Aptekmann, Marcelo
Entrada del blog por Aptekmann, Marcelo

Al Camino! Con esperanzas!
El Domingo 23 de Marzo en las Iglesias leerán un fragmento del Evangelio según San Lucas, que narra que Jesús les dice a Sus discípulos ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Lucas 13:2b-4). ¿Por qué elijo este fragmento del Evangelio para mi reflexión? Porque encuentro en ellos una ventana hacia el primer momento del Magisterio de Jesús, en el que se destaca una enseñanza netamente judía. Recordemos que está ante unos judíos que estaban allí y que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos (Lucas 13:1).
A pesar de Todo, incansablemente
¿Qué enseña Jesús a través de estos versículos? Los judíos Galileos -es decir: los oriundos de la región de Galilea- peregrinaban en aquel entonces hacia la ciudad de Jerusalem, para entregar a los funcionarios del Templo los animales y frutos de la tierra con los que los sacerdotes oficiantes hacían los sacrificios en nombre de los peregrinos. Que Poncio Pilato mezclase la sangre de tales peregrinos con la de los animales sacrificados significa que ¡Poncio Pilato asesinó a los peregrinos judíos de Galilea en el Templo de Jerusalem! ¿Qué otra cosa puede significar?
Aunque la tradición judía no recuerda esos asesinatos de algunos peregrinos Galileos en el Templo de Jerusalem –que el Evangelio menciona al pasar-, sin embargo lo recuerda a Poncio Pilato como un sanguinario y cruel asesino, que ordenó crucificar (y ejecutar de otras formas) a miles de judíos. En realidad, probablemente Pilato no cometió esos asesinatos personalmente, sino que Jesús se refiere a que ordenó a sus tropas que lo hicieran, del mismo modo que poco después tampoco crucificó a Jesús él personalmente, sino que ordenó a sus soldados que lo hicieran.
Es significativo que la tradición judía lo recuerde a Pilato como un sanguinario asesino, capaz de burlarse de lo sagrado, y capaz de ensañarse a sabiendas con inocentes:¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No. (Lucas 13:2b-3a). También es significativo que los discípulos no judíos del camino de Jesús, aquellos que optaron por distanciarse políticamente de los judíos y ponerse del lado de Roma, comenzaran a describir a ese mismo Pilato como un hombre justo, que hizo lo que pudo para salvar a Jesús de ¿la sed de sangre de Sus hermanos judíos?
Pero cuando leemos los Evangelios teniendo en cuenta el contexto histórico de los hechos que narran, y sin buscar en ellos justificaciones para aquella perimida consigna (imperialista romana) antijudía, resulta que Jesús mismo menciona los crímenes que cometió Pilato. También es significativo que Él no califique, ni juzgue ni condene a Pilato por haber cometido esos horribles crímenes. ¿Por qué los menciona como al pasar, como si fueran tan impersonales como un accidente (como el derrumbe de la torre de Siloé), sin decir que es Pilato quien debiera arrepentirse?
Que se arrepientan… ¿de qué?
¿Y por qué les dice a Sus interlocutores, judíos, víctimas de la opresión de las crucificadoras tropas romanas, que se arrepientan? Que se arrepientan ¿de qué? Vamos por partes: Que Él no se moleste en calificar los crímenes de Pilato es coherente con que -en principio- no vino para juzgar u opinar sobre lo que hicieran los Romanos, entre los cuales no buscaba discípulos. Su misión primordial, la que les encomendó a Sus apóstoles, no era por ese lado: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,(Mateo 10:5). Su Misión era ir…antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 10:6, Marcos 6:7-13, Lucas 9: 16) Su misión era para llegar primeramente en Judea y Galilea, a los descendientes de Israel dispersos por el mundo.
Por eso menciona los crímenes de Pilato como al pasar, sin calificar ni juzgarlo; y solamente invita a arrepentirse justamente a los mismos judíos que le están escuchando (Sus potenciales discípulos). Éste gran maestro y guía espiritual formado en la tradición judía, les recuerda a Sus interlocutores (y a nosotros) lo que todos deberíamos recordar, que: todos pereceréis igualmente. Y no se trata únicamente de que no estamos a salvo de la maldad del Poncio Pilato de turno. Tampoco estamos vacunados contra las desgracias, como aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató (Lucas 13:4a) que murieron, pese a no ser mas culpables que cualquiera de nosotros.
Creer que la buena salud es lo esperable y que el dolor y la enfermedad son castigos divinos por la desobediencia puede tener connotaciones dañosas. Incluso si no conectamos la enfermedad con los pecados individuales, la Biblia parece mostrar que el pecado (social) y la enfermedad (de los individuos) tienen una relación causal. Incluso si evitamos asociar la enfermedad con el pecado individual, el riesgo de tales interpretaciones es que podrían estigmatizar a las personas que ya sufren de mala salud al sugerir que de alguna manera lo merecen, aunque el libro de Job claramente muestre que algunas personas sufren sin ninguna causa por la que merezcan ser castigados de manera justa.
En principio, parecería que todos vamos a morir. Muchos caerán víctimas de la maldad humana (como los Galileos cuya sangre vertió Pilato en el Templo), otros sufrirán terribles accidentes (como los del derrumbe de la torre de Siloé) y además las enfermedades y la vejez acabarán con los demás. Pero eso no significa que todos y cada uno seamos culpables de alguna falta personal grave. ¿Por qué entonces enseña a Sus discípulos que se arrepientan? Es porque en realidad Su enseñanza NO es que todos moriremos. Su enseñanza es que si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Es decir que aquellos de Sus interlocutores que no se arrepientan, dolorosamente perderán sus vidas por cuestiones anecdóticas e intrascendentes.
Pero Jesús es un Maestro que le pone el cuerpo a Su palabra. Aceptará el martirio y los dolores de la cruz, pero no perecerá como los de la torre derrumbada en Siloé. Con un propósito trascendente, Él entregará la vida de Su cuerpo terrenal. Pero esto todavía no contesta ¿de qué? debían arrepentirse Sus discípulos. En un contexto judío la Palabra de Jesús no fue “arrepentirse” en el sentido de reconocerse culpable de alguna culpa, como por un delito. El arrepentimiento del que habla Jesús es lo que en idioma hebreo se dice Teshuvá. Es un cambio de dirección en la vida, para volver hacia El Camino, el que para cada ser es único. Implica apartarse de lo impuro y lo inapropiado, reconocer que uno se había equivocado y ayudar amorosamente a otros a no caer en el mismo error.
Ama a tu semejante como a ti mismo
Las ovejas perdidas de la casa de Israel son las que se alejaron de Su Camino, y Jesús vino para ayudarlas para que se animen a cambiar y a encontrar su Camino de retorno a lo mejor de sí mismas. Les enseñó que NO habían perdido mientras pudieran aprender de lo sucedido, y que para guiar sus nuevos pasos fundamentalmente tenían que amar a sus semejantes como a si mismos.
Una Teshuvá es lo que hizo el rico ciudadano Romano de cultura helenista Saulo cuando volvió a estudiar con los maestros fariseos y a vivir según las leyes de su pueblo. Volvió San Pablo hacia la verdadera vida en Dios cuando dejó de perseguir a los humildes discípulos judíos de Jesús, y empezó a llevar Su enseñanza a nuestros semejantes de otros pueblos, para construir todos juntos el reino de Dios aquí en la tierra.
Si todos hiciéramos Teshuvá, todos juntos, en unión y amor, ya mismo entraríamos en los tiempos mesiánicos, pero mientras unos esperan a otros, es fundamental que no perdamos la esperanza, aunque todavía no veamos los resultados. Tal vez por eso, a continuación, el Evangelio trae la parábola de la higuera que todavía no dio frutos, quizás para explicarnos que lo último que crece del árbol, es el fruto.
Buenos pasos en el camino de retorno hacia lo mejor de ti mismo.