Julio
Requisitos de finalización
Domingo 17: “Saber detenerse en cada encuentro”
> Primer paso (17/7)
Contemplamos nuestra vida
Nos ponemos en Su Presencia, confiando en nuestro Dios Padre y Madre que nos ilumina como el sol, la luna y las estrellas, confiando en la presencia del Espíritu que es como el aire que respiramos y confiando en Jesus vivo entre nosotros como el latido de nuestro corazón.
“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Como siempre le pedimos a la poesía y a la música que vayan despertando y templando nuestro corazón, esta vez con la canción: “Decime sino vale la pena” de Carlos Saracini cp.
DECIME SINO VALE LA PENA
Carlos Saracini
Mirar a los ojos, dar un buen abrazo.
Correr con los niños. Sentir que te extraño.
Llorar los vacíos. Gozar con el viento.
Saber que te quiero. Y empezar de nuevo.
Poder perdonarte. Sanar tus heridas.
Caer en la cuenta de cuánto te habita.
Dejar que el dolor, te de sus secretos
así tus anuncios serán verdaderos.
Estar con Jesús, ponerse en Sus manos.
dejar que su aliento, inspire tus pasos.
Saber detenerte en cada encuentro
y ver qué resuena ahí bien adentro.
Soñar que es posible, ensayar el Reino.
porque Dios conoce, tu barro y tu aliento.
Hay que transpirar, también contemplar,
pero sobre todo atreverse a gozar.
Saber cosechar la vida que esta.
Aprender a cuidar nuestra fragilidad.
Saber inclinarte frente al hermano,
y dar lo mejor que se te ha confiado.
Los invitamos a repetir alguna frase que nos toca más en este momento. Buscamos que siga resonando esta canción y así nos siga templando el corazón.
Tiempo personal:
- Recien cantamos: “Saber detenerte en cada encuentro y ver qué resuena ahí bien adentro”. A veces dándonos o sin darnos cuenta nos podemos “detener” y logramos que esa experiencia nos nutra.
- Te invitamos a recordar algunas de esas experiencias, simples, cotidianas donde pudiste “detenerte”: ¿Qué te regaló esa experiencia?
- …
- Ahora que lo recuerdo y lo contemplo…
- ¿Qué me ayudó a detenerme?
- Si te parece, lo podes escribir.
- Te proponemos compartirlo. Si estas sol@, lo podes hacer después.
Reflexión:
- Todos sabemos que no es fácil “detenernos”, porque la vida, las obligaciones que asumimos están ahí reclamándonos constantemente. Hay un ritmo “externo” que nos “empuja”, las horas pasan, los compromisos hay que cumplirlos, “la vida nos empuja y siempre pide más”. También hay un ritmo “interno” que tiene que ver con nuestra manera de vivir las cosas, nuestras ansiedades, nuestras paciencias e intolerancias, etc. Es muy probable que a lo largo de los años hayamos logrado cierta templanza entre los tiempos “externos” e “internos”, sin embargo hay un estilo personal que nos acompaña.
- “Saber detenerse en cada encuentro y ver qué resuena, ahí bien adentro”, es un hermoso desafío, porque nos invita a ir saboreando la vida, para ir ganando en sabiduría. Sería lo contrario de “tragarnos la vida”. Si ahora mismo, mientras estoy leyendo o escuchando esta reflexión me detengo y respiro hondo… vamos a experimentar que nuestros pulmones se ensanchan y nuestro cuerpo se expande. Nos llenamos conscientemente de vitalidad. Aprender a vivir el “aquí y ahora” es todo un desafío; como recién cantamos: “Mirar a los ojos, dar un buen abrazo. Correr con los niños. Sentir que te extraño. Llorar los vacíos. Gozar con el viento. Saber que te quiero. Y empezar de nuevo”.
- Pasamos por lugares de nuestra casa o de nuestro alrededor miles de veces y… capaz si nos “detenemos” podemos descubrir detalles u otras dimensiones que estaban ahí latentes, esperando que las pudiéramos “saborear”. Con sabor “dulce” y con sabor “amargo”, como recién cantamos:“Poder perdonarte. Sanar tus heridas. Caer en la cuenta de cuánto te habita. Dejar que el dolor, te de sus secretos y así tus anuncios serán verdaderos”.
- Claro que necesitamos del otro polo. Necesitamos de la acción, necesitamos palpar que transformamos nuestra realidad. El solo hecho de levantarnos, higienizarnos, vestirnos, arreglar nuestra casa y disponernos a trabajar es un movimiento que nos hace sentir que estamos vivos. Desde lo más simple como hacernos un desayuno hasta realizar la tarea que me corresponde con pasión y responsabilidad, dejar ahí nuestra “huella” nos humaniza, nos ayuda a comprender que somos “arte y parte de lo nuevo”. Aquello de “Saber cosechar la vida que esta. Aprender a cuidar nuestra fragilidad. Saber inclinarte frente al hermano, y dar lo mejor que se te ha confiado”.
- Después de contemplar nuestra experiencia vamos a escuchar la sabiduría de Jesús que nos invita a “Soñar que es posible, ensayar el Reino. Porque Dios conoce, tu barro y aliento. Hay que transpirar, también contemplar, pero sobre todo atreverse a gozar”.
- Esta reflexión, ¿Qué me provoca?, ¿Qué me hace sentipensar?