo proclamaba a los destinatarios de Romanos es la fertilidad que los alimenta y circula como savia desde sus oídos a sus corazones y labios para darles vida. Este alimento, la Palabra, no habría llegado a Jesús o a Pablo si no hubiese sido aceptada y transmitida por Abrahán y los demás antepasados. En otras palabras, la interpretación de la raíz y la savia de Pablo es escriturística. Está escrito que el Señor es «el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob» (Ex 3,6.15.16; 4,5). Sobre esto opinó Jesús, «él no es un Dios de muertos, sino de vi vos» (Mt 22,32). Los antepasados están vivos en la Palabra de Dios, en las Escrituras, que fueron escritas no solo en rollos, sino también en el corazón de cada creyente. Así, las Escrituras enseñan que ser hijo de Abrahán no significa ser su descendiente según la carne, sino creer y obedecer al Dios en que él creyó y al que obedeció durante toda su vida. «Esto significa que no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes» (Rom 9,8). La promesa no es otra cosa que la Palabra de Dios, que mantiene todo vivo.
3.3. Las ramas tratando de alcanzar la vida
Las ramas (hoi kládoi) son el tercer y más discutido componente del olivo. Ellas son mencionadas en Rom 11,16.17.18.19.21. Un interés mayor en la comparación es mostrar la santidad de las ramas: «Si la raíz es santa, también las ramas son santas» (Rom 11,16b). Las ramas, que tratan de vivir y dar frutos gracias a la savia del árbol, deben ser consideradas como seres humanos que perseveran en la fe. Pablo explícitamente indica esto: “Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdonará a ti” (Rom 11,21). La literatura griega y los escritos griegos del Antiguo Testamento también se refieren metafóricamente a las personas vivientes como ramas 20.
La comparación de la rama le permite a Pablo y al lector sacar varias conclusiones. En primer lugar, las ramas son dependientes: dependen de lo que el jardinero haga con ellas y dependen del alimento dado por la raíz y el tronco. Otro de los atributos típicos de las ramas es su fragilidad y “efimeridad”: las ramas pueden ser fácilmente podadas, para ser desechadas o, en raras ocasiones, para ser injertadas en un nuevo árbol. La tercera característica de las ramas para Pablo es su orgullo de estar en lo alto. Pablo sabe que la belleza del árbol se manifiesta por la forma y la abundancia de sus ramas. Así, las ramas manifiestan la vida que corre por el árbol, gracias a su follaje y especialmente gracias a sus frutos.
Todos estos atributos describen perfectamente la lucha por la vida, y particularmente la lucha dentro de la comunidad de los creyentes. Mientras la raíz y la fertilidad dadas por la tierra son invariables, las ramas del árbol varían cada tanto, dependiendo de lo que decida el jardinero. Esta idea lleva a la principal intención de Pablo en la comparación, que es elucidar cómo las naciones forman parte del pueblo de Dios.
El olivo es un leitmotiv del AT presente en el Israel de las Escrituras, es decir, un pueblo formado por la Palabra de Dios, que existe gracias al permanente cuidado de Dios, pero que puede ser cortado y quemado si Dios no le ve utilidad alguna. Con la poda y el injerto, Pablo toma gráfica mente la idea de que el árbol tenía la necesidad de ser cuidado y de que el jardinero actuó en el momento justo para que el olivo no se pierda.
La poda es un símbolo para la exclusión de miembros débiles; el injerto, para la inclusión de miembros ajenos. Lingüísticamente, el texto griego comunica estas ideas de exclusión e inclusión con el uso, repetitivo por otra parte, de los verbos «separar/romper» (en griego: ekkláô) en Rom 11,17.19.20 y «extraer» (en griego: ekkóptô) en Rom 11,22.24, y, por otro lado, de los verbos «enfocar/centrar» (egkentrízô) en Rom 11,17.19.23.24. La marcada presencia de los prefijos «ex-» (del griego ek) y «en-» (del griego en) en estos verbos indica que el mensaje principal del texto es la relación individual con la comunidad de Dios. Esto está claramente expresado por el adjetivo «participante» (en griego: sygkoinônòs, Rom 11,17), que describe la condición de las ramas recién injertadas, por ejemplo, los cristianos que no conocían la Ley.
4. La alegoría del olivo como clave hermenéutica[18]
Han sido injertados “contra la naturaleza” dice Pablo, es decir que el apóstol presenta un método poco convencional de injertar (Rom 11,24). La comparación del olivo plantea una cuestión difícil que no se ha mencionado hasta ahora. Es sabido por quienes cuidan de un huerto o jardín que es inútil injertar un árbol ya cultivado con un brote silvestre. Esto no ayudaría al árbol a ser más fructífero. Sin embargo, es precisamente esto lo que se le hizo al olivo en Rom 11,16b-21. Aunque algunos comentaristas han intentado explicar el modo de injertar de Pablo como una práctica conocida en la antigüedad, es muy difícil que este procedimiento de injerto haya sido visto como algo natural por Pablo. Si esto fuese así, él no hubiese escrito la famosa frase “contra lo natural” (en griego: parà physin, Rom 11,24).
Por lo tanto, tiene que haber una explicación lógica para el método tan poco convencional del injerto propuesto por Pablo. Según las Escrituras, no hay hombre que merezca la gracia de la salvación. “Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Rom 11,32). Tanto los judíos como los griegos están bajo el yugo del pecado, y Dios ha encontrado un modo sabio e insondable de abrirles un camino a la salvación. Todos son invitados, aunque nadie lo merece.
Ni el viejo olivo cultivado ni el nuevo brote silvestre son capaces de producir un fruto bueno por sí mismos. Ambos están en la misma condición, ambos son estériles y, como todo árbol que no da frutos, necesitan un cambio a fin de permanecer vivos y no ser talados. Por eso es absolutamente necesario que el Dios jardinero intervenga para hacer el cambio vital. Según el mashal paulino, Dios corta las ramas viejas que son estériles por su desobediencia a la Palabra de Dios y a los patriarcas. Luego injerta nuevos brotes, esperando que todo el árbol florezca y sea fructífero.
La iniciativa tomada por el jardinero es inesperada y generosa. Este es un acto de misericordia, un concepto muy frecuente en Rom 9-11 que posee una connotación especial de libre elección. “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Rom 9,15 // Ex 33,19). ¿Quién diría que tal ancestral y fuerte árbol, plantado en un rico y fértil suelo, fuera expuesto a la muerte a causa de la rebeldía de sus ramas, que se negaban a beber de la savia que se les ofrecía gratuitamente? ¿Se suponía que Dios renunciaría a causa de ellas? ¡Ciertamente no! “Llamaré ‘mi pueblo’ a los que no son mi pueblo; y llamaré ‘mi amada’ a la que no es mi amada” (Rom 9,25 // Os 2,25). Para Pablo, esto significa que Dios sabía cómo manejar esta situación crítica para rescatar no solo una parte del árbol, sino también a algunas ramas desde fuera de la verja. Además, Pablo está seguro de que el celo de las ramas cultivadas que fueron cortadas las llevará a ser injertadas de nuevo.
Dicho de modo más académico, la elección del pueblo de Dios nunca se basó en la actitud o capacidad del elegido, sino simplemente en la misericordia. Para el modo de leer las Escrituras de Pablo, si Dios da a cada individuo una oportunidad de ser injertado en su comunidad, es mejor que este acepte, no sea que no haya otra oportunidad.
Conclusión: con apertura y tolerancia celebramos ser injertados en Cristo
El método que utiliza Pablo para explicar su argumento es un método conocido por los maestros judíos de la Torá cuando debían aclarar una idea dificultosa y hacerla inteligible a su audiencia. El mensaje del apóstol se focaliza en que, Dios ha plantado y cuida de su olivo amado y solo él decide quiénes forman parte de este. Para Pablo, después de Jesucristo se ha abierto la oportunidad de pertenecer al olivo de Dios a todos aquellos que confiesan su nombre como Señor y Salvador, sin discriminación de raza, sexo o religión. Gracias al bautismo, todo ser humano puede ser injertado en el árbol de la vida.
El olivo se sostiene gracias a la raíz que forman todos los antepasados que vivieron según la Palabra divina, aquellos que se alimentaron de la riqueza de la tierra y la transformaron en savia que porta el alimento a todas las ramas y frutos. Para Pablo, el pueblo de Dios está formado por todos aquellos creyentes que confiesan y se reúnen en torno a la obra salvífica de Dios, cuyo punto culminante es la crucifixión, la muerte y la resurrección de Cristo.
Concluyendo, en nuestra realidad del siglo XXI, con palabras de Daniel Ayuch (Líbano), la alegoría del olivo utilizada por Pablo,
“es un modelo de apertura y tolerancia que reconoce los méritos de los antepasados en tiempos pretéritos y que se abre al presente y al futuro en un llamado permanente a recibir el único alimento imperecedero y que da vida al hombre: la Palabra portadora de las promesas que emana de los manantiales eternos del Señor.”[19]
5. Mensaje para nuestro tiempo actual, creando vínculos[20]
La imaginería del olivo que Pablo utiliza en esta sección enseña dos verdades teológicas que tienen una relevancia práctica considerable. Aprendemos algo sobre la naturaleza del pueblo de Dios y sobre la doctrina de la seguridad eterna. Este pasaje nos enseña algo importante sobre la naturaleza del pueblo de Dios. Hemos de tener cuidado de no extraer más teología de las analogías de lo que sería justificado (una práctica muy común entre los intérpretes de la Biblia).
Sin embargo, hasta aquí está claro: hay un solo olivo. ¿Qué representa exactamente el olivo? Muchos afirman que representa a Israel y, como ya hemos visto, en ocasiones el AT utiliza el olivo para representar a Israel. Sin embargo, el lenguaje que utiliza Pablo en este párrafo de «injertar» y «desgajar» parece estar haciendo referencia a la salvación. Esto sugiere que hemos de modificar un poco la identificación de los distintos elementos: el olivo representa el “verdadero Israel”, el “Israel dentro de Israel” (véase 9,6). En un movimiento que se anticipa en 9,24–26, donde Pablo afirma que tanto gentiles como judíos han sido “llamados” por Dios y por ello han llegado a ser su pueblo, el apóstol muestra que los gentiles que han sido salvados forman también parte de este “verdadero Israel”. Por consiguiente, en última instancia, la imagen del olivo muestra que hay un solo pueblo de Dios. Las raíces del árbol están sembradas en suelo de la Escritura de Israel - AT. Tales raíces son los patriarcas, a través de los cuales Dios actuó para llamar un pueblo para su nombre. El pueblo de Dios del AT procedía casi íntegramente de la nación de Israel (aunque con notables excepciones, p. ej., Rahab, Rut, Urías).
Pero ahora, al final de los tiempos, Dios extiende su Gracia e invita a los gentiles a unirse a su pueblo sobre la misma base que los judíos. Al mismo tiempo, esta nueva era de la historia de la salvación pone también de relieve con mayor claridad el objeto de fe para este pueblo: no se trata simplemente de Dios, sino del Dios que es “tres en uno”.
Pongamos en claro: es ahora necesario tener fe en Cristo, el portador de la salvación. Sin embargo, la imagen del olivo que usa Pablo deja claro que el final de los tiempos no dio a luz a un nuevo pueblo de Dios. Más bien al contrario, los gentiles se unen al pueblo de Dios ya existente, “el verdadero Israel”.
Desde esta perspectiva, es erróneo pensar en la extendida idea de que la Iglesia ha “sustituido” a Israel. El NT llama “Israel” a la comunidad de fe, la Iglesia. Sin embargo, este pueblo está formado por creyentes provenientes de los gentiles y de los judíos indistintamente. No cabe duda de que, por tanto, la Iglesia no puede sustituir al Israel creyente. Pero tampoco al Israel incrédulo, puesto que los dos pertenecen a categorías distintas. Los judíos no creyentes forman parte, por nacimiento, del Israel nacional y nada puede cambiar este hecho. Pero la Iglesia es una entidad espiritual, formada por personas de todas las naciones, lo cual incluye a Israel.
Además, Romanos 11 enseña que Dios sigue mirando con buenos ojos al Israel nacional, digamos, étnico (vv. 2, 28). Así pues, no se puede ni siquiera argumentar que el Israel nacional haya sido sustituido por la Iglesia como único instrumento de Dios para el desarrollo de su plan para la Historia. Por supuesto, la entidad en la que Dios lleva a cabo su obra de salvación en la Historia es la Iglesia, no el Israel nacional, étnico, y en este sentido limitado sí podemos hablar de la Iglesia como continuadora de las promesas hechas a Abraham, Israel.
La relación judeo-cristiana
Sin embargo, como descripción general de la relación entre la Iglesia e Israel, no es acertado plantear una “sustitución”. ¿Cómo deberíamos reaccionar a esta teología de la Iglesia e Israel? Nosotros, los cristianos gentiles hemos de evitar un punto de vista etnocéntrico de la Iglesia que sitúa de hecho a los creyentes judíos en un plano secundario. Con palabras del Papa Francisco, evitar ser una iglesia “autorreferencial”. Así como los cristianos gentiles de Roma, muchos cristianos de nuestros días parecen actuar bajo la suposición de que la “Iglesia” equivale a los gentiles. Esta es la ecuación que a menudo acecha tras el modelo de la “sustitución” que acabamos de rechazar.
Resistir dicotomías ajenas al NT (venida de parte judía) y evitar la arrogancia (de parte nosotros los cristianos gentiles):
Muchos de nosotros hemos crecido en iglesias abrumadoramente gentiles y hemos entendido el término “judío” en términos tan absolutamente religiosos, que nos cuesta mucho comprender las raíces y sabor judío del pueblo de Dios. Nuestra cultura promueve esta misma tendencia. Habría que comprobar si aun el Tribunal Supremo Israelí tiene en vigencia el decretó que no se puede ser ciudadano de Israel y cristiano al mismo tiempo. Para ellos, ser “judío” es incompatible con ser cristiano. Sin embargo, hemos de resistir cualquier dicotomía de este tipo como ajena al Nuevo Testamento.
Hacerse cristiano no significa dejar de ser judío; es, como subrayan tantos judíos mesiánicos, convertirse en un judío “completo”. Quienes somos cristianos gentiles hemos de evitar la arrogancia de la que Pablo advierte en nuestro pasaje. Aunque aquí Pablo no trata este asunto, los cristianos de origen judío también han de comprender la unidad del pueblo de Dios.
Se puede reconocer las razones por las que muchos cristianos de origen judío desean formar sus propias asambleas, sin embargo, no se puedo dejar de pensar que ello tiene un desafortunado efecto sobre la unidad y riqueza de la comunidad cristiana. Naturalmente, el propio apóstol Pablo reconoció que los judíos que se convertían en cristianos tenían el derecho de seguir observando la Torá. La propia comunidad cristiana de Roma podría haberse dividido en pequeñas congregaciones judías y gentiles reunidas en las casas.
Sin embargo, la mayor preocupación de Pablo es que los cristianos judíos y gentiles se acepten los unos a los otros (15,7). Esta aceptación significa no solo reconocer la legitimidad del otro a llamarse cristiano, sino acogerse el uno al otro en una adoración que alaba a Dios. El NT nos ofrece la visión de una comunidad en la que las cuestiones de género, posición social y origen nacional no cuentan (Gá 3,28; Col 3,11). Al separarnos en iglesias por cuestiones de origen nacional, parecemos estar resistiéndonos a esta visión. Por ello, igual que los cristianos gentiles han de arrepentirse de su etnocentrismo, puede que también deban hacerlo los de origen judío.
Por último, la advertencia de Pablo a los cristianos gentiles sobre su arrogante jactancia para con los judíos tiene, naturalmente, implicaciones para el antisemitismo. La idea de que Dios ha “sustituido” a Israel por la Iglesia, unida a la creencia de que los judíos fueron responsables de la muerte de Cristo, ha contribuido enormemente al antisemitismo que ha tenido una historia tan larga y terrible.
Hemos visto que el NT no sanciona realmente la idea de la “sustitución”. Pero deberíamos también notar, de pasada, que tampoco ofrece su apoyo a la noción de que el pueblo judío fue responsable de la muerte de Cristo. Para empezar, como comienzan a reconocer las modernas traducciones de la Biblia, hay muchos pasajes de los Evangelios y el libro de los Hechos en los que las referencias a “los judíos” aluden claramente a los dirigentes judíos, o incluso a ciertos dirigentes judíos. Y lo que es más importante, hemos de recordar también que la participación de los judíos en la muerte de Jesús fue representativa de toda la Humanidad. Desde un punto de vista histórico, los dirigentes judíos fueron el instrumento utilizado por Dios para llevar a su Hijo a la Cruz. Sin embargo, fue el pecado de toda la raza humana lo que en última instancia hizo necesario este sacrificio. Todos somos culpables de la muerte de Cristo, y a todos se nos ofrece la oportunidad de limpiar nuestros pecados a través de ella.
Sean cuales sean sus causas, el antisemitismo sigue siendo un problema en la Iglesia. A menudo tratamos este asunto a la ligera, contando chistes judíos y llamando “judíos” a quienes son mezquinos con el uso del dinero. Cuando se nos enfrenta con este asunto, decimos que son solo bromas. Sin embargo, probablemente hay algo más. Lo aceptemos o no, tales formas de hablar acentúan nuestros prejuicios y son un modo de transmitirlos a los demás. No tienen razón de ser en una comunidad de raíces judías y en la que todas las naciones han de ser bien recibidas y honradas.
[1] Matera, Romans, 261. Daniel Bosqued Ortiz, La Salvación de “todo Israel”. Estudio histórico, exegético y teológico de Romanos 11:26. Barcelona: Aula 7 Activa-Aeguae, 2015, 286-287.
[2] Gaventa 2023, 313.
[3] En realidad, la imagen de las primicias y la masa como santas, podría tener como trasfondo de la imagen que proviene del AT según la cual Dios pedía el ofrecimiento de las primicias antes de utilizar el resto para consumo personal (cf. Nm 15:18-21). En el texto de Números no se hace mención explícita a que la ofrenda haga santo al resto, pero Pablo utiliza aquí una argumentación típicamente judía expandiendo su significado.
[4] Para una exegesis detallada (muy valiosa para nuestro estudio), véase Daniel Bosqued Ortiz, La Salvación de “todo Israel”. Estudio histórico, exegético y teológico de Romanos 11:26. Barcelona: Aula 7 Activa-Aeguae, 2015, 306-315.
[5] Véase los comentarios, en especial Cranfield, Romans, 2:563; Schreiner, Romans, 600.
[6] Una exegesis y comentario bastante al día del texto de Pablo lo leemos (y nos servimos) en el estudio de un teólogo del Líbano, Daniel Ayuch, “El pueblo de Dios según Romanos 9-11. Un acercamiento cristiano oriental a la identidad del olivo amado de Dios”, Revista Bíblica Arg. 2013 / 1-2, 5-16, aquí, 7-8.
[7] Además del AT, en la literatura Intertestamentaria puede verse en 2Mac 1,29; Jub 1,16; 1 Enoc 10,16; 26,1; 84,6; 93,10; T. Sim 6,2; 1 QS 8,5; 11,8; 1QH 14,15-17; 16,5-11. También en la literatura rabínica temprana, como en Men 53b; ExR 36,1. En el NT, en boca de Jesús se emplea la figura de un árbol para representar al pueblo de Israel (Lc 13,6-9; Mt 21,19-20).
[8] Seguimos la exegesis de Gaventa 2023,
[9] Gaventa 2023, 314.
[10] Khobnya, Svetlana.”‘The Root’ in Paul’s Olive Tree Metaphor (Romans 11:16–24).” TynBul 64 (2013):257–73.
[11] Tanto Israel como los gentiles participan de la elección por medio de la gracia (comparten la raíz).
[12] Sobre todo, Gaventa 2023, 315.
[13] O sea, “no seas arrogane”.
[14] Ayuch, 2013, 9-14.
[15] Cf. B. Byrne, Romans. Collegeville, MN, Liturgical Press - Michael Glazier, 1996, pp. 340-346.
[16] Léase sobre Esaú en Gn 25,19-27,45; sobre Acán en Jos 7,1ss y sobre el rey Manases en 2 Re 21,1-18.
[17] Cf. por ej. Gen 27,28.39; Is 5,1; 30,23. Fértil y fertilidad son también usadas en contextos de ganado y carne: Sal 63,5; Job 36,16; Ez 25,4.
[18] La reflexión lo debemos al trabajo de Daniel Ayuch, “El pueblo de Dios según Romanos 9-11. Un acercamiento cristiano oriental a la identidad del olivo amado de Dios”, Revista Bíblica Arg. 2013 / 1-2, 5-16, aquí, 14-15.
[19] Daniel Ayuch, “El pueblo de Dios según Romanos 9-11. Un acercamiento cristiano oriental a la identidad del olivo amado de Dios”, Revista Bíblica Arg. 2013 / 1-2, 5-16, aquí, 16.
[20] Véase, Moo, Romans.