Noviembre
Domingo 6 - 32° durante el año
Domingo 6
32º domingo durante el año. Verde.
Gloria. Credo. 4ª semana para el Salterio. (Beato Luis Tezza, presbítero).
Antífona de entrada Sal 87, 3
Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor; inclina tu oído a mi clamor.
Oración colecta
Dios todopoderoso y rico en misericordia, aleja de nosotros todos los males, para que, sin impedimentos en el alma y en el cuerpo, cumplamos tu voluntad con libertad de espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.
1ª Lectura 2 Mac 6, 1; 7, 1-2. 9-14
Lectura del segundo libro de los Macabeos.
El rey Antíoco envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios. Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: “¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres”. Una vez que el primero murió, llevaron al suplicio al segundo. Y cuando estaba por dar su último suspiro dijo: “Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes”. Después de éste fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: “Yo he recibido estos miembros como un don del cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él”. El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos. Una vez que murió éste, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: “Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida”.
Palabra de Dios.
Comentario
En el siglo II a.C. el gobernador griego Antíoco IV Epífanes, que ocupaba Judea, prohibió la práctica de la fe judía. Muchos hombres y mujeres, como estos hermanos que describe el texto, murieron mártires por no renegar de su fe. En su martirio los sostiene una convicción: la esperanza de la resurrección. El mismo Dios que nos creó y nos puso en el mundo, nos hará revivir para estar con él.
Salmo Sal 16, 1. 5-6. 8b. 15
R. ¡Señor, al despertar, me saciaré de tu presencia!
Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R.
Mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. R.
Escóndeme a la sombra de tus alas. Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar me saciaré de tu presencia. R.
2ª Lectura 2 Tes 2, 16—3, 5
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica.
Hermanos: Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena. Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes. Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe. Pero el Señor es fiel: él los fortalecerá y los preservará del Maligno. Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones. Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo.
Palabra de Dios.
Comentario
Como recomienda esta carta, oremos para que la Palabra de Dios se propague. Hoy hay mucha gente sin esperanza y que no encuentra un sentido a su vida. La Palabra de Dios llega a los corazones con el consuelo y el amor. Oremos por todos los que difunden la Palabra de Dios, y seamos también nosotros transmisores de la Buena Noticia.
Aleluya Apoc 1, 5a. 6b
Aleluya. Jesucristo es el primero que resucitó de entre los muertos. ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Aleluya.
Evangelio Lc 20, 27-38
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Se acercaron a Jesús algunos saduceos que niegan la resurrección y le dijeron: “Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y luego, el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos ¿de quién será esposa ya que los siete la tuvieron por mujer?”. Jesús les respondió: “En este mundo, los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casan. Ya no pueden morir porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, “el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él”.
Palabra del Señor.
Comentario
Nos espera otro estado de vida. Cuerpos resucitados y gloriosos, viviremos la vida que Cristo tiene. Dios se ha manifestado como el Dios de la vida a lo largo de toda la historia de la humanidad: como soplo vital en la creación, con su presencia en medio de su pueblo, y, como punto culminante y garantía de lo que nos promete, al resucitar a Jesucristo. Nuestro Dios es un Dios de vida, y la mejor forma de honrarlo es viviendo como resucitados.
Oración sobre las ofrendas
Mira con bondad este sacrificio, Señor, y concédenos alcanzar los frutos de la pasión de tu Hijo, que ahora celebramos sacramentalmente. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Antífona de comunión Sal 22, 1-2
El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, y me conduce a las aguas tranquilas.
O bien: Lc 24, 35
Los discípulos reconocieron al Señor Jesús al partir el pan.
Oración después de la comunión
Te damos gracias, Padre, por la eucaristía que nos ha alimentado; imploramos tu misericordia para que, por el Espíritu Santo, quienes recibimos la fuerza de lo alto perseveremos fielmente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
----------------------------