1. Introducción

Hemos visto que Rom 9,4-5, no se trata de un argumento abstracto sobre los atributos divinos. El pasaje está repleto de voces de las Escrituras que hablan concretamente sobre la familiaridad de Dios con Israel. Ya en el v. 12 se pronuncia una palabra divina a Rebeca. Ahora Dios le habla a Moisés, las Escrituras le hablan al faraón, la voz de Dios se escucha en Oseas, Isaías clama por Israel. En todas estas voces, así como en el uso de la conocida imagen bíblica del alfarero y el barro, Pablo escucha la libertad de Dios para crear, moldear, endurecer y rescatar a su pueblo.

9,14–29 La peculiar misericordia de Dios «A Jacob amé, pero a Esaú aborrecí». La crudeza de la formulación impulsa a Pablo a plantear una pregunta sobre la injusticia (o maldad) de Dios, que se responde en términos de la misericordia y la libertad de Dios. Pablo continúa repasando la historia de Israel, esta vez en las personas de Moisés y especialmente del faraón, antes de pasar abruptamente en el v. 24 al tiempo presente («nosotros»).

A la pregunta inicial y la respuesta sobre la justicia de Dios (vv. 14-18) le sigue una pregunta sobre la posibilidad de la resistencia humana (vv. 19-21), que da lugar a una fuerte defensa del propósito de Dios (vv. 22-23), tanto en el caso de «nosotros» (judíos y gentiles que han sido llamados, vv. 24-26) y en el caso de Israel en su conjunto (vv. 27-29).