Domingo 10 de julio 2022

> Primer paso

 Contemplamos nuestra vida

Nos ponemos en Su Presencia, confiando en nuestro Dios Padre y Madre que nos ilumina como el sol, la luna y las estrellas, confiando en la presencia del Espíritu que es como el aire que respiramos y confiando en Jesús vivo entre nosotros como el latido de nuestro corazón.

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Como siempre le pedimos a la poesía y a la música que vayan despertando y templando nuestro corazón,  esta vez con la canción: “levantate y canta” de Hector Negro y Cesar Isella. 

Si algún golpe de suerte, a contrapelo
a contrasol, a contraluz, a contravida.
Te torna pájaro que quiebra el vuelo
Y te revuelca con el ala herida.

Y hay tanto viento para andar las ramas
Tanto celeste para echarse encima.
Y pese a todo, vuelve la mañana
Y está el amor que su milagro arrima. 

Por qué caerse y entregar las alas
Por qué rendirse y manotear las ruinas
Si es el dolor, al fin, quien nos iguala
Y la esperanza, quien nos ilumina.

Si allí un golpe de suerte, a contrapelo
a contrasol, a contraluz, a contravida,
abrí los ojos y tragate el cielo
Sentite fuerte y empujá hacia arriba.
 

Los invitamos a repetir alguna frase que nos toca más en este momento. Buscamos que siga resonando esta canción y así nos siga templando el corazón.

Tiempo personal:

  • El poeta va describiendo esos “golpes de la vida” con esos cuatro “a contra”: “Si algún golpe de suerte, a contrapelo, a contrasol, a contraluz, a contravida”. El poeta puede expresar con claridad esa experiencia de ser “pájaro que quiebra el vuelo” y que nos revolcamos “con el ala herida”.
  • Muchas veces nos sentimos así. Ya sea a nivel de relaciones familiares , de comunidad, con l@s amig@s, etc, A nivel de proyectos laborales o desencantos a nivel social-político, etc.
  • Te invitamos a visitar algunas experiencias de “golpes de la vida”… donde has estado con “el ala herida”. Elegí alguna de esas experiencias. Cuando la tengas te invitamos a preguntarte.
    • ¿Qué pasó?
    • ¿Alguien te ayudó, te dio una mano?; ¿Con qué actitudes fue o fueron a tu encuentro?
    • Si la miras a distancia esa experiencia: ¿Qué aprendiste?
  • Si te parece, lo podes escribir.
  • Te proponemos compartirlo. Si estas sol@, lo podes hacer después. 

Reflexión:

  • Si hay experiencias que son comunes a todos los seres humanos, son estos “golpes de la vida”… estos “a contrapelo, a contrasol, a contraluz, a contravida”. Tan bien descrito por el poeta, ese andar con el ala herida”. Sin embargo muchas veces hemos experimentado que pese a todo, vuelve la mañana. Y esta el amor que su milagro arrima”.
  • Es muy probable que en esos momentos, conocid@s y desconocid@s... empatizaron con tu dolor, se con-movieron con tu herida, tuvieron “compasión” y te dieron una mano. A veces asociamos a la palabra “compasión” con tener “lástima”, colocándonos en una relación “asimétrica con el otro”, yo soy el que tengo la fuerza-solución y el otro sólo recibe. No es lo que quiere decir esta palabra tan profunda.
  • Aquí les ofrecemos esta parte de una reflexión que hace nuestra amiga, Ana María Diaz sobre la compasión. Ella nos dice:

“La compasión conforma una de las  experiencias centrales en el proceso de  hominización y hace que descubramos a la humanidad como una familia.

“Hace años, un estudiante le preguntó a la antropóloga Margaret Mead cuál consideraba ella que era el primer signo de civilización en una cultura. El estudiante esperaba que Mead hablara de anzuelos, ollas de barro o piedras de moler. Pero no, Mead, dijo que el primer signo de civilización en una cultura antigua era un fémur que se había roto y luego sanado. Mead explicó que, en el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No puedes huir del peligro, ir al río a beber, o buscar comida. Eres carne de bestias que merodean. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso sane.

Un fémur roto que se ha curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con el que se cayó, ha vendado la herida, le ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. Mead dijo que ayudar a otro en dificultades es el punto donde comienza la civilización”.

Nuestro proceso de hominización ha tomado un largo tiempo, pero cada generación vuelve a ser llamada a dar cuenta de la profundidad de su humanidad. Este es nuestro momento, aún estamos a tiempo de soldar las fracturas de nuestro corazón, esas que nos hacen volcar la libido sobre nosotros mismos, para retomar el camino de la compasión y acompañar a otros a soldar su fémur, a fin de decir algo, transmitir un significado y expresar quiénes somos”.

  • La compasión nos humaniza, nos hace descubrirnos del mismo barro y Aliento de Dios. El no generar asimetrías, nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos y también nos hace estar abiertos para recibir.
  • Contemplemos al Maestro, que sabe “vivir con pasión”, es decir: “apasionándose con los otros” y también “padece” con los otros”, para que haya vida, pero vida en abundancia. Much@s nos habrán dicho y Jesús a través de ell@s: “Por qué caerse y entregar las alas. Por qué rendirse y manotear las ruinas. Si es el dolor, al fin, quien nos iguala, y la esperanza, quien nos ilumina. Si hay un golpe de suerte, a contrapelo, a contrasol, a contraluz, a contravida. Abrí los ojos y tragate el cielo. Sentite fuerte y empujá hacia arriba”.
  • Esta reflexión, ¿Qué me provoca?, ¿Qué me hace sentipensar?

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