5. Hermenéutica y teología: Romanos 9-11 y su interpretación

5.2. ¿De qué trata Romanos 9-11?

En otras palabras, ¿Por qué Pablo escribió los caps. 1-9 después de la sección caps. 1-8? La respuesta va a depender ciertamente, de la visión que uno tenga de los caps. 1-8 y de la epístola en su totalidad. Si la carta es considerada como un simple tratado acerca de la salvación individual de los pecados, esta sección de los caps. 9-11, se vería como un apéndice, con un argumento ajeno, el tema de los judíos. En antiguos tratados, esta rección de la carta ha sido estudiada como un tratado sobre la abstracta doctrina de predestinación, pero esta perspectiva ya no tiene casi seguidores hoy. C.H. Dodd, argumenta que la sección constituye una antigua homilía que Pablo lo tendría para casos de necesidad, y que lo haya insertado aquí sin relevancia con respecto al resto de la carta, que fácilmente podría seguir de 1-8 a 12 (cf. Dodd 1959, 161-163).  

Sin embargo, nuestra opción es considerar la sección de Romanos 9-11 como parte integral el resto del argumento de la carta, de manera que la posibilidad de interpretación queda abierta.[1] Algunos estudiosos han apuntado hacia la teología de “las dos alianzas” (s. XIX), en la cual la alianza con Dios, con Cristo y la iglesia, en ningún sentido reemplaza, simplemente es paralela, la alianza que continua con el Israel físico (Stendahl 1976, Gaston 1987). Otros, siguiendo la propuesta de F.C. Baur, opinan que Pablo está enfocado simplemente en el problema de la relación entre judíos y gentiles con la iglesia, específicamente la iglesia de Roma (Wedderburn 1988). Una opción más integrada es la que presenta E.P. Sanders: Pablo pensaría que los judíos deben convertirse al cristianismo para poder llegar a la salvación, pero, si él estuviera todavía vivo, él hubiera modificado la visión que apunta a las dos alianzas (Sanders 1978, véase 1983, 197s., 1991, cap. 11).

Por lo general, se sostiene que, en Romanos 11, Pablo predice una entrada a gran escala de los judíos en el Reino en cumplimiento de la promesa ancestral, después de que los gentiles hayan sido salvados. Por supuesto, existen numerosas variaciones de este tema. Sea cual sea la variación, esta visión básica es difícil que pueda articularse con Romanos 9-11, donde, siguiendo a Gálatas y Romanos 1-8, Pablo deja muy en claro que no hay membresía en la alianza y, por consiguiente, no hay salvación para aquellos que simplemente se apoyan en sus privilegios ancestrales los cuales son mencionados en Romanos 9,1-5).[2]

No se justifica asumir que la carta a los Romanos cap. 11, en su totalidad o en partes, fuera una predicción de una salvación a gran escala y de última hora de los judíos. Con eso, el argumento de encontrar una contradicción fundamental en Romanos 9-11 se desmorona. Considerando estos capítulos en su conjunto, Romanos 9-11 nos llevan a tu propio clímax las series de temas que Pablo ha venido desarrollando a lo largo de la epístola: la justicia de Dios (righteousness), manifestada en Jesús el Mesías (Cristo), no en la Torá (a pesar de que la Torá da testimonio de esta revelación), y el descubrimiento de la verdadera definición del pueblo de Dios dentro de las promesas paradójicas hechas a Abraham y su obra en el juicio y la misericordia, en la cruz y la resurrección.

Y estos temas, al alcanzar este clímax sostenido, dan como resultado un mensaje claro para la iglesia romana: aquí, y en ningún otro lugar, está la base de la misión de la iglesia, la misión en la que Pablo está comprometido y para la que ahora solicita su apoyo. Pablo podía ver que, en Roma, la tentación siempre sería que una iglesia cuyos miembros mayoritariamente provienen de los gentiles, minimizaran u olvidaran sus raíces judías. Pero si la iglesia presta atención a los argumentos del apóstol, tal posibilidad nunca se hará realidad. Ahora queda claro el camino para los capítulos 12-16, en los cuales Pablo aplica toda la teología de Romanos 1-11 a la iglesia misma. Aunque aquí no hay espacio para profundizar más, una lectura de estos capítulos nos hace ver que la atención se centra especialmente en la unidad y la misión de la iglesia, y esto queda muy claro en 14,1-15,13, posiblemente el último énfasis principal de la carta.[3]

Por lo general, se sostiene que, en Romanos 11, Pablo predice un ingreso a gran escala de los judíos en el Reino en cumplimiento de la promesa a los antepasados del pueblo elegido, después de que los gentiles hayan sido salvados. Por supuesto, existen numerosas variaciones de este tema. Sea cual sea la variación, esta visión básica siempre parece articularse muy mal con Romanos 9-11, donde, siguiendo a Gálatas y Romanos 1-8, Pablo deja muy en claro que no hay membresía en la alianza y, por consiguiente, no hay salvación para aquellos que simplemente se apoyan en sus privilegios ancestrales los cuales son mencionados en Romanos 9,1-5).[4]

Si Pablo rechaza la oportunidad de estatus de privilegio especial para los judíos en Romanos 9 y 10, ¿cómo logra, aparentemente, reinstaurar tal posición en el capítulo 11? Es una inconsistencia aparente que ha llevado a muchos a sugerir que la sección contiene una autocontradicción fundamental, que luego se explica ya sea como un consuelo de sentimiento patriótico (Dodd) o las vaguedades de una fantasía apocalíptica (Bultmann). Será nuestro reto estudiar cual es la perspectiva del pensamiento del Pablo en estos capítulos de la carta.

 



[1] Véase Wright, The Climax of the Covenant, pp. 232-251, espec. pp. 251-257.

[2] Wright, The Climax of the Covenant, 246.

[3] Wright, The Climax of the Covenant, 251.

[4] Wright, The Climax of the Covenant, 246.