Tema 5. LA INCREDULIDAD DE ISRAEL: 9,30-10,4
La incredulidad de Israel respecto al evangelio da como resultado su fracaso para obtener la justicia que viene de la fe. La razón del fracaso de Israel se explica en el pasaje de 9,30–10,21. El tema a desarrollar corresponde a los versículos de 9,30–10,4, según el siguiente esquema:
Introducción: continuación de Romanos 9,19-29
Sentido original del texto
Israel y su incredulidad frente al evangelio (9,30–10,4)
Pablo plantea la pregunta: ¿por qué Israel y los gentiles se encuentran en una situación inversa con respecto a lo esperado?
1. La ineficaz búsqueda de Israel (9,30–33)
2. La falta de conocimiento de Israel (10,1–4)
3. Porque el fin de la ley es Cristo (10,4)
3. La falta de conocimiento de Israel (10,1–4)
Como lo hizo ya en 9,1–2, Pablo deja claro lo mal que se siente por el hecho de que Israel no abrazó la salvación que Dios ofrece en Jesús (10,1). El v. 2 explica por qué Pablo continúa orando por la salvación de Israel: ellos tienen celo por Dios, pero les falta conocimiento.
La idea de «celo» por el Señor encuentra un excepcional ejemplo del AT en Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que mató a un israelita Zimrí y era hijo de Salúy y a su amante pagana por desafiar ostentosamente las leyes de Dios (Num 25). Sin embargo, el celo se convirtió en una virtud especialmente sobresaliente e importante durante el periodo inter-testamentario, cuando la existencia misma de Israel se vio amenazada por la persecución.
Rom 10,1-4
10,1 Hermanos, anhelo de todo corazón, y así se lo pido a Dios en la oración, que mis compatriotas se salven. 2 Puedo testificar en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento (Gal 1,14; Flp 3,6-9). 3 Pues, desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios (1,17). 4 Porque el fin de la ley es Cristo, de modo que todo el que crea sea justificado. (Gal 3,24; 3,22; 7,1-4). 5 En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: quien la cumple vivirá por ella.
Una vez más, la angustia de Pablo se hace evidente, subrayando sus comentarios iniciales en 9,1–5. La introducción «hermanos y hermanas» (adelphoi, literalmente «hermanos») coloca a Pablo junto al auditorio (como en, por ejemplo, 7,1; 8,12; 11,25; 12,1), mientras él desentraña los comentarios elípticos (tácitos) de los versos anteriores. Israel tiene “celo” por Dios. No se expresa duda alguna sobre la sinceridad del celo de Israel, así como 9,31 insiste en que Israel ha estado persiguiendo la ley de la justicia. Aunque la palabra zēlos puede referirse negativamente a un celo partidista excesivo (13,13; 1 Cor 3,3), Pablo también la utiliza de manera positiva para el celo por el bien (2Cor 7,11; 9,2; 11,2).
El problema no es el celo en sí, sino el celo que es “sin reconocimiento”, un celo que es desinformado o engañado. El mismo sustantivo aparece en Rom 1,28 cuando Pablo caracteriza la negativa humana a reconocer a Dios como Dios (y véase 3,20). Como 10,3 explica este celo defectuoso, se desprende que el problema no es que Israel se niegue a reconocer a Dios (como en 1,28 respecto a los gentiles), sino que buscan establecer su propia justicia en lugar de someterse a la de Dios. Que “justicia” sea el término clave aquí se hace evidente en la repetición:
- Ellos no conocen la justicia de Dios.
- En cambio, buscan establecer su propia justicia.
- No se someten a la justicia de Dios.
- El fin de la ley es Cristo, quien trae la justicia a todos los que creen.